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De gaitas y de castañuelas

De gaitas y de castañuelas

Oído a un votante de Rosa Diez: “Para lo único que iba bien en España, que es el deporte, va Zapatero y lo fastidia". Así dijo el susodicho tras escuchar los cambios que Rodríguez Zapatero ha introducido en su Gobierno. Se refería, claro, a esa iniciativa presidencial de colocar bajo su tutela directa al Consejo Superior de Deportes, Secretaría de Estado incluida, con la vista puesta en la candidatura madrileña para los Juegos Olímpicos de 2016.

Baja valoración la de este votante, cierto, pero es que los grandes comentaristas tampoco se ponen de acuerdo sobre un nuevo Gobierno al que unos califican de “desguace” y otros, por el contrario, tildan de grandioso y oportuno. Un término medio, sin embargo, asegura sin calificativos que para este viaje no se necesitaban tantas alforjas.

Zapatero ha hecho un Gobierno político para un nuevo marco electoral. Y punto. Un Gobierno en el que ha mirado más al interior de su propio partido –ahí está la cúpula socialista gallego-andaluza mandando más que nunca- que a profesionales de reconocido prestigio. Un ejecutivo que, antes que afrontar los retos en los que nos ha sumergido la crisis, va dirigido a vender gestión –publicitariamente hablando- de cara, más que a los comicios europeos, a los próximas autonómicas y municipales como trampolín de las generales de 2012.

Ésa es la tarea de Manuel Chaves –olvida Zapatero que fue a Chaves, como ministro de Trabajo y Seguridad Social, a quien los sindicatos le hicieron la primera huelga general-general-general a un Gobierno socialista- y de Pepiño Blanco. Castañuelas y gaitas juntas –éstas últimas, en dueto con Elena Salgado, gallega de Ourense aunque ‘cunera’ por Cantabria- para, por un lado, cerrar la ‘rebelión territorial’ y dejar contentos a todos los barones y baronías de uno y de otro color y, por otro, para vender bien vendido -y no sólo con grandes cartelones- que las obras públicas las hace el Estado gastando un pastón y medio para mejorar la vida de todos los ciudadanos: Maleni Álvarez, además de muchas otras cosas mal hechas, no supor vender gestión.

Son los pilares político-cosméticos del nuevo gobierno, junto a otros de pago, en unos casos, por el debido uso del dedo índice –el signo de la ceja da para mucho-, y de reconocimiento, en otros, por haber formalizado en su lar la victoria zapaterista del año 2000. Así se escribe la historia, no hay que buscarle más vueltas.

Otra cosa distinta es el cambio en la Vicepresidencia segunda y Ministerio de Economía y Hacienda, que tiene muchas lecturas y precisa de una mayor reflexión. Cargarse a Pedro Solbes no era ya un rumor, sino una necesidad. El cansancio de Solbes era demasiado evidente; ergo, era verdad. Y había que buscar un recambio, sangre fresca para un nuevo impulso económico. Hasta ahí, correcto. Pero, ¿por qué Elena Salgado?

Dicen de esta gallega que está sobradamente preparada, que lleva en la rex pública más años que el ‘Canalillo de Isabel II’, que tiene un currículo excelente, que ha lidiado con el toro funcionarial –que no es poco, pero donde la odian, por cierto- y le echan unos cuantos piropos más. Pero, la pregunta se mantiene: ¿Es la persona idónea para el cargo, más allá de una poderosísima ambición personal? Puede que hallemos una clave en el sustantivo "sumisión". En poco tiempo lo veremos.

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