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Lecciones de batalla

Lecciones de batalla

En El Alto, en los barrios populares de las grandes ciudades como Santa Cruz, Cochabamba, Tarija, y de varias ciudades intermedias como Achacachi, Viacha, Caranavi, Riberalta y otras, el enemigo principal es la falta de oportunidades económicas traducidas como falta de empleos dignos y ausencia de posibilidades de emprendimientos. Para enfrentarlo tenemos ya ejemplos de lo que debemos hacer y de lo que no debemos hacer, es decir experiencias exitosas, mas o menos exitosas y fallidas, y –claro- tenemos de ello varias enseñanzas para todos los que estamos comprometidos en la lucha contra nuestro enemigo principal.

Recordemos que en el país la micro y pequeña empresa da trabajo a 8 de cada 10 bolivianos ocupados pero aporta solo con un cuarto de la riqueza que se genera, mientras que la mediana y gran empresa da ocupación solo a 1 de 10 personas pero genera casi 2 tercios de la riqueza nacional.

A tono con ello, en El Alto, en la pequeña y micro empresa, una gran cantidad produce con tecnología simple pero utiliza una gran cantidad de trabajadores, aunque no siempre favoreciendo a la calidad de lo producido. Hay casos de pequeñas empresas que no producen todo el año, sino que producen por temporadas, y con productos que varían en su calidad, tamaño y precio. Por ello, el número de trabajadores puede aumentar o reducirse, dependiendo de la temporada. En las pequeñas y micro empresas alteñas, 4 de 10 de ellas producen prendas de vestir, 2 de 10 producen muebles y accesorios de madera y metal, 2 de 10 producen tejidos de punto, 1 de 10 produce puertas y ventanas en metalmecánica y 1 produce alimentos y bebidas. En esta última categoría, hay un gran potencial especial aun no aprovechado y que se relaciona con El Alto tiene condiciones para recibir productos agrícolas y transformarlos para producir alimentos de calidad para el mercado interno y para exportar. No en vano, El Alto es la principal ciudad exportadora del occidente del país, pues liberados de algunas trabas de su comunidad rural y ante la ausencia de grandes inversiones industriales, sus ciudadanos organizan su propio emprendimiento para vivir y sostener a su familia.

Pero se repite lamentablemente lo del país, es decir que aunque las grandes empresas son pocas, generan una gran parte de la manufactura local, y las pequeñas y micro empresas aunque no producen la cantidad de productos de las grandes empresas, si generan muchos empleos, dan trabajo a familias integras y también a asalariados, subcontratando a comerciantes al detalle, comerciantes en tiendas e incluso personas que llevan los productos a las otras ciudades del interior del país.

Pero los alteños conocemos que esta dinámica económica se ha construido hace varios años ya y no ha merecido la atención del Estado. Algunas instituciones privadas y ONGs han dado importantes pasos en el apoyo y promoción de los pequeños y microemprendimientos. Pero no es suficiente, dado el tamaño de la necesidad en El Alto y otras ciudades de provincia y grandes ciudades del país. Es importante tener a futuro una gestión de gobierno que sea eficiente, se preocupe de esta batalla y ayude a iniciar a muchos ciudadanos en sus emprendimientos y apoye a aquellos que se han iniciado y tienen buenas posibilidades de seguir adelante.

Dotar de mejores condiciones a las micro y pequeñas empresas con un claro compromiso estatal que no existe hoy día, debe permitirnos mirar que a la par del respeto al Estado de derecho y la democracia, el horizonte de necesidad del pueblo boliviano está en la economía.

Carlos Hugo Laruta
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