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OPINION

Ni está, ni se le espera
(Foto: Diariocrítico de Castilla-La Mancha)

Ni está, ni se le espera

Ismael Álvarez de Toledo. Periodista y escritor

lunes 08 de junio de 2015, 09:41h
Con esta famosa frase que ha quedado para la historia, de una crucial conversación telefónica entre el general Sabino Fernández Campos; secretario general de la Casa del Rey, y el general José Juste; general jefe de la División Acorazada Brunete, con motivo de los acontecimientos del 23-F, doy comienzo a este artículo de opinión, en la noche siguiente a la celebración del Día de las Fuerzas Armadas.

Y traigo a colación esta frase, porque ha sido protagonista, nuevamente, con motivo de una celebración militar, ya que en la austera parada del seis de junio se han echado en falta las tropas de élite de nuestro ejército; la Legión, por ejemplo, pero también civiles con un importante relieve en lo concerniente a la mas alta representación del pueblo español; es decir, nuestro presidente del gobierno.

Ya sabemos que Mariano Rajoy no es proclive a los actos castrenses, es más, conocemos por su famosa metedura de pata a micrófono abierto, que los desfiles “son un coñazo”, pero para muchos españoles el propio Mariano Rajoy es un coñazo y lo tenemos que aguantar, porque representa a nuestro país allá por donde vaya.

Considero, por tanto, que independientemente del protocolo, de las muchas necesidades que pueda tener España en este momento, es un deber ineludible de quien ostenta la mayor representación del pueblo español, acudir a un acto de homenaje a nuestras Fuerzas Armadas, no ya a un desfile, no es eso, no hay que tomar las cosas por el lado fácil, sino que de lo que se trata, es del respaldo de los españoles, a través de la figura de su presidente, en un homenaje a los hombres y mujeres que se juegan la vida por nosotros lejos de nuestras fronteras, y sobre todo de los que la han perdido por el camino.
En todos los corrillos que formaba el público, en la línea del desfile, se hablaba de lo mismo, del no está ni se le espera de Mariano Rajoy, pero no sólo de él, sino de todo el gobierno en pleno, a excepción de los ministros con responsabilidad en Defensa e Interior, en lo que parece ser la tónica dominante del Partido Popular en los últimos meses, y sobre todo, desde el descalabro electoral del pasado 24 de mayo.
El PP parece tener tan asumido el descontento de los españoles con su forma de gobernar, que ya no dan la cara en ninguna parte, todo lo hacen a través de mensajeros de poco peso y de los clásicos correveidiles de turno.
Pero no es solo Mariano Rajoy el que se esconde de los abucheos, de los improperios, incluso del insulto -algo que nunca hizo ZP- sino que tras los escándalos que han salpicado de nuevo al Partido Popular de Madrid, ha desaparecido de la escena la otrora Dama de Hierro, Esperanza Aguirre. Y es que el varapalo sufrido en la lucha por la alcaldía de Madrid, y las últimas declaraciones realizadas por Aguirre, atacando con saña al contrincante y proponiendo pactos contranatura, más propias de quien ha perdido el sentido de la decencia y de la responsabilidad, que de alguien llamado a gobernar a los madrileños, ha supuesto para la condesa consorte; como la llaman algunos, desaparecer de las páginas de la prensa.

A los políticos del PP no se les espera ya en casi ninguna parte, salvo contadas excepciones. La trágica gestión social que han desarrollado en los últimos años no compensa el ajuste en la parte económica. La falta de escrúpulos a la hora de decantarse entre personas y bancos, les han situado en el panorama actual, en la diana de todos los españoles que han padecido recortes en sanidad, en cultura, en prestaciones básicas, en vivienda, en empleo.... Frente a todo ello, no aportan valentía, no salen a la calle a explicar cómo y por qué se ha llegado a esta situación, no están donde tienen que estar, ni se les espera donde se les llama.
Da la impresión de que las elecciones de mayo han sido mucho más que unas primarias, que el esfuerzo por mantener el gobierno de España ante las Elecciones Generales del próximo noviembre va a ser mínimo, que la victoria en cualquier caso, se les antoja pírrica.

La afrenta, a mi juicio, del gobierno español para con sus Fuerzas Armadas, para con todos aquellos, civiles y militares, que han sacrificado su vida por España, que con sus actos han abortado situaciones de riesgo para la ciudadanía, no se arregla con disculpas, diplomacia, agenda, o protocolo, entre otras cosas, porque las víctimas y sus familiares no entienden de esas cuestiones intrínsecas de los políticos.

Igualmente, la afrenta con que tratan a sus bases, a sus afines, y a todos aquellos, que en algún momento han sentido los colores del Partido Popular, hacen buena la frase con que doy título a este artículo de opinión, ni están, ni se les espera.

Ismael Álvarez de Toledo
periodista y escritor
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