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Preparados, listos... ¡ya!

martes 13 de octubre de 2015, 09:57h
Sirva el termino empleado en las competiciones deportivas, para acompañar este artículo de opinión e ilustrar la maratoniana campaña electoral que ahora comienza. Pues parece que todos los contendientes políticos, y sus huestes, han elegido la celebración del día de la Fiesta Nacional para tomar posiciones en la carrera que llevará a alguno de ellos a la Moncloa a partir del próximo 20 de diciembre.
Prácticamente todos los postulantes, han querido estar presentes en tan importante acontecimiento, a fin de no herir ninguna sensibilidad, y dejarse querer por los medios de comunicación. Y es que cualquier líder político, sea del signo que sea, no puede ni debe dejar pasar la oportunidad de proclamarse defensor de nuestros principios, de nuestras costumbres y de nuestra historia, aunque cada uno, en su fuero interno lo interprete como le venga en gana.
Pasada la euforia independentista de unos tres millones y medio de catalanes, hindúes, paquistaníes y magrebíes, entre otras razas minoritarias, que habitan en Cataluña, y que no saben lo que votan, ni qué es el independentismo, ni siquiera lo que es España, toca contentar al resto de españoles, que no por estar callados, sufriendo la crisis económica y padeciendo la desidia de este gobierno, son menos importantes.
Ahora toca la carrera por España. Toca una maratoniana labor de imagen para el Partido Popular, una carrera de obstáculos en el Partido Socialista, y una auténtica Spartan Race para la formación de Ciudadanos, que lidera Albert Rivera, quien tendrá que sortear toda serie de pruebas para llegar primero al arco Finish.
El Pp, con p minúscula, por lo impopular que se ha convertido para una gran parte de españoles, merced a su política de recortes y a los innumerables casos de corrupción, asiste al desconcierto de las encuestas que fijan en cerca de un 30% los votantes de su partido que se han desplazado hacia otras formaciones, principalmente a Ciudadanos. El Partido Popular inicia esta carrera por la calle del miedo, la calle más próxima a la advertencia de conmigo o contra mi, de nos votas o se hunde todo, con un Mariano Rajoy enardecido por sus últimas apariciones públicas, donde ha descubierto su lado más humano; la gente que le pide selfies, y no pasa nada, donde es capaz de andar por Castilla-La Mancha sin Cospedal y sus palmeros, y tampoco pasa nada, lo que le está dando un subidón de adrenalina importante para llegar a meta en buenas condiciones.
Por su parte el Partido Socialista, con Pedro Sánchez a la cabeza, compite en una carrera de obstáculos, dentro y fuera de su partido, una prueba en la que sus correligionarios no se lo van a poner nada fácil, con numerosos casos abiertos por corrupción, al igual que el PP, y con unas ideas sobre la Constitución en las que ni el mismo parece aclararse en lo que se refiere al concepto de unidad nacional.
Sánchez parece ir a remolque de los errores que cometen sus contrincantes, sobretodo los del PP, y compite sin una estrategia clara para alcanzar el triunfo, lo que genera desconfianza en su público y da alas a los que le vienen a la zaga.
Al contrario que los anteriores, Albert Rivera cuenta con su juventud, con buena forma atlética, con las ideas muy claras y un pensamiento inequívoco; alcanzar la meta, consciente de que si no puede situarse en lo alto del podio en esta su primera carrera de fondo, al menos obtendrá seguidores y patrocinadores que le permitan ser clave en todas las carreras que se celebren en España, a partir de ahora. Rivera es la esperanza del cambio, el cambio del cambio, y el resumen de todos los eslóganes utilizados anteriormente por otros partidos políticos. Rivera centra sus energías en llegar a meta sin corruptos, sin deberle nada a nadie, sin vincularse a ningún caso punible, algo que los ciudadanos van a exigir, ahora y en el futuro, a todo aquel se se presente como adalid del buen gobierno.
Estos son, a mi juicio, los tres contendientes en que se van a depositar nuestras esperanzas de un cambio definitivo en la forma de hacer política en España. No valen populismos trasnochados, ni ladrones de guante blanco, ni engañabobos en la España del siglo XXI. Los españoles necesitamos volver a creer en la política decente, si es que eso es posible, pero de momento cada cual que anime a su equipo. Preparados, listos... ¡ya!
Ismael Álvarez de Toledo
periodista y escritor
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