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Combinaciones para todos los gustos en el PP

Resulta increíble que, a estas alturas, aún nos mantengamos, y nos mantengan, en la ignorancia acerca de lo que va a ocurrir, quizá esta misma tarde, en el Partido Popular, una formación con 10 millones de votos a sus espaldas, setecientos mil militantes y centenares de sedes repartidas por todo el territorio nacional. El terremoto está servido, para bien o para mal; lo que ocurre es que nadie parece saber el alcance de este terremoto. Los rumores más variopintos han circulado en las últimas horas acerca de a quién afectaría una ‘remodelación’, ‘renovación’, ‘reestructuración’ o mero ‘retoque’, según de dónde venga la calificación. ¿Al propio Rajoy, lo que equivaldría a tocar también a todo su equipo? ¿A Zaplana? ¿A Acebes y a Zaplana, símbolos de la ‘vieja guardia’ anterior al 11-M, fecha de la que hoy se cumple, curiosamente, el cuarto aniversario? Hable usted con un dirigente ‘popular’ y le dirá una cosa; con otro, y otra. En lo que parece haber acuerdo es en que algo tiene que ocurrir, que al menos algo cambie para que todo siga igual.

Pienso que algo sí va a cambiar, tiene que cambiar. No puede ser, por ejemplo, que el hasta ahora portavoz parlamentario, Eduardo Zaplana, se mantenga en el puesto frente a no menos de una docena de enemigos mortales en el grupo parlamentario, desde Federico Trillo hasta el recién llegado Esteban González Pons, desde Gustavo de Arístegui hasta Miguel Arias Cañete, desde Soraya Sáenz de Santamaría -que suena para sustituírle—hasta Ana Pastor. Para no citar, claro, las inquinas internas en la Comunidad Valenciana.

Pero limitar los cambios pendientes al relevo de Zaplana parece a todas luces insuficiente. ¿Acebes también, entonces? Sobre el secretario general se han hecho recaer todos los anatemas y maldiciones de la tribu. Su culpa fue acaso seguir muy a rajatabla las instrucciones del ‘jefe’, o sea Aznar, en aquellos días tremendos del 11-m. Pero es recto e íntegro, fiel hasta la exasperación y marmóreo ante quienes quisieran cuartear el principal partido de la oposición -el que mayor número de afiliados tiene en España-…desde el propio partido. O desde sus aledaños.

Siempre he considerado que estos aledaños tienen más culpa de la actual deriva del PP que las indecisiones y debilidades de un Rajoy lleno, por lo demás, de cualidades. Lo que ocurre es que en el país del Chikilicuatre, o como rayos se llame el tipo ése, gustan más los alaridos que las admoniciones, el cachondeo que las reprimendas, la algarada que la tristeza gris de las llovidas paredes compostelanas. Y ahí, y en otras varias cosas, Zapatero le gana a Rajoy. Qué le vamos a hacer.

En el PP se va a escenificar un nuevo acto de liquidación de una generación política que anda en la primera mitad de sus cincuenta; quien, a los cuarenta años, no haya llegado a la presidencia del gobierno en este país nuestro, que se prepare para ser arrinconado en el ángulo oscuro de un vetusto salón.  Y, a algún comentarista que hasta ayer defendía a Rajoy como la mejor medicina para una España que se rompe, se hunde, se queda sin valores morales, le he escuchado decir ahora que Don Mariano tiene que irse porque está…”viejo”. Tal cual.

Claro que en la política española hay precedentes de dimisión del líder del partido con inmediata apertura de proceso congresual para buscar sustituto. Ocurrió en el PSOE con Almunia, y el congreso lo ganó un desconocido Zapatero. ¿Conviene ahora dar el salto y buscar el ZP del PP? Los nombres de posibles sustitutos que se barajan son poco creíbles: Esperanza Aguirre tiene mucho poder en Madrid, pero su entorno asusta a más de uno; de Ruiz Gallardón no puede esperarse una resurrección en un partido que ha demostrado que no le quiere y ha intentado matarle políticamente; a Rodrigo Rato échele usted un galgo, con lo bien que se ha instalado en tantas megaempresas. ¿Pizarro? Podría ser, pero es un recién llegado. ¿Algún ‘barón’ regional, como Camps, o Núñez Feijoo, o Juan Vicente Herrera? ¿Algún joven cachorro, como Pío García Escudero, que tapoco es tan joven? Todos tienen ventajas, pero cada uno arrastra sus propios inconvenientes.

La verdad es que uno no alcanza a avizorar un reemplazo perfecto para Rajoy, aunque si se distinguen muchas maniobras internas para colocar al sustituto/a. Juegos de poder, ya digo, en los aledaños del PP: mediáticos, empresariales, religiosos, sociales…Es mucho lo que hay en juego, porque estamos hablando de la mayor formación política española, la única capaz, hoy por hoy, de llegar, cuando sea -y ya hay quien está hablando de una legislatura que puede durar apenas dos años, sin que se sepa muy bien por qué-, a La Moncloa.

¿Cuánta culpa tienen de la situación del PP estos entornos, que no han dejado de presionar a Rajoy durante toda la legislatura? Pienso que bastante: defenestraron a un alcalde, a un director de periódico -que ahora escribe en Internet- y ahora quiere defenestrar al presidente del partido. Joder con los entornos. Lo que ocurre es que estas operaciones cosméticas, artificiales, siempre acaban en desgracia. Y, hoy por hoy, el mejor recambio de Rajoy es Rajoy. Quizá por ello quieran echarle, aprovechando su fragilidad anímica, patente el pasado domingo por la noche en ese balcón de Génova que no es precisamente el de Romeo y Julieta. Atentos, pues, a la pantalla, que la retransmisión del drama está a punto de comenzar.
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