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Sesión de control tensa y monotemática: siete preguntas del PP al titular de Justicia

Monumental bronca en el Congreso con el ministro Bermejo

Monumental bronca en el Congreso con el ministro Bermejo

· Acusó veladamente al 'popular' Zaplana de supuestas prácticas con 'el ladrillo'
· A Ángel Acebes: "Para ilegalizar a un partido (el PCTV) hacen falta pruebas"

Tensísima sesión de control en el Congreso con la comparecencia del ministro Fernández Bermejo. Ha constituido todo un ejemplo de lo que no debe ser una práctica democrática y parlamentaria. A las durísimas acusaciones e insultos de la bancada del PP, el flamante ha respondido con chulería, con más descalificaciones e insultos que han convertido la sesión en una verdulería. El ministro se permitió lanzar veladas acusaciones sobre supuestas prácticas ‘ladrillistas’ de Zaplana. Los populares dicen haber descubierto el ‘talante’ de Zapatero.

Lo que ha ocurrido en la tarde este miércoles en el Congreso de los Diputados no por previsible ha sido menos bochornoso. Algún periodista, incluso, ha llegado a decir que para sesiones como ésta el presidente Marín ‘debería cobrar entradas’. Ha sido, realmente, una verdulería, una cadena in crescendo de insultos contra insultos: de los diputados del PP Acebes, Zaplana, Nadal, Sánchez-Camacho o Michavila al flamante ministro, que se estrenaba parlamentariamente, y de éste a los diputados del PP. Lo dicho, una verdulería donde se han podido escuchar casi todos los epítetos que se pueden oír en un mal partido de fútbol: incompetente, sectario, mal profesional, radical, ilegítimo, vegonzoso, vendido

La artillería pesada del PP se ha centrado sobre Mariano Fernández Bermejo en esta sesión de control, pero el ministro ha demostrado que sabe estar a la altura insultona –o incluso rebasarla- de la bancada de la oposición. Lo curioso es que, en este largo debate, Fernández Bermejo se encontraba casi solo: en la bancada del Gobierno sólo otros tres ministros le acompañaban, mientras que el presidente Rodríguez Zapatero y la vicepresidenta Fernández de la Vega hacía tiempo que habían abandonado sus respectivos sillones. El hecho, lógicamente, no pasó desapercibido.

Pero si los insultos fueron continuos, quizá lo peor de esta sesión –que tuvo que ser brevemente interrumpida por el presidente Manuel Marín ante el alboroto creado- fue la acusación de Fernández Bermejo contra el portavoz del PP, Eduardo Zaplana, al que veladamente acusó de tener intereses en el mundo de la construcción. “Entiendo que quizá usted de ordenación territorial y de ladrillos me pueda dar lecciones, pero no las acepto en el ámbito del derecho. No, no las acepto”. Recordemos, a tal efecto, la denuncia pública que realizó hace unas fechas el PSPV-PSOE sobre supuestas comisiones ilegales, supuestamente también de Zaplana, en supuestas recalificaciones, supuestamente también irregularidades.

 Ha habido ‘dinamita’, por tanto, en esta sesión de control en la que todos se han dicho de todo menos ‘bonito’, donde no ha habido ningún tipo de acuerdo en ninguna materia y de la que se desprende que el nuevo ministro de Justicia y sus antagonistas del PP van a ofrecer a la prensa numerosos titulares.

El ‘terremoto Fernández Bermejo’ se inició a instancias, en primer lugar, de Ángel Acebes, interesado en saber si el nuevo ministro de Justicia iba a adoptar medidas para impedir que Batasuna se presente a las próximas elecciones municipales. El tono del pepero ya hizo adivinar que la sesión no sería tranquila. Acebes acusó a Fernández Bermejo de “hostilidad hacia el PP” y de haberse opuesto como fiscal a luchar contra el terrorismo. La irónica, sardónica respuesta del ministro –“le agradezco el recibimiento agradable que me ha dispensado”- motivó una réplica aún más dura de la prevista: “Ho hemos venido a este Parlamento a hacer gracietas”, le replicó Acebes.

Luego, todo fue como una apisonadora, pero como una apisonadora contra las buenas formas, contra los buenos modales y contra la cortesía parlamentaria. Para acabar en lo que ya hemos definido como ‘verdulería’, donde salieron hasta los muertos de la guerra civil. “Ahora sabemos para qué le llamó al Ministerio de Justicia el presidente del Gobierno: para reabrirle la puerta a los Ayuntamientos a Batasuna, que, como todo el mundo sabe, es ETA”, le dijo Acebes, después de que Fernández Bermejo acusara al popular de saber poco de leyes, ya que “para ilegalizar a un partido hacen falta pruebas, es decir, es mucho más serio que eso que usted plantea”.

La segunda oleada contra el ministro corrió a cargo de Eduardo Zaplana, quien le preguntó si “¿es prudente arremeter contra los miembros del Consejo General del Poder Judicial?”. Bermejo airó aún más a los populares al mantener su tesis de que el actual Consejo General “carece de legitimidad”, aunque reconociera que no de ‘legalidad’. Respuesta que fue considerada como “un disparate” por Zaplana y que, a su vez, mereció en la réplica del ministro la velada acusación de ‘ladrillista’ que arrojó a la cara del portavoz popular.

El presidente del Congreso, desesperado ya en este punto con la bronca que se montó, tuvo que suspender por algunos minutos la sesión mientras en los bancos populares se escuchaban palmadas y gritos diversos, los más suaves con fórmulas como “¡qué vergüenza!”.

Dolors Nadal intervino entonces para salvar el honor de su compañero Zaplana, reprochándole al ministro su intervención, que “merece el más grave reproche político y moral”. La diputada popular le leyó una frase de Rafael Alberti cuando regresó a España: “Me fui con el puño cerrado y vuelvo con la mano abierta”, para señalar que “usted sigue con el puño cerrado” y dispuesto a “repartir mandobles” y propiciar nuevamente la lucha de padres contra hijos. Era el recordatorio de una frase célebre de Fernández Bermejo por la que el ministro ya ha pasado a la historia: “Tuvimos que luchar contra los padres [en la guerra civil y en la dictadura] y ahora tenemos que luchar contra los hijos”, olvidando que su propio padre era quien era en la jerarquía del régimen maldito, como le recordó luego la propia Nadal: “Si usted quiere pelearse con fantasmas familiares, allá usted”.

A Nadal le tomó el relevo la diputada Alicia Sánchez-Camacho, mucho más intensa en la forma que los diputados precedentes y con el mismo fondo: “Usted es el ministro de la provocación, del insulto, de la vanidad y de la arrogancia” y que antes fue un fiscal “malo, sectario e incompetente”. En definitiva, “una vergüenza”.

 Respuesta nuevamente sardónica de Fernández Bermejo, nada conciliador en toda la sesión: “Muchas gracias por sus amables palabras, ejemplo de modo de hacer parlamentario y ejemplo de educación”. En respuesta a la pregunta, que era sobre por qué se negó como fiscal a aplicar a los menores de la kale borroka la ley antiterrorista, el ministro alegó que “no se puede matar moscas a cañonazos. Los cañones son para el terrorismo y ahí me va a encontrar siempre”.

El relevo de Sánchez-Camacho lo tomó el diputado catalán Jorge Fernández Díaz, que arremetió con una antigua frase del ahora ministro dicha en 1998 sobre que “el GAL es la historia de una hipocresía colectiva”, y acusándole de estar siempre “ideológicamente al servicio del Gobierno socialista” ya desde cuando era fiscal. El ministro respondió volviendo a señalar que los del PP sacaban de contexto sus frases y que se refería a que incluso hubo fuerzas sociales que, por lo bajo, apoyaban acciones como las del GAL mientras por lo alto exigían responsabilidades políticas y penales al Gobierno de Felipe González.

 Y, en fin, por último, la espectacular entrada en escena del ex ministro de Justicia José María Michavila, con quien Fernández Bermejo mantuvo importantes encontronazos siendo fiscal. Michavila calificó la intervención del ministro de “bochornosa e impropia de un ministro de Justicia” y le acusó de comportarse siempre como “un fiscal metido a político, sectario, parcial y radical”.  Si la pregunta de Michavila no fue la de un caballero, la respuesta de Fernández Bermejo tampoco fue la de un señor: “Hombre, el diputado ausente, que rara vez aparece…”.

Como colofón a este debate está, no obstante, la frase que una diputada del PP comentó a Diariocrítico refiriéndose al ministro Bermajo y a su actuación en el Congreso: "Éste va a ser un gran torero. Va a querer tener buenas tardes". 

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