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El 'patito feo'

El pasado 12 de noviembre, el grupo Prisa anunció el cierre de la red de televisiones Localia. La versión oficial del grupo empresarial apunta a que la clausura se debe a la arbitrariedad política con la que se han resuelto algunos concursos de TDT regional, como son los casos de Murcia o Madrid. Otras fuentes prefieren ahondar en la situación económica que sufre la entidad. En todo caso, es el primer anuncio público notable de que la crisis está afectando a los medios de comunicación. Desde entonces, se ha abierto la veda: un ERE en el grupo Zeta se lleva por delante a casi un cuarto de los trabajadores, Libertad Digital despide a veinte empleados, el cierre de 'La Clave'... Y eso para empezar. La situación se está desarrollando desde hace tiempo. Los grupos mediáticos comienzan a ver cómo sus cuentas de beneficios caen en picado. Revistas, radios, periódicos y hasta televisiones echan el cierre por la falta de publicidad. Y además, y sobre todo, los profesionales de decenas de medios han perdido sus empleos y en otros muchos ponen sus barbas a remojar ante lo que está por llegar.
 
En Localia, entre 250 y 300 personas se quedarán sin trabajo a finales de diciembre, cuando la cadena deje de emitir. Depende de los que Prisa pueda recolocar en otros medios del grupo. En sus más de ocho años de existencia, Localia ha sido cantera de grandes profesionales. La labor de muchos de ellos es digna de elogio, no sólo por su producto final sino por las dificultades que han sufrido para llevarla a cabo. Más de una vez hemos tenido que ayudar a un compañero de esta televisión que cargaba en un acto con cámara, micrófono, libreta y/o grabadora porque no podía con todo. Cuando les preguntábamos por esa filosofía de periodistas multimedia, la mayoría se encogía de hombros. 'Es mi trabajo', comentaban. A pesar de este sobreesfuerzo, algunos trabajadores de Localia se quejan de que nunca se han quitado el sambenito de ser el 'hermano pobre' o el 'patito feo' del grupo. Critican los pocos medios que han recibido para sacar tanto trabajo adelante y el poco apoyo recibido al soportar los envites de los enemigos de Prisa que no se atrevían con las cabeceras más importantes del grupo.

El caso de esta televisión de Prisa es el primero noticiable, pero no el único ni el último, por desgracia. Sólo es la punta del iceberg de la situación que viven los medios de comunicación en España. Y el problema no es sólo la crisis económica, que también, sino la crisis profesional que sufre el sector en muchos de sus ámbitos. En especial en el periodismo, pero sin descartar todos los profesionales técnicos de alrededor sin los que no es posible sacar el trabajo adelante. La oferta formativa es insultantemente superior a la demanda que tiene el mercado. El intrusismo profesional está a la orden del día y ya se asume como algo estructural que hay que soportar. Las condiciones laborales son, en muchos casos, más que preocupantes: se pagan vocaciones a precio de saldo pero se exigen jornadas a precio de estrella y con cláusulas leoninas. Los becarios hacen en muchos casos de redactores. Se soportan a diario presiones de los agentes sociales que quieren poner un bozal a nuestro trabajo para que no fiscalicemos el suyo. Y ni administraciones, ni sindicatos, ni fundaciones, ni empresarios quieren dar el paso definitivo para ayudarnos a cambiar este 'statu quo' porque no conviene o porque creen que es un problema que nos guisamos y nos comemos solos. En resumen, estamos totalmente expuestos profesionalmente a pesar del calado de nuestra tarea. Y no hay apenas organismos que nos protejan de forma real. Ni siquiera, un colegio profesional. La situación afecta a los ciudadanos porque la información que se les ofrece cada día corre el riesgo de beber de todas estas carencias. Aún así, los productos informativos salen adelante mucho mejor de lo que podrían gracias al buen hacer de los compañeros.

Sin embargo, lo sensato no es quedarse en los problemas, sino buscar soluciones. Los propios profesionales del sector debemos reflexionar a dónde queremos llegar. Saber por qué tipo de trabajo deseamos apostar: calidad, análisis, inmediatez y rigor; o cantidad, superficialidad, parcialidad y hasta seguidismo. Ser conscientes de cuál es el servicio que queremos y debemos prestar y a quién. Si podemos romper la inercia diaria del trabajo y desempolvar algunos de los principios que motivaron que nos metiésemos en esto. Cuando lo tengamos claro, es el momento de cambiar y exigir un cambio. Mientras tanto, sólo nos queda aplaudir el trabajo de compañeros como los de Localia o el resto de medios afectados y esperar que encuentren otro empleo muy pronto.
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