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Lo que no se quiso valorar del barómetro del CIS

Los periódicos han titulado la última encuesta del CIS subrayando que disminuye la distancia entre el PSOE y el PP. Otros, según la tendencia, destacan el mal resultado personal de Mariano Rajoy, aunque olviden que el buen resultado (relativo) de Zapatero y de algunos ministros se basa en que a ellos les votan también personas que apoyan a otras opciones, como Izquierda Unida o formaciones nacionalistas, y en cambio por Rajoy sólo se decanta favorablemente quien apoya al Partido Popular.

Cierto: el PP mantiene su soledad, que le impedirá llegar a La Moncloa. Y la distancia entre el PSOE y el PP se acorta…aunque la verdad es que ambos partidos bajan en el aprecio de los encuestados. No seremos nosotros quienes sacralicemos las encuestas de opinión -que siempre fallan, aunque sean indicativas-. Pero sí parece que el aprecio que nuestros políticos suscitan en la opinión pública va de retirada; algo similar nos ocurre a las gentes que nos ocupamos de la información, y la verdad es que no resulta extraño a la vista del termómetro que nos muestra la temperatura moral en nuestras televisiones.

Claro, cuando estan ocurriendo cosas como las que estan ocurriendo, véase esa extraña ‘concentración’ de este sábado, convocada por el presidente de la Asociación de Víctimas del Terrorismo, señor Alcaraz, y apoyada, pero no tanto, por el PP, no resulta de extrañar esa baja estima en la que el electorado `parece tener a su clase política. No digamos ya cuando una determinada clase política se alía con sedicentes líderes sociales que busca en los extremos refugio y notoriedad. O con ciertos medios que del griterío hacen su fortuna.

A este paso, llegará un día en el que el candidato ganador lo será con un veinte por ciento de los votos de los electores. Y entonces, alguien se rasgará las vestiduras ante el grado de deterioro moral al que ha llegado una situación política.

Claro que la democracia, como decía Churchill, es el peor sistema excluidos todos los demás. Hay que reforzarla, y esa es tarea de todos. Pero, especialmente, de quienes han recibido de nosotros el encargo de representarnos.

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