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En 2010 seremos ¿cuarenta y ocho millones?

En 2010 seremos ¿cuarenta y ocho millones?

Dicen que uno de los índices de riqueza y poder de un país es el número de sus habitantes. A más habitantes, mejor posicionamiento en la tabla de los más importantes del planeta tierra. El Instituto Nacional de Estadística nos informó de que, el pasado 1 de enero, ya éramos un millón más que el año precedente: algo más de cuarenta y seis millones de personas viviendo de manera permanente en España, gracias, sobre todo, a la aportación de inmigrantes y, en general, extranjeros.

La perspectiva, teórica, es que en 2009 esta cifra aumente sensiblemente. No precisamente por la llegada masiva de inmigrantes extranjeros, que ya han comprobado que las posibilidades laborales se ven bastante reducidas, sino gracias a esa ley de memoria histórica que ya facilita que hijos y nietos de exiliados españoles recuperen la nacionalidad y se conviertan, por tanto, en ciudadanos de pleno derecho. Las colas en algunos consulados latinoamericanos no se han hecho esperar: las previsiones oficiales hablan de quinientos mil posibles ‘retornados’. Pero la realidad supera en bastante, se calcula, esa cifra: solamente en Cuba podría haber más de un millón de descendientes, hijos o nietos, de los españoles que allí viajaron por unas u otras razones, según medios consulares en La Habana.

España, esta es la verdad y pese a todo, sigue teniendo un gran prestigio y atractivo para los latinoamericanos. Y no serán pocos los que, tratando de mejorar su nivel de vida, se acojan a esta ley y a este derecho para venir a residir en nuestro país. Ya digo: un derecho y posiblemente un beneficio a largo plazo. Pero ¿y a corto e incluso a medio plazo?

Temo que, una vez más, alguien no haya hecho bien los cálculos y ni se sabe cuántos serán los que aleguen su derecho a la nacionalidad ni, menos aún, cuántos, previsiblemente, tratarán de residir permanentemente en España, una más de las naciones que, precisamente en este 2009 cada vez más imprevisible, está abocada a los efectos de una crisis económica para la que no se han hallado aún soluciones demasiado efectivas. Hay quien, en la Administración , ha empezado ya a calcular: ¿seremos tal vez cuarenta y ocho millones allá por el 1 de enero de 2010?
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