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Déle vida a sus años

Déle vida a sus años

No manifestar su voto es simplemente negarse su condición de ciudadano

Puede que usted esté dudando todavía si su voto es importante, si debe levantarse temprano el domingo para ejercerlo. Puede que usted esté indignado porque ya fue preguntado, contestó, y ahora le piden que vuelva a contestar. Puede que a usted le haya molestado también la abusiva campaña desarrollada en este tiempo y que el país no sale de una campaña para entrar en otra. Quizás usted se pregunte cómo alguien gobierna al país si está todos los días en los medios, de declaración en declaración, de proclama en proclama, de anécdota en anécdota, de chiste en chiste, de amenaza en amenaza y hasta de canción en canción. Quizá eso también le moleste y esté aún pensando si irá a votar o no.

Posiblemente usted se haya disgustado al leer la pregunta que le piden conteste. La leyó tres veces a ver si la entendía. Como no entendió con claridad y precisión qué le están preguntando, usted buscó su Constitución y leyó los artículos que menciona la pregunta. Volvió a leer la pregunta con la Constitución en la mano y siguió sin conocer qué quieren cambiarle a esos artículos, cómo quedarán enmendados. Seguramente le molestó que no le hayan preguntado de forma clara y directa lo que quieren modificar, y quizás usted está aún dudando si va a votar o no. A lo mejor a usted no le gustan los voceros que han asumido una de las dos tendencias, cualquiera de ellas, o ambas. No le cree ya a los políticos, los encuentra aburridos, sin nada que a usted le atraiga. O quizás sea lo contrario, que le caiga muy bien alguno de los dirigentes pero usted no quiere votar sólo por simpatía. Quizás piensa que esta consulta es un asunto sólo de los políticos y que nada tiene que ver con su vida diaria.

Quizás usted no marchó porque ese día estaba engripado, o tenía varias diligencias pendientes que debía resolver, o no se animó porque no le parece que deba marchar, o simplemente, no quiso ir. Quizás usted se molestó porque cuando entró a la estación del metro -cansado de todo un día de trabajo- le habían quitado el ambiente musical relajado que debía haber y le habían colocado propaganda política.

Quizás usted está paralizado, dudando, porque en menos de un mes vio que se reprimieron manifestaciones estudiantiles con "gas del bueno", en cumplimiento de una orden impartida públicamente y, luego, se cambió de repente la seña y todo se volvió "amor del bueno", convivencia pacífica y condena a los violentos. Puede que usted no esté decidido aún porque en donde usted vive en el pasado proceso electoral no ganó el candidato a alcalde o gobernador por el que usted votó. Posiblemente en su municipio o en su estado no hubo acuerdo de unidad y usted siente que perdió su voto por culpa de otros que irresponsablemente no se unieron. O quizás sí hubo acuerdo de unidad pero simplemente su candidato perdió, lo que ahora lo hace sentirse en minoría política y considera que no vale la pena votar.

Puede que usted esté mortificado, porque la plata no le alcanza para hacerle frente a todas las responsabilidades que están bajo su cargo en su familia: alimentos, medicinas, el arrendamiento, las necesidades de los muchachos, y que, por todo eso, que seguramente es cierto, usted esté pensando que nada gana o pierde con ir a votar. Que al día siguiente igual su problema persistirá. Cualquiera de las razones que usted tenga y lo estén empujando a la duda sobre si votará o no, seguramente es muy importante. Quizás usted tiene completa razón en muchos casos. Pero piense por un instante a quién castiga con no ir a votar. Si lo piensa bien, sabrá que al final se castiga a sí mismo y a su grupo familiar. No manifestarse es simplemente negarse su condición de ciudadano, es no sumar a favor del futuro, es quedarse estancado en el pasado para que este presente sea igual por siempre en el mañana.

Más allá de los hechos de terceros, que sí influyen en su vida diaria y en las posibilidades de que los suyos tengan otro tipo de vida mañana, sepa que de voto en voto se manifiesta un país, nuestro país. Que para que su voto cuente, tiene que manifestarlo, y que su voto junto al voto de muchos, constituye la diferencia necesaria para que se diga que realmente el país se manifestó. Si usted se queda en casa con su opinión guardada en su mente, pasará cualquier cosa el domingo. Ganará una u otra tendencia, y usted no habrá sido parte de esa decisión colectiva que puede cambiar toda nuestra realidad.

Por estos días se cumplen doscientos años del natalicio de Abraham Lincoln, el presidente norteamericano que abolió la esclavitud. Si Lincoln no hubiera existido, Obama posiblemente no sería hoy presidente. Lincoln dijo una vez: "al final, lo que importa no son los años de vida, sino la vida de los años". Siéntase vivo. Déle vida a sus años. Vote y sea parte de la decisión del país.

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