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Una derecha anacrónica

Una derecha anacrónica

Chile vive la paradoja política en que un sector político como la derecha ha sido incapaz, por más de medio siglo, de alcanzar la presidencia del país por medios legales y democráticos, sin embargo, ha sido capaz de mantener su hegemonía cultural, política y económica. La derecha chilena hoy, lejos de representar ideas de avanzada y ser el estandarte de la modernización, sostiene fórmulas económicas neoliberales, probadamente fracasadas en el mundo entero, e ideas políticas anacrónicas que sólo prolongan el legado dictatorial.

El actual candidato de este sector político, el señor Sebastián Piñera, es conocido como un polémico “hombre de negocios” y defensor irrestricto del “modelo chileno”. Su perfil pragmático y agresivo le ha traído más de un dolor de cabeza frente a sus aliados, tanto en aquellos más próximos a visiones tradicionalistas católicas como en los nostálgicos del pasado militar.

El crecimiento relativo de la votación de derechas ha sido un fenómeno que se viene arrastrando desde hace ya varios años. No olvidemos que el otrora candidato, señor Joaquín Lavín, obtuvo un 48% de las preferencias. Esto se explica por varias razones, entre las cuales habría que consignar los numerosos desaciertos de las administraciones concertacionistas y la mutación del “carácter social” derivada de la expansión de una sociedad de consumidores.

Los mayores éxitos de la derecha chilena se han dado, precisamente, en contextos de crecimiento económico y expansión del consumo. La crisis económica mundial, que de manera inevitable, golpeará nuestras puertas, pone un signo de interrogación a las pretensiones de  este sector para instalar a uno de los suyos como Presidente de Chile. Cuando el neoliberalismo está desprestigiado por doquier y todos los países marchan hacia una mayor presencia reguladora del Estado, es muy difícil celebrar el “modelo chileno”, más todavía si los Fondos Previsionales acusan pérdidas cuantiosas y la tasa de cesantía aumenta mientras el consumo disminuye.

En lo político, la derecha aparece escindida en varios grupos que apenas encuentran un precario punto de equilibrio en el actual candidato. Los sectores de derecha, en rigor, no poseen una “estrategia política” para el país sino que subordinan este ámbito al orden económico, buscando soluciones populistas de escaso horizonte. Esta debilidad histórica se explica, en parte, porque este sector político ha quedado atrapado en concepciones arcaicas más próximas al mundo bipolar, verticalista y autoritario del siglo XX que a las nuevas sensibilidades del mundo presente.

Un candidato de derechas en Chile debe enfrentar el hecho de que el entorno latinoamericano y mundial va en el sentido opuesto. Con escasas excepciones, la derecha no está de moda como en la década de los ochenta del siglo pasado. Las soluciones de derechas son las responsables directas de la actual debacle que vive el mundo en lo económico, lo medioambiental y, en el límite, en lo político. Las ideas de derechas se han tornado ideas muy peligrosas. En el Chile postdictatorial, cuyo sello ha sido una democracia de baja intensidad en que la impunidad y la desigualdad se han enseñoreado entre nosotros, una candidatura de derechas resulta ser una anacronía que sólo posterga la necesaria profundización de la democracia en nuestro país.

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Álvaro Cuadra
Doctor en Semiología y Letras Universidad de la Sorbona
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