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La Legislatura más difícil

Se ha cumplido el primer año de la segunda legislatura de Zapatero, y estos días de celebración se pueden comprobar las peculiares dificultades que ofrecen estos tiempos: de un lado, la crisis, que posiblemente esté forzando a pasar al presidente y algunos de sus colaboradores, como Pedro Solbes, sus peores días en "el potro de tortura". No sólo por la adopción de medidas que ayuden a salir de este atolladero económico y financiero, sino en mayor medida, porque se reclama que tales medidas tengan efectos inmediatos. Y, a ser posible, con escaso o nulo coste económico público o privado, y sin paro...

   Es el asunto y la preocupación fundamental del Gobierno, pero a la que se añaden todas las restantes, porque a la sombra de su desarrollo se alojan las restantes preocupaciones: éste es un año con tres elecciones, y ya se han producido las dos primeras, en Galicia y Euskadi, con resultados distintos. En Galicia, el PP ha recuperado el gobierno que había perdido cuatro años antes, y en Euskadi el PSE se empeña en arrebatar al PNV el gobierno del que viene disfrutando hace casi tres décadas y que creen eterno e intransferible. Y, por delante, tiene la segunda gran prueba, el Gobierno de Zapatero como el liderazgo de Rajoy, que superó con buena fortuna su primera prueba: las elecciones para renovar el Parlamento Europeo, dentro de tres meses, deberían consolidar o inestabilizar a los dos grandes partidos de nuestro Parlamento.

   Pero, sobre todo, la crisis y cómo resolverla. No falta quien sospeche que "dan igual" las medidas que se adopten: la crisis empezará a remitir y a retirarse de nuestro escenario cuando empiece a hacerlo en los Estados Unidos, su país de origen. Allí arrancó y desde allí deberán extenderse también sus remedios. De modo que todos estamos dependientes de lo que determinen y decidan Obama y sus colaboradores. Otros, en cambio, sostienen que el nuestro será el país que estará en peores condiciones para salir con presteza de una situación en la que a la crisis propiamente dicha se añaden otros inconvenientes nacionales, como la revisión del modelo económico que estuvo sustentado, en los últimos años, particularmente en dos industrias ahora en severísima crisis, los sectores inmobiliario y turístico, al que se añade el de la automoción, en crisis en todo el mundo.

   Y por lo que se refiere a la política doméstica, es evidente que tiene una dependencia muy amplia de lo que sucede en la cartera de los ciudadanos, y que la presente es una situación especialmente complicada y difícil. La crisis económica deja un escenario bien distinto al que se vivió hace un año cuando ya se atisbaban las dificultades que vendrían. Pero entonces, el Gobierno valoraba muy positivamente "las reservas" y la buena situación alcanzada en el tiempo inmediatamente anterior. Desde entonces, se queja el Gobierno, y lo reprocha a sus adversarios políticos, de que no ha contado con la oposición, fuertemente comprometido con sus propios problemas internos de liderazgo y de corrupciones. Lo cierto es que difícilmente se hubiera podido imaginar un escenario tan complicado, de cuyos puestos de responsabilidad algunos hubieran querido desaparecer.

   Y ahora, entre los comicios ya desarrollados y el que se producirá en junio, estamos ante una situación voluntarista en la que los populares tratan de animarse. En los últimos dos días, Rajoy y Soraya Sáenz de Santamaría han coincidido en señalar que lo sucedido en Galicia demuestra que "soplan aires de cambio", o "está llegando un cambio político". Uno o dos escaños más en Galicia, y hasta dos menos en Euskadi, no impiden esa clase de manifestaciones felices y hasta eufóricas del principal partido de la oposición, que finalmente ha conseguido alguna buena noticia, después de cinco años de malos dato
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