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Un año que sabe a mucho

   Ha pasado un año desde que se celebraron las elecciones pero parece que han sido cuatro. La crisis económica ha golpeado con tal fuerza que todos los proyectos a los que Zapatero se comprometió durante la campaña electoral han quedado relegados u olvidados. Sí, hace un año Zapatero prometía sonriente el pleno empleo y acusaba de agoreros a los que anunciaban la que se nos venía encima. Hoy ya es inútil preguntarse si el presidente lo sabía, si sabía que la crisis estaba a punto de golpearnos pero no lo dijo, o no lo sabía, cualquiera que sea la respuesta ya no tiene remedio.

   Un año después el Gobierno no está para celebraciones ni los ciudadanos tampoco. Además el Gobierno se aventura a un resto de legislatura la mar de complicado ahora que está a punto de perder el apoyo del PNV en el Congreso de los Diputados. A parte de que Patxi López sea investido como lehendakari, el Gobierno tendrá que sortear semana tras semana los trámites parlamentarios para no perder votaciones y eso le exigirá mucha cintura para ir negociando con unos y con otros. Por lo pronto, desde filas socialistas se continúa cortejando a CiU con la esperanza de lograr un pacto más o menos estable, pero los convergentes dicen que un pacto estable con el Gobierno a ellos no les beneficia y además, añaden, no se fían de Zapatero.

   Quizá lo más llamativo es que un año después el Gobierno Zapatero está abrasado o, por decirlo con más crudeza, a veces parece que no tenemos gobierno. Son pocos los ministros que cumplen con las expectativas. Es más, algunos suponen un auténtico lastre para el presidente.

   Los expertos en cuestiones monclovitas aseguran que para dentro de un mes a más tardar Zapatero nos sorprenderá con una remodelación de su gobierno. Lo que está por ver es si moverá las que han sido dos piezas fundamentales hasta ahora: el vicepresidente Solbes y la vicepresidenta Fernández de la Vega. En el caso de Solbes su sustitución parece casi obligada habida cuenta de que el vicepresidente parece soñar con convertirse en un "ex". Además, hace falta alguien que llegue con ideas de refresco y sobre todo con capacidad de ofrecer confianza en el futuro.

   En cuanto a la vicepresidenta De la Vega no está tan claro que sea tan fácil sustituirla. Del resto de los ministros, salvo Pérez Rubalcaba y Carmen Chacón, el resto es claramente prescindible, aunque aún está por ver qué juego da el nuevo titular de Justicia, que, todo hay que decirlo, desde que ha sido nombrado al menos las cosas de la Justicia han dejado de estar en las portadas de los informativos.

   En política, como en la vida, nunca hay nada escrito de antemano y quienes ríen triunfantes un día son denostados al siguiente. Por eso, un año después de haberse celebrado elecciones generales y aunque nos encontremos que al día de hoy tenemos un gobierno apagado, aún queda legislatura por delante y sobre todo será un tiempo de hacer política con letras mayúsculas, puesto que el Gobierno se queda en precario. Será un tiempo difícil, pero apasionante.
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