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El vicepresidente pierde todo su prestigio

Solbes: nunca segundas partes fueron buenas

Solbes: nunca segundas partes fueron buenas

Pedro Solbes, sale del Ejecutivo en la peor situación personal posible: con una crisis económica descomunal y con la sensación, por parte de todo el mundo, de que se ha mostrado no impotente para encontrar soluciones, sino impasible a la hora de ponerse a trabajar. Esa impasibilidad es la que ha irritado a la oposición, a la opinión pública y a un país, en general, camino de los cuatro millones de parados. Está claro que nunca segundas partes fueron buenas.
 Porque es la segunda vez que Pedro Solbes se encarga de dirigir la política económica de un gobierno socialista. La primera, también coincidió con una crisis económica, pero esa vez salió mucho mejor parado. Al menos a medio plazo, hasta su sucesor, Rodrigo Rato, reconoció que los tiempos de bonanza vividos posteriormente, se debieron, en parte, a las reformas estructurales llevadas a cabo por Solbes. Ahora es diferente.

   Tras haber pasado por la Comisión Europea como comisario de Economía, tras el relevo de los socialistas por los populares al frente del gobierno, Solbes pareció, desde un principio, haber aceptado de mala gana la oferta de Rodríguez Zapatero. La primera legislatura de éste al frente del Gobierno fue relativamente fácil. Eran los tiempos en que gastar no importaba por el enorme colchón que se había generado durante los gobiernos de Aznar, con Rato al frente de la política económica. Se había llegado, incluso, al superávit presupuestario, y la deuda había sido reducida hasta límites inferiores a la media europea. Las cosas iban bien y Solbes se permitió el lujo de asentir las "alegrías" de su jefe, Zapatero, cuando éste prometió un incremento descomunal de la cobertura por desempleo, que llegó a rozar el 70%,  líneas de AVE para casi toda España, sin reparar en el gasto público que supone este tipo de infraestructuras para un país que pierde, ya, los fondos de cohesión de la Unión Europea necesarios, ahora, para los paises de nueva incorporación las naciones del Este, tan necesitadas del dinero de Bruselas para poder converger económicamente con sus socios.

    Hubo de todo, más salario mínimo interprofesional, subida de las pensiones mínimas, garantía de las prestaciones sociales contributivas. Todo iba bien hasta que las dichosas  "hipotecas subprime" estallaron en los Estados unidos, y, tras ellas, la crisis financiera, y la crisis económica,  la recesión y la depresión. El caos total.

    Hubo quien, en febrero del año pasado, lo advirtió: dijo, en plena campaña electoral la que se avecinaba y fue catalogado de "antipatriota" por Zapatero mientras Solbes callaba. Aquí comenzó el principio del fin. El Vicepresidente era consciente de la que se avecinaba. Por eso le dijo a Zapatero que se no quería repetir si salía reelegido. Zapatero le convenció a pesar de que solbes no vio con buenos ojos la entrada de personas como Miguel Sebastián, antagónicas en lo que a estrategia económica se refiere. Pero Zapatero se había comprometido con  Sebastián cuando éste se puso al frente de la candidatura del Ayuntamiento de Madrid a sabiendas de que sería derrotado claramente por un Gallardón que iba a arrasar de todas.

   Segundo error de Solbes. Quería la dirección de la política económica y la tuvo que compartir. Ni Sebastián ni Corbacho eran santos de su devoción, ni mucho menos la que parece ser que será su sucesora, Elena Salgado de la que llegó a decir, un día, que "es la peor jefa de personal de la administración" cuando ocupaba el cargo de directora general de Costes de Personal y Pensiones del Ministerio de Economía en tiempos de Carlos Solchaga, cuando el ahora Vicepresidente era simplemente un secretario de Estado, eso sí, de relaciones con la Comunidad Europea.

    Luego  se tuvo que tragar todos los sapos del mundo: de "suave desaceleración" a "crisis", de "contención del gasto" a "déficit que rozará el 8%", de "no hay margen de maniobra" a "gastar todo lo posible para crear puestos de trabajo", de "estar cómodo en el Gobierno" a "sentir envidia de Bermejo por haber dimitido". Total, una serie de despropósitos para un Solbes que no se siente cómodo con  esta política "anticrisis", que le ha dicho al presidente que "así, lo único que hacemos es arruinar a España, y empeñar a varias generaciones", y que se va harto de "populismo barato", como dicen sus íntimos que comenta por ahí, en el asador situado en el centro de Madrid donde gustar ir a comer,  y que, a buen seguro,  se trasladará a Alicante, abandonará toda la actividad política se dedicará a vivir de las rentas. Que el sí puede.
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