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Semana de pasión gubernamental

Semana de pasión gubernamental

La entrada en Jerusalem de Zapatero tuvo lugar el domingo de Ramos, con la foto con Obama y el arrobo mirándole. Pero ese mismo día la situación se torció cuando diversos medios revelaron el secreto mejor guardado: la crisis, ya. Empezaba la semana de pasión. Para Solbes, que se va de mala manera, lastrado por sus propios errores o porque en el fondo sabía que el camino emprendido no llevaba a ninguna parte. Pero merecía mucho más porque, al margen de las últimas sombras, ha sido, durante muchos años un excelente servidor del Estado, un hombre prudente y eficaz, que ha puesto sensatez en muchas decisiones. Le sobró el último año y ya es lo que envidiaba: un ex ministro, como Bermejo.

Y como Bernat Soria, un fiasco completo y previsible, Magdalena Álvarez, un mal espectáculo, Cesar Antonio Molina, nada en un vaso de agua, y Mercedes Cabrera, de la que se prometía y esperaba lo que nunca fue capaz de dar. Todos han tenido su semana de pasión, después del romance apasionado que, en su día mantuvieron con el presidente Zapatero. Romances de quita y pon.

Otros ministros han estado esperando la llamada de Zapatero ahora que ya no se lleva lo del motorista, y no hubiera sido malo que la hubieran recibido Bibiana Aído, Beatriz Corredor y algún otro en un Gobierno quemado apenas un año después de su toma de posesión y con otra crisis previa, la de Bermejo.

Y los nuevos. No sé si alguno de ellos le habrá dicho a Zapatero “si es posible, aparta de mí ese Ministerio” –lo dudo porque todos creemos que estamos capacitados para empresas más altas, incluso imposibles- pero seguro que todos añadían: “pero no se haga mi voluntad sino la tuya”. Hay que aprovecharlo, porque casos muchos son los llamados y pocos los elegidos. Demos un margen de confianza al nuevo equipo. No parece que Elena Salgado sea la más preparada para dar confianza a los mercados y reflotar la economía ni que Chaves sea la modernidad emergente o que Pepiño Blanco pueda ser el faro de las obras públicas españolas antes de competir con Núñez Feijóo por la Xunta de Galicia. Pero esto es lo que hay y si no funciona nos va a ir peor a todos. A Zapatero, que ahora es también ministro de Deportes, no le preocupa la crisis sino el “cambio de ritmo”. No sólo no ha reducido Ministerios y gasto prescindible sino que ha aumentado una vicepresidencia, con su grupo de asesores, y no creo que los tres citados, junto con Gabilondo y Trinidad Jiménez, por fin ministra, vayan a competir con Usain Bolt. Si pueden, relájense estos días… y recen. Es tiempo de oración. Nos espera un año cargado de noticias y de problemas. Pero todos los países han sobrevivido a las peores crisis. Al menos, es una esperanza. Y si no, algunos todavía creemos en los milagros… y en la resurrección, es decir, en otra vida mejor.

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