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'Boboconceptualismo” y libertad de expresión

"Boboconceptualismo” y libertad de expresión

Burlarse de la juventud “garantizándole” constitucionalmente la libertad de expresión, mientras le censuran las entrevistas en los canales controlados por el Estado o  amedrentar a los medios de comunicación con la desfigurada interpretación de un texto legal para sacarlos del aire, no es sino jugar con la democracia para imponer un absolutismo socialmente inaceptable.

Hacerlo, además,  apoyándose en la reiteración de verdaderas farsas conceptuales, como la cantaleta de la  “revolución ciudadana” o el “socialismo del siglo XXI”, sólo configura el ejercicio de un neo “boboconceptualismo”.
Son expresiones de una verborrea insustancial dirigida al embelesamiento sabatino de las masas, que comienzan a identificarse con el único producto pseudo conceptual del régimen y a apoyarlo en su lucha por una restricción —cada vez en aumento—  de las libertades ciudadanas.

De esta forma se erige como intangible enemigo a estos molinos de viento representados por los “vicios” del sistema político anterior. 

Como dijo Joseph Goebbels: “Si una mentira se repite suficientemente acaba por convertirse en verdad”. Y la repetición de una frase sin contenido crea la ilusión de una certeza. Pero que hacerlo significa abusar del academismo y de la ignorancia popular, pues el ciudadano común no sabe que solo puede darse una  “revolución ciudadana” en la interpretación marxista de la política y de la economía, mediante un cambio radical —generalmente violento— de las estructuras sociales. Cambio ocasionado por la traslación de los medios de producción de los particulares hacia al Estado para construir así el socialismo mediante la supresión de la propiedad privada.

Marx, a diferencia de Dieterich, tiene el mérito de haber construido una teoría económica basada en la relaciones de producción de la sociedad industrial inglesa del siglo XIX. Evidentemente, le hubiera resultado imposible predecir el desarrollo de la informática o las telecomunicaciones, áreas que modifican radicalmente  la estructura de dichas  relaciones de producción y tornan un verdadero anacronismo la pretendida aplicación del socialismo-sea del siglo que sea- como la solución a la problemática económica actual. 

Que alguien ensaye la implantación de una teoría económica tan obsoleta para resolver las  injusticias sociales del Ecuador del siglo XXI, excede los límites de la sensatez. Que lo aceptemos con la resignación que lo estamos haciendo, me resulta incomprensible. Pero que, además, la prensa no pueda informarlo, es  intolerable.

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