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Discurso de investidura del candidato a presidente de la Generalitat

José Montilla, en el debate de investidura: 'Quiero ser el primer trabajador de Cataluña'

José Montilla, en el debate de investidura: "Quiero ser el primer trabajador de Cataluña"

El candidato José Montilla no es orador, es evidente. Su programa de Gobierno, consensuado con sus socios de ERC e ICV-EUiA, tiene la consistencia de una escudella barrejada, y el aroma añejo de la anterior edición del tripartito. Ciertamente, ha cambiado la proporción de algunos de los ingredientes de este potaje, que no causa los delirios de los gastrónomos, pero que su cocinero considera que es nutritivo políticamente hablando. El plato, humeante, está servido. Habrá que ver quiénes se apuntan a consumirlo y quienes, como CiU, PPdC y Ciutadans se niegan a ingerirlo. Y, eso, claro está, será en la sesión del viernes

Pocas novedades más allá de la sensación de dejà vu, dejà entendu, aporta el programa del nuevo Govern d’entesa, desgranando por el candidato a presidirlo. Hay en él continuismo, aunque con un cambio de prioridades, marcando más los acentos en cuestiones sociales y de infraestructuras (estas últimas cogidas con los alfileres de un tirar en público, dada la oposición de ICV-EUiA, a muchas de ellas) y, el obligado desarrollo del nuevo Estatuto. La gran mayoría de los proyectos que pretende desarrollar el nuevo gobierno catalán les vienen hechos por el ejecutivo saliente, del cual son legítimos herederos. Tres ejes principales: las personas y su bienestar, el desarrollo institucional y la economía vertebran el proyecto.

Noventa y un minutos duró el discurso de presentación del candidato a ser el 128º presidente de la Generalitat de Cataluña. Poco después de las once de la mañana, ante el pleno del Parlament de Cataluña, José Montilla Aguilera, un catalán de Iznájar (Córdoba), como gusta de definirse, empezaba su presentación con voz monocorde. Trataba con ello de explicar la gestación del plato. E, hizo un recorrido, al modo de los divulgadores culinarios, tanto de los ingredientes a utilizar como de los orígenes de ellos.

Y a la historia previa (léase el tripartito anterior) dedicó veinte minutos de su exposición, reconociendo, eso sí que “con este debate Cataluña abre una nueva etapa”, contando, claro está,con el apoyo de tres grupos parlamentarios, formados por 70 diputados y diputadas (su olvido del plural genérico fue una constante durante toda su intervención), reconociendo que aceptaba este reto con gran emoción. “Este no es un debate cualquiera, es posiblemente el debate más importante de mi vida”, dijo. Para recordar tautológicamente que “el pacto hace avanzar más que la crispación”.

Un cuarto de hora largo dedicó el candidato a glosar la figura de su antecesor Pasqual Maragall, “ha sido una persona diferente, especial, única, que siempre ha abierto caminos”, dijo. Y resaltó su faceta previa de alcalde de Barcelona, para presentarlo como el hombre que ha cambiado Cataluña, porque ha sido el hombre de la alternancia y el que sirvió de motor de arranque del nuevo Estatut –“que es de todos”, dijo Montilla--, un hombre al que “pediré consejo, por proximidad política y personal” (en ese momento, la cara del aludido era todo un poema), cosa que también hará con el expresidente Jordi Pujol, al que reconoció su aportación de gobierno.

Un país de primera

Reconociendo que para el nuevo gobierno comienza hoy un camino que lleve a Cataluña a la primera línea de las democracias europeas. Y que el objetivo es el de consolida la Cataluña de la justicia social y del bienestar, José Montilla lo resumió así: “quiero hacer de Cataluña un país de primera”. Porque este es el compromiso de las tres fuerzas, que tienen programas que presentan grandes coincidencias sobre la política social. Un gobierno, el de la entesa, que sigue la estela del anterior “gobierno catalanista y de izquierdas”. Y un recordatorio a la oposición de Convergència i Unió: “esta mayoría parlamentaria es tan legítima como otras posibles”.

El desarrollo del Estatuto conllevará una serie de medidas legales: ley de barrios, reforma judicial, una nueva ley electoral (de representación proporcional, anunció Montilla), rescate de los peajes, mapa de riesgos de Cataluña, la creación (en puridad re-creación) del Área Metropolitana de Barcelona, la asunción de la red de cercanías de Renfe, nueva ley de puertos, y la participación decisiva en el Consorcio que debería regir el aeropuerto del Prat.

Porque el propósito del tripartito entrante, que será un gobierno de progreso y transparente, es el de hacer realidad el sueño catalán de un país de hombres y mujeres libres. De la misma forma que la intención del candidato, si la cámara, le otorga su confianza es la de ser “el presidente de todos los catalanes y de todas las catalanas”.

Porque “yo no confundo el país con el partido y el gobierno”. Abundando en la definición de patriota catalán: “el patriotismo de los derechos y deberes de los ciudadanos esto es el catalanismo”. Para conseguir una Cataluña más avanzada, más próspera y más transformadora. “Esta es mi patria, señoras y señores diputados –dijo José Montilla--. No puedo hablar de la Cataluña de mis antepasados, pero si de la Cataluña de mis hijos y quiero que sea la Cataluña de mis nietos”.

 
Declaración de principios

Ya en la recta final de su discurso, tras el catálogo de proyectos , la oferta de diálogo a toda la sociedad y a los partidos de la oposición, la correspondiente ración de buenismo políticamente correcto dirigida a los sectores y minorías más desfavorecidas, y el hablar de la integración de la mujer, el candidato José Montilla, se presentó talk y como es, tal y como ha sido, tal y como piensa ser si es investido –que lo será—mañana presidente de la Generalitat de Cataluña. Una auténtica declaración de principios, adobada de legítima reivindicación de sus orígenes, en forma de precisiones personales: 

“Somos una sociedad madura –dijo- que o necesita ser dirigida de forma mesiánica (...) Prefiero pensar en término de autoridad moral.

Tengo la conciencia de ser un depositario del legado histórico.

Espero ganar desde el primer día esta autoridad moral”. Por ello, siguió diciendo, la acción del gobierno que él presida se basará en “el trabajo riguroso, decisiones razonables, confianza en la sociedad catalana y rendición de cuentas”.

Una tarea que el candidato quiere abordar desde la esperanza y no desde el temor, asumiendo los valores “que se practican y no se predican”, remató. Para reivindicar, explícitamente, el valor del respeto. Ya que el nuevo Gobierno, al servicio de una Cataluña que conoce su imbricación española y europea, es una nación compleja y poliédrica, como toda sociedad avanzada. Por ello, la acción del nuevo ejecutivo debe pasar por “pensar ordenadamente, actuar racionalmente, atender cálidamente”.

Ya con algo más de emoción (poca, no obstante) José Montilla finalizó diciendo: “soy un trabajador... Y me siento orgulloso que sea así.

Me siento un trabajador de la política. Seré el primer trabajador para Cataluña y para los catalanes”. Mi norma de conducta, antes, ahora y en el futuro pasa por el “servicio, el compromiso, el esfuerzo, la lucha y la confianza. Soy feliz de poder servir a mi país”. Eran las doce y treinta y siete minutos. Los escaños del tripartito aplaudieron con fuerza el discurso del candidato. En los de la oposición reinó el silencio.

El candidato ya se ha presentado. La escudella barrejada del programa, cocinado por el tripartito, bajo la dirección de Montilla ya está lista. Puede ser un plato de digestión pesada. De momento, a falta del trámite de la sesión de mañana: el plato está servido. A ver qué opinan los comensales. Y qué apetito tienen.

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