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Juan Sheput

La ética por los suelos

La ética por los suelos

El gobierno del presidente García acaba de ser acusado de un nuevo caso de sobrevaluación de precios, en este caso medidores de consumo de agua en la empresa SEDAPAL. El asunto ha sido –cómo no-  subestimado por la prensa y para beneplácito del gobierno se espera que no trascienda más. Una vez más se actúa sin ética, en el gobierno y en el proceso de información, contribuyéndose así de manera activa al deterioro de nuestra sociedad.

Hace unos días el ministro de Vivienda Hernán Garrido Lecca se jactaba de tener en los directorios de las empresas públicas a su cargo, a profesionales de primer nivel. Decía, entre líneas, que ello garantizaba eficiencia. De repente le contestamos, pero no es garantía de probidad. Se demuestra con los graves indicios de corrupción en la compra de medidores. Como se sabe, las mafias también reclutan a magísteres y PHD para lavar sus ingresos porque son conscientes que el tratamiento administrativo de la corrupción debe ser muy eficiente para no ser descubiertos. Cuando el pueblo dice “la sabe hacer” es una forma resignada de referirse a estos corruptos de cuello y corbata que crecen en sus ingresos personales y acumulación de bienes sin que se les pueda probar nada. En la inmensa mayoría de los casos estos sujetos cuentan con el silencio cómplice de la prensa, que guarda silencio sepultada por el juego de los intereses económicos y el sistema de prebendas que la invade. Por eso no basta con la sola capacidad. Es muy importante el sentido ético con que asuman su responsabilidad  pues de lo contrario utilizarían el conocimiento en perversa labor.

El gran problema del Perú de hoy es la ausencia de ética. La misma brilla por su ausencia en diversos estamentos. No hay ética cuando se silencia el deterioro o la corrupción gubernamental. No hay ética cuando se miente sistemática e impunemente. No hay ética cuando se manipula el poder para lograr beneficio personal.

En estos mismos días se debate acerca del futuro de una universidad muy prestigiosa en el país, la Pontificia Universidad Católica. Los que se refieren con orgullo a ella hablan de lo excelente de su pluralidad y formación recibida. No dudo que haya mucho de cierto en ello. Pero no mencionan el fracaso, no sólo de la Católica, sino del sistema universitario en general, en la enseñanza y práctica de la ética. Muchas de las universidades que se jactan de ser las mejores fueron grandes proveedoras, en algunos casos con exclusividad, de sinvergüenzas que contribuyeron al saqueo de la nación, primero en los años del primer gobierno de García y luego durante la década siniestra y corrupta de los 90 con el gobierno de Alberto Fujimori. Muchos de estos sinvergüenzas que fueron parte protagónica de los peores quince años de nuestra historia hoy son inclusive maestros de la misma universidad. ¿Qué enseñanza puede transmitir un sujeto que no dudó en colaborar con su prestigio y formación con la corrupción? No hay, a pesar de ello, un mea culpa de estas universidades, que no supieron transmitir que a la par de la excelencia académica se requiere de excelencia en la moral con un claro sentido ético. Esa es una manera de construir confianza, y por tanto esa es una manera contundente de contribuir al desarrollo nacional. En el Perú no sólo hay crisis de instituciones, hay ausencia de valores colectivos y una escasez terrible de referentes para nuestra sociedad.

Juan Sheput (Perú). Ex ministro de Trabajo
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