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Luis Carmona

Absurda visión maniqueísta

Absurda visión maniqueísta

Dice el refrán que “la cabra tira al monte”, y el Presidente de los Estados Unidos de Norteamérica confirma el dicho y los peores pronósticos proclamando una vez más que “quienes no están con nosotros, están contra nosotros”.

Este tipo (léase simio) de plano decidió cortar a la humanidad en dos, “buenos y malos”, -por supuesto ellos son los “buenos”- y su público, parlamentarios republicanos, demócratas, Generales, funcionarios y demás, aplauden de pie la frase “los vamos a destruir”, provocando un latido que en otro tiempo hubiese generado ascenso en la popularidad de Mr. Bush, ( que dicho sea de paso buena falta le hace) aunque para ser honestos ni antes, ni ahora, alguien atine a señalar con certeza ¿a quién o a quiénes? “vamos a destruir”, y yo me cuestiono -desde la perspectiva de un lejano septiembre negro- ¿puede el dolor de un pueblo por sus víctimas, por el orgullo herido, bloquear a tal punto su capacidad racional?, pero más penoso resulta ver como la mayoría de los gobiernos europeos aceptan mansamente implicarse en aventuras que no responden a los verdaderos intereses de sus pueblos. De ahí lo revelador y angustiante de sus palabras: vivimos en un mundo en el que sólo cuenta una voluntad y un designio, aquellos que decide y define la “gran potencia”.

El motivo -en opinión de Bush- es la democracia estadounidense que aborrecen los oscurantistas y fundamentalistas, un discurso entonces pleno de mistificaciones en el que el “bien” está sólo de una parte y el “mal” (alimentado por Satán) está del otro lado, debiéndose entonces liquidarlo sin miramiento alguno. Un discurso -he de reconocerlo- simple y sencillamente impecable en la forma, un mensaje que contiene también un tono religioso y ¿qué creen?, hasta lo encontré profético: la potencia asume el “destino manifiesto” de salvar al mundo del mal y de los odios anticivilizatorios; un discurso que, tan estúpida como inevitablemente, continuará estimulando la xenofobia y la discriminación, asumiendo, ahora sí -las circunstancias se prestan inmejorables-, una doctrina o visión de la realidad que admite dos principios creadores opuestos (teoría de manes o maniqueo) dividiendo al mundo cual película de ciencia ficción, en las fuerzas del bien y las fuerzas del mal.

Lo que resulta intolerable es que ningún líder mundial -si todavía queda alguno- haya tenido hasta ahora la estatura, la presencia moral y la decisión de exigir -ahora sí en nombre de la civilización- elementos tan simples como la prudencia y sensatez en la respuesta, o bien, que haya recordado a los dirigentes de la “gran potencia” que la comunidad internacional está regida por principios de derecho y por acuerdos internacionales que impiden reacciones ¿o serán acciones? como las acontecidas en los últimos años. Reacciones y acciones anunciadas en un sin fin de discursos que liquidan de un pinche plumazo el derecho internacional y la soberanía de los Estados (“quienes no están con nosotros están contra nosotros”), que liquidan y desvanecen siglos de esfuerzo, ahora estéril, por regular las relaciones entre las naciones libres y soberanas del mundo y que como consecuencia, destruyen el derecho, y es que ahora a los fundamentalistas de una parte se les ha respondido con otro fundamentalismo multiplicado, claro, un fundamentalismo que aprovecha a todas luces la ocasión para expandir aún más sus áreas de presencia política y militar.

Si, este tuerto jamás olvidará la muerte de miles de inocentes en los diferentes atentados terroristas, y eso me conmueve y créanme me marcará para siempre. Tanto como la de millones de víctimas de un sistema injusto que empobrece, excluye y mata por hambre, por represión, por bombardeos…por avaricia y por poder…

La situación internacional es mucho más compleja que lo que pretende explicar la primaria definición de Bush, desde ahora y por conducto de este gran Diario, decreto que cualquier ciudadano sensato de Arkansas, Buenos Aires, Barcelona, Chiapas, Montevideo, Brujas, Viena, Turín, Lima, Sao Paulo, La Paz, o de la más remota aldea del planeta, tiene derecho a no sentirse parte de ninguno de los dos trozos en los que Bush pretende partir al mundo, total, si el tiene derecho a decretar lo que le plazca, ¿yo por qué no?, si también este tuerto -aunque no lo crean algunos- forma parte de la humanidad…
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