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Fin de curso enlutado

Fin de curso enlutado

Supongo que muchos españoles iniciaron en las últimas horas sus vacaciones con el ánimo encogido y el alma enlutada; pienso que es bueno que no nos insensibilicemos ante el dolor inútil, ante la sangre vertida para nada por los asesinos de la banda del horror. Ha sido un final de julio –vaya mes hemos tenido—y un final del curso político para olvidar. Hay noticias que uno jamás quisiera dar, y en este mes negro ha habido demasiadas: los dos guardias civiles muertos, el atentado en Burgos, los coletazos del asesinato de un inspector, las agridulces (más agri que dulces) novedades económicas, la proliferación de incendios...No se trata de ser exhaustivo, pero lo menos que se puede afirmar sobre este mes de julio que se nos ha ido es que afortunadamente ya ha pasado: así, hasta el último minuto hemos tenido el alma encogida, pendientes de que la cuadrilla asesina decidiese conmemorar su aniversario con alguna nueva iniciativa inhumana.

Pero hemos tenido también algunos brotes verdes en lo moral: ver al jefe del Gobierno y al líder de la oposición unidos, al menos fotográficamente, a la hora de plantar cara al terrorismo ha sido, para mí, la mejor imagen posible, la más deseable. Lástima que la unidad no llegue algo más lejos, que no sea más duradera y no abarque más campos, pero ya me he convencido de la inutilidad de pretender lo imposible, por mucho que sea una mayoría de ciudadanos quien lo pretenda. Ya sé que es soñar, pero déjenme instalarme en la utopía, al menos por un rato: qué mejor servicio podrían haber prestado las dos últimas víctimas de ETA, nuestros dos últimos héroes, qué mayor utilidad a su sacrificio, que certificar, consolidar y ampliar la unidad entre los representantes de las dos grandes fuerzas políticas nacionales.

Y que no nos digan que esa necesaria unidad ante la crisis no se produce porque los caracteres de ambos son incompatibles. Esa explicación, que he escuchado demasiadas veces, no es incompatible: es impresentable. Y, al menos a mí, me coloca otro crespón negro en el corazón.

blog: Cenáculos y Mentideros
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