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¡La que nos espera!

Madrid va despertando poco a poco del letargo agosteño. Ya se nota en las calles la presencia de un mayor número de vehículos que hace una semana. Pero todo volverá realmente a las andadas el próximo lunes, cuando el regreso general se haga efectivo y toque el despertador para anunciar la vuelta al curro, a los quehaceres, al reencuentro con lo cotidiano, al tiempo malgastado en los atascos y al desgaste de nervios en las emboscadas del tráfico.

Pero este año el inicio del curso urbano puede sentar un precedente histórico en sentido negativo. Puede ser el caos, la representación del mayor atasco nunca visto, porque las vacaciones se acaban pero las obras no; porque los coches retornan a las calles y las calles andan manga por hombro. Es imposible que de aquí al lunes se despejen de cascotes y agujeros algunas vías de la ciudad. La situación no tiene precedentes, porque no los hay en cuanto a número de obras en Madrid, todas coincidentes en el tiempo y muchas de ellas en el espacio. Jamás esta ciudad ha conocido tantas obras callejeras como ahora; nunca ha estado tan acosada y sus calles tan intransitables. Es difícil encontrar un resquicio, un área, por pequeña que sea, donde no haya una obra, obrita o chapucilla que entorpezca la movilidad del peatón y del coche, porque hay un empeño personal de Ruíz Gallardón para que la remodelación del eje Prado-Recoletos, sea su proyecto estrella en su segundo mandato, pese a todos los inconvenientes que se le plantean desde la Comunidad, y ese proyecto que se ha iniciado por Atocha tiene en estos momentos tres focos de especial afectación al tráfico: la propia glorieta de Atocha, Neptuno y Colón.

Luego está el menudeo de las otras obras, algunas tan insignificantes como perturbadoras, que responden a las exigencias del Plan E, es decir, del Plan “Encerrona” a los conductores, unas necesarias y otras que podrían haber esperado. Ese Plan exige que el presupuesto se gaste dentro de este ejercicio actual; es decir, que las obras se finiquiten dentro de este año, de ahí el número y coincidencia de las misma, el aprovechar ese Plan hasta el último cascote, aunque a veces lo que se realiza resulta más dañino que provechoso. En fin, que el lunes puede ser un lunes de pasión para la vuelta al curro en coche. Las calles de Madrid se van a convertir en una atracción fatal para el desequilibrio nervioso, en una trampa, donde todos vivamos un episodio con título de película: “Acorralados”.
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