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El silencioso acuerdo entre Ecuador y EE.UU

El silencioso acuerdo entre Ecuador y EE.UU

En una entrevista para el diario El Universal, el ministro de Gobierno de Ecuador, Gustavo Jalkh, destacó el reciente convenio suscrito con Estados Unidos para el combate al narcotráfico y dijo que espera que ese tipo de cooperación se fortalezca con Colombia, ya que actualmente es mínima.

En su intervención, Jalkh recalcó que el actual convenio de cooperación con EE.UU., a diferencia de otros suscritos en el pasado, garantiza la independencia de las instituciones nacionales, y serán las autoridades ecuatorianas las que tomen las decisiones.

"Ahora sí está garantizada la independencia. La presencia del cooperante es un acompañamiento como observador; quien toma la decisión es la autoridad ecuatoriana"

Luego de conocer las declaraciones del ministro, no cabe menos que preguntarse a que se debe el majestuoso silencio reinante entre los países de la región ante tal convenio. ¿Por qué Ecuador no fue objeto de indignaciones ni de punzantes opiniones de algunos presidentes suramericanos respecto de su proceder y de sus tratados internacionales? Quizás la misma respuesta la da Jalkh al asegurar que el convenio garantiza la independencia de sus instituciones respecto del país colaborador.

Es preciso señalar en aquí los esfuerzos inútiles de un sinnúmero de personajes encabezados por los presidentes de Colombia y EE.UU, Álvaro Uribe y Barack Obama respectivamente, pasando por el embajador estadounidense en Bogotá, William Brownfield, el general del Ejército Nacional, Freddy Padilla, e incluso el ministro de Relaciones Exteriores de Colombia, Jaime Bermúdez, por aclarar que las bases militares no son estadounidenses sino colombianas y que la intervención americana sólo llegara hasta el punto de la sugerencias pues en cuestión de decisiones el personal colombiano seguirá teniendo toda su potestad y autoridad.

Sin embargo, a pesar de la continua repetición, algunos sectores de la región acallaron dichas aclaraciones con escándalos de rompimiento de relaciones y acusaciones de complots contra la democracia e intereses invasores.

Durante casi dos meses el Gobierno colombiano ha estado defendiendo con giras relámpago, comunicados y cumbres extraordinarias ante organismos suramericanos, su legítimo derecho a suscribir convenios con cualquier país siempre y cuando, como se asegurado muchas veces, éstos no supongan un peligro para la región.

Retomando, debe decirse que aún el Gobierno de Colombia no se ha pronunciado respecto del tema y quizá no lo haga si cumple su principio de no entrometerse en la política de los demás países, aún cuando el propio Gustavo Jalkh, recordó que los convenios anteriores entre Ecuador y EE.UU. supusieron una relación directa entre los organismos especializados con el país cooperante, lo que al final terminó por deteriorar la relación.

Además, el Ministro ecuatoriano evocó que por ello el Gobierno de su país decidió eliminar la Unidad de Investigaciones Especiales, UIESS, de la Policía, que mantenía una dependencia de la Embajada de EE.UU. en Quito, y emprender una reestructuración total de los cuerpos de inteligencia del Estado.

Jalkh destacó la creación, con fondos propios, de la Unidad de Lucha contra el Crimen Organizado, ULCO, en sustitución de la polémica UIESS, a la que se acusó incluso de depender de la Agencia Central de Inteligencia, CIA. “En la ULCO tenemos nuestra propia estructura, cadena de mando, recursos. La cooperación internacional apoya, pero no es la determinante", remarcó el ministro.

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