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Pues a lo mejor se ha sido injusto con Costa

Eso es lo que van diciendo algunos por los pasillos del Partido Popular, tanto a nivel nacional como valenciano: ¿y si hemos sido injustos con Ricardo Costa? El ya virtual ex secretario general del PP valenciano lanzó este martes, antes de recibir la patada en salva sea la parte, una andanada de las que hacen pupa: ¿por qué la picota para él, que, al fin y al cabo, no está imputado, que ha podido aportar las facturas de la compra de un coche que las filtraciones del sumario Gürtel consideraban un regalo del ‘amigo’ Bigotes? ¿Es delito contratar con Orange Market? ¿Delito ser amigo de Alvaro Pérez?

No, no es delito nada de eso. Ni tener gustos caros, ni coleccionar relojes, ni exhibir un acento algo ‘pijo’ y camisas un par de tallas más pequeñas. Ocurre que la guillotina ha pasado sobre Costa, a quien le ha ocurrido lo que a esos empleados a los que su empresa despide súbitamente, sin que haya razones muy claras para ello: ha caído en desgracia, ya no interesa a su ‘empresa’ -y, en este caso, más vale que el PP funcione como una empresa rigurosamente auditada-, ya no ‘vende’. Y, entonces, empiezas a notar que tus compañeros te hacen el vacío, el portero del inmueble no responde a los ‘buenos días’, el teléfono deja de sonar: estás sentenciado, y no sabes muy bien por qué, más allá de aquella bronca con Mengano, el que ascendió a jefe de planta.

Mala suerte, Costa. Camps ha hecho lo que tenía que hacer -sin duda con harto dolor de su corazón-, Rajoy también. Y tú, Ricardo Costa, rebelándote en público contra tu destino, también.

La política es así, ya te digo: una máquina de picar carne. Y lo peor es que habrá alguno que se ha forrado con todo esto que se está hartando de reír con lo tuyo.
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