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Reendeudamiento

Reendeudamiento

El gobierno argentino está intentando volver a los mercados internacionales de crédito.

Parece que fue hace un siglo cuando, en el Salón Blanco de la Casa de Gobierno,
 Néstor Kirchner, rodeado de adulones de todo tipo y color, anunciaba, 9000 millones de dólares de las reservas mediante, la cancelación anticipada de la deuda con el FMI. Parece más lejana aún, la política de “desendeudamiento” encarada por la Revolución K. ¿Qué sucedió camino al Foro? Hubo una crisis financiera internacional, una recesión global y una sequía local, que cambiaron el contexto, es verdad. Pero los datos del INDEC no registran nada grave y los números oficiales indican que la Argentina logró mantenerse relativamente al margen de los problemas internacionales.

¿Por qué y para qué interrumpir, entonces, el programa original de “independencia financiera”, buscando una relación más amistosa con el FMI, reprogramando vencimientos de deuda generada por esta misma administración, y yendo en busca de colocar nuevos fondos?

Simplemente, porque la explosión de gasto público de los últimos años, sólo puede ser financiada, ahora, más allá de la expropiación de los fondos de pensión que parecía la “solución de todos los problemas argentinos”, con una mezcla letal de impuesto inflacionario y presión tributaria asfixiante. Letal para las aspiraciones políticas del kirchnerismo con vistas al 2011.

En este contexto, se da la paradoja de que serán los denostados mercados financieros internacionales y los insultados y rechazados organismos multilaterales de crédito los que, eventualmente, terminarán financiando la campaña política K.

Paradójicamente también, los mismos mercados que un día le dijeron basta a De la Rúa y Cavallo, alentando el “default constructivo” que se concretó a fines del 2001, son los que hoy pueden salvar a Kirchner del ajuste del gasto, y de un realineamiento violento del set de precios relativos totalmente distorsionados que su política generó en los últimos años. O de un tortuoso final de mandato, con alta inflación y estancamiento.

Y aquí está el tema central del “reendeudamiento”. Nuestro país necesita normalizar el acceso al crédito para financiar la transición hacia una política económica que reinserte genuinamente a la Argentina productiva en la globalización. Que permita incentivar la inversión privada y la productividad, sincerando precios, liberando mercados, reestructurando el sistema impositivo y la relación Nación Provincias. Alentando el empleo formal con otros costos laborales, reasignando gasto hacia educación, y subsidiando, exclusivamente, a quienes hay que subsidiar.

Obviamente, esto no forma parte del “programa K.”. El crédito es, insisto, simplemente, para no tener que recurrir tanto a la emisión monetaria y a las reservas del Banco Central, al impuesto inflacionario, en síntesis, para pagar deuda y poder, además, aflojar algo en la presión impositiva formal, negociando con los sectores más conflictivos.

Dos objetivos muy loables, por cierto, en especial, el evitar que los pobres sigan pagando con inflación el subsidio a los ricos, pero objetivos centrados, exclusivamente, en las aspiraciones políticas de corto plazo. Con acceso al crédito a tasas aceptables, pero sin programa, ni condiciones, como quiere K., nos encaminamos a una transición política más tranquila, a una inflación alta pero estabilizada y a una economía que rebota en el 2010, más o menos fuerte, dependiendo más de las condiciones internacionales, la debilidad del dólar y una buena cosecha, que de la política económica local.

Sin acceso al crédito, el desorden del “día a día” K. se hará más evidente y las consecuencias sobre la tasa de inflación, la fuga de capitales, la inversión y el nivel de actividad, en especial a partir de la segunda mitad del 2010, se verificarán en un escenario con tendencia más a la estanflación que al crecimiento.

La historia argentina es diáfana al respecto. Sin una reforma de la política fiscal de largo plazo, tarde o temprano, se trate de un gobierno neoliberal y reaccionario, de uno radical progre, de uno radical neoconservador, o de uno revolucionario de izquierda, siempre se termina dependiendo de los mercados financieros internacionales y de la buena voluntad política del Directorio del Fondo. (Después de todo, la Argentina tuvo más de 17 programas con el FMI y no cumplió ninguno. )

Néstor Kirchner podría parafrasear los versos que Borges le dedica a Laprida y recitar “…yo que anhelé ser otro… me endiosa el pecho inexplicable un júbilo secreto. Al fin me encuentro con mi destino argentino”.

Pero aquí no se trata de la Patria. Los banqueros no la tienen, y los políticos que sólo buscan salvar su pellejo y conservar el poder, tampoco.

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