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Primer paso entre las operaciones que están por venir

Las noticias económicas que vienen: empiezan las grandes 'movidas' empresariales

· La entrada de Sacyr en Repsol, que queda blindada anti-opas, es sólo el principio

martes 17 de octubre de 2006, 12:43h
Ayer llegaba el bombazo: la constructora Sacyr Vallehermoso adquiría el 9,23% de Repsol YPF e intentará hacerse con el 10%. Así está el sector del ladrillo, que es capaz de entrar en el control de una petrolera que opera a nivel internacional. Pero el 'golpe' del grupo que preside Luis del Rivero es sólo el primer paso de una gran caminata que está por venir: grandes 'movidas' y grandes operaciones empresariales se prodicirán en los próximos meses. Y con la opas sobre Endesa de fondo, claro.
Luis del Rivero
Luis del Rivero

Menuda está la economía española, al menos si se mide por la actividad de los principales sectores. Al final, resulta que tanto las elecciones catalanas, como las negociaciones para el debate parlamentario en torno a los Presupuestos para 2007, o como los resultados de los sondeos que proliferan estos días en torno a intenciones de voto en elecciones futuras, están fuertemente condicionados por la marcha de los asuntos económicos.

Y la economía, dicen todos los indicadores, marcha endiabladamente bien. Con todas las cautelas y prevenciones de futuro que se quieran poner, pero lo cierto es que el dinamismo que muestra la economía española, enmarcado en el dinamismo general de la economía occidental, es, simplemente, brutal. Y ya no es justa la acusación que se hacía a nuestra economía en el sentido de que dependía exclusivamente del ladrillo y la paella, es decir, del 'boom' algo artificioso de la construcción y del turismo.

Y eso se percibe en las conversaciones de café y de restaurante, en los desayunos políticos tan frecuentes en Madrid, en los que puede verse a los satisfechos grandes empresarios en busca de ver y que les vean: por allí pululan frecuentemente Florentino Pérez, Luis del Rivero, Juan Miguel Villar Mir, José Manuel Entrecanales 'el joven' y, en ocasiones, Antonio Brufau o los presidentes de grandes empresas internacionales.

Todos los citados están en las columnas de la rumorología, que hablan de opas posibles, de compras y ventas en grandes bancos, que insisten en la voracidad de constructoras por las eléctricas -ya no saben dónde meter el dinero-, o en los muchos que tienen puestos los ojos en el acero, en la gestión de aeropuertos internacionales... Mejor no detallar todo lo que se está diciendo, porque resultaría excesivamente prolijo, y unas cosas pueden cuajar y otras no.

Sucede que, de resultar efectiva la mitad de los intentos de opar, fusionar, comprar o vender que agitan como un viento huracanado las embravecidas bolsas españolas, el panorama económico de nuestro país habría sufrido tal vuelco que iba a resultar difícil recomponer las alianzas y las nóminas de la clase económicamente dirigente. Algo, bastante, va a ocurrir, sin que pueda precisarse a ciencia cierta -algo sí podemos imaginar- quién se hará con quién y en qué términos. Ni, por supuesto, los efectos a medio y largo plazo que toda esta movida de los sectores más dinámicos de la economía pueda tener sobre el grado de bienestar de la población.

Tampoco resulta fácil determinar hasta qué punto el Gobierno de Zapatero, gran intervencionista desde las sombras en tiempos de hacerse con la Repsol de Cortina o de intentar repetir la hazaña con el BBVA de Francisco González, está ahora al tanto de todo lo que se cuece. Y no es que sea deseable el intervencionismo gubernamental -véase, si no, lo ocurrido con las opas sobre Endesa: un lamentable espectáculo del que el ex ministro de Industria, el hoy candidato Montilla, ha tenido mucha culpa-. Pero sí debería esperarse un cierto ordenamiento, de manera que la voracidad lógica de los empresarios no acabe redundando contra las ventajas de la competencia o en un empeoramiento de las condiciones de trabajo, del medio ambiente o de la calidad de vida de los ciudadanos.

España estalla por las costuras: ya no cabe en el traje, hasta recientemente acomodado, en el que se contenía. La demanda supera a la oferta, la capacidad de endeudamiento se multiplica y el crecimiento anual previsto sigue superando al de los países más ricos de la Unión Europea. Ni el panorama de las eléctricas, ni el de la banca, ni -por supuesto- el de las boyantes constructoras va a ser el mismo dentro de apenas unos meses, si es que no dentro de unas semanas. Cuestión de tamaño, sin duda. Es un cambio imparable, en parte d ictado por la globalización de la economía y por la era de prosperidad que vive toda Europa, para no hablar del 'permanente buen momento' de los Estados Unidos y de la necesidad de hacer frente a ese gigante que ya ha despertado, China, con sus enormes exigencias de materias primas y sus grandes retos exportadores.

Lo que ocurre es que no acaba de verse que alguien idependiente, tratando de ordenar la carrera loca, esté cabalgando el tigre, que a toda velocidad se adentra en la selva. Claro está que no hay que tener miedo al cambio. Excepto cuando el cambio, azuzado por deseos de rapiña, amenaza con ser algo parecido a un incontrolado caos. ¿Es este el caso?

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