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Los ejércitos dejaron de ser franquistas

Los ejércitos dejaron de ser franquistas

La Universidad de Barcelona realizó, en el año 2000, una encuesta en las academias y escuelas militares de oficiales y suboficiales, sin la presencia de mandos, y sobre un universo de 600 individuos, entrevistó a 584. En este aspecto, la fiabilidad del sondeo alcanza unos niveles a los que ningún otro podría, en la práctica, llegar. Una de las muchas conclusiones que salía de sus páginas, con cuadros, cruces y análisis, es que los futuros mando medios españoles respondían entonces a los mismos parámetros que otros ejércitos de nuestro entorno: mayoría de pensamiento de centro derecha y ausencia casi absoluta de perfiles de extrema derecha o antidemocráticos.

 En nuestros días, los nuevos generales pertenecen a promociones que ingresaron en las academias cuando Franco ya había muerto y las Fuerzas Armadas han registrado una transformación de tal envergadura que  resultan irreconocibles para muchos de quienes  las observaron o conocieron hace veinte años. Entonces, los ejércitos españoles eran todavía ejércitos seminacionales, al haber nacido de una guerra civil y en los altos mandos habían calado profundamente el espíritu y las enseñanzas recibidas en las Academias, con Franco vivo, y dispuesto a dejarlo todo atado y bien atado utilizando, una vez más, a los ejércitos como instrumento.

Pero desde entonces a acá todo ha cambiado.¿Las causas? Pueden buscarse en las nuevas normativas que han reformado los códigos castrenses y la organización interna, la incorporación de la mujer, las misiones internacionales y un sentimiento de respeto a las instituciones civiles que ha calado en nuestros militares.

La Transición fue posible a la confluencia de una serie de voluntades y en lo que respecta a las Fuerzas Armadas fue más difícil y sino ahí están para demostrarlo los intentos de golpes militares fracasados todos en sus diferentes fases de organización. Nada de eso hubiera sido posible sin que la mayoría de los mandos militares aceptasen, de mayor o menos grado, el hecho de la democracia como sistema para España. Unos lo hicieron porque siguieron las órdenes de Franco en su testamento sobre la obediencia que debían al Jefe de las Fuerzas Armadas y heredero del Caudillo: El Rey Juan Carlos. Otros, porque de buena fe creyeron que el sistema era el que mejor servía a los intereses de la Patria.

Pero ya ha pasado mucho tiempo y las cosas en nuestras Fuerzas Armadas están bastante claras, aunque como ciudadanos, les guste más o menos, las formas y el fondo de los gobiernos de turno a los que siempre obedecerán. Ya no existen unos ejércitos seminacionales en España, sino unas auténticas Fuerzas Armadas nacionales, con todas las virtudes y defectos.

¿Qué queda de Franco en nuestros ejércitos? Nada. A pesar de algún nostálgico diluido en el paisaje o que considera que los militares deben ser autónomos respecto a la sociedad civil se puede ser así de contundente. Nada
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