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La paz según Obama

El nombramiento de Barack Obama como ganador del Premio Nobel de la Paz ha sido polémica desde el momento mismo del anuncio. Aún ahora, los escépticos insisten en que Obama no sólo no ha hecho gran cosa por la paz sino que preside un país en el que el conflicto armado resulta casi un modo de vida. El argumento tiene sentido. A pesar de que pocos actos pueden compararse, si se trata de promover la paz y la concordia, al histórico triunfo de Obama en las elecciones presidenciales del año pasado, lo cierto es que el presidente de Estados Unidos no ha cumplido ni uno solo de los compromisos que adquirió en campaña para cambiar el rostro beligerante de su país en los ocho años de George W. Bush. No ha cerrado Guantánamo ni ha terminado con la guerra en Irak y Afganistán. En el segundo caso, Obama ha hecho, en realidad, lo contrario a lo que se comprometió cuando era candidato: el conflicto no sólo no terminará antes de que termine 2009, se alargará probablemente hasta 2012. Para muchos de los votantes demócratas, el endurecimiento de la política exterior del presidente debe sentirse como una traición: este hombre, que parecía un pacifista nato, ha resultado ser un pragmático. Para los escépticos, ahí está el discurso de Obama en Oslo.

Las palabras de Barack Obama al recibir el Nobel deben leerse como una declaración de principios de una valentía muy particular. Se necesitan pantalones para recibir el Premio Nobel de la Paz y defender la necesidad de la guerra justa. En un mensaje seguramente dedicado no sólo a los votantes estadunidenses sino también a una Europa cada vez más renuente al compromiso de tropas en conflictos de cualquier tipo, Obama se declaró partidario de uno de los conceptos más debatidos y complejos de nuestros tiempos: la idea de que la guerra, ese acto abominable, es en ocasiones necesaria.

Unos minutos después de concluido el discurso del presidente de Estados Unidos en Oslo, comencé a revisar las reacciones de la comunidad de Twitter. La mayoría de los twitteros criticaban a Obama. “Ninguna guerra es justificable. La violencia genera violencia”, decía uno. “Estados Unidos sólo pelea guerras que le convienen”, se quejaba otro. Ambas posturas son comprensibles. Pero también son insuficientes si se quiere debatir la guerra justa con seriedad. Por supuesto, ninguna guerra es deseable. Pero eso no quiere decir que, como señalara Obama, en realidad existen momentos en los que la única manera de garantizar la paz es la intervención militar.

Michael Walzer, el gran filósofo político y experto en la idea de la guerra justa, lo explica de esta manera en The New Republic: “Ni los Hutu en Ruanda, ni los nacionalistas serbios, ni las milicias en Timor Oriental, ni mucho menos el gobierno de Sudán en Darfur mostraron ambivalencia sobre el uso de la fuerza. Tampoco hay ninguna ambivalencia en los radicales islámicos en muchas partes del mundo. Así, el argumento más fuerte de Obama es que la ambivalencia de Occidente no es una respuesta útil en todos esos casos”. Y esa es, en el fondo, la naturaleza del pragmatismo de Barack Obama: Estados Unidos y sus aliados tienen la obligación de intervenir en conflictos donde una guerra evitaría un mal mayor. El ejemplo de Sudán es perfecto. ¿Está justificada una acción militar para proteger a una minoría perseguida, violada y exterminada de manera sistemática? Al parece, Obama diría que sí. Y cualquiera que haya leído y visto las historias de lo que ha ocurrido en Darfur debería estar de acuerdo. En ese caso, lo injusto —y lo inhumano— es la inacción.

Pero Obama no sólo defendió la necesidad de la guerra. También aclaró que, en su gobierno, la conducta ética durante un conflicto es tan o más importante que la victoria en el mismo. A diferencia del despreciable comportamiento de algunas tropas estadunidenses que han actuado con una impunidad sólo equivalente a la crueldad de sus acciones, Obama desea que los soldados de su país se comporten siempre bajo reglas estrictas de conducta moral. Sabedor de que los conflictos del siglo XXI se ganarán no sólo en el campo de batalla sino en el de las ideas, Obama aprovechó el galardón para recordarles a sus soldados que no todo se vale en la guerra, mucho menos si se quiere ganar la paz. No es poca cosa.

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Opinión extraída del Periódico Milenio 15/12/2009

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