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Arenas, Chaves y Griñán, Tres veteranos en la Feria de Sevilla

Arenas, Chaves y Griñán, Tres veteranos en la Feria de Sevilla

La sucesión de Manuel Chaves al frente de la Junta de Andalucía fue una de las sorpresas políticas del año que nadie esperaba ni en las fechas en que se produjo, ni en la forma, ni en resultado. El propio presidente andaluz había venido desmintiendo  sistemáticamente los rumores de una retirada después de más de 20 años ganando por mayoría absoluta a un PP que lo ha sido todo menos poco batallador. Las broncas en el parlamento andaluz, muy especialmente las protagonizadas por la ex número dos de Chaves, Magdalena Alvarez –luego elegida ministra de Fomento- y la alcaldesa de Cádiz, Teófila Marrtínez han marcado una época. La vuelta de Arenas a la palestra andaluza, después de su paso por Madrid en la época de Aznar, hizo retomar las esperanzas al PP, pero de nuevo volvió a ganar Chaves en marzo de 2008, echando abajo todas las posibilidades populares que a pesar de todo seguían confiando en tener su oportunidad en el momento en que Chaves se marchara.

En abril de éste año ZP daba un golpe de efecto remodelando su Gobierno para cambiar a Pedro Solbes por Elena Salgado al frente de la cartera económica y aprovechando el tirón para hacer el relevo de Manuel Chaves, que fue nombrado de improviso vicepresidente tercero de Política Territorial en medio de un aguado  debate sobre la financiación autonómica que aún persiste a pesar de que las Autonomías se llevan ya la mitad de los dineros del Estado.

Si sorprendente fue la marcha de Chaves, a su 64 años, y su nombramiento, aún más lo fue el  que escogiera para sucederle a un hombre de 63 años, José Antonio Griñán, que ya había sido su sucesor en la cartera de Trabajo veinte años antes. Ni Magdalena Alvarez, que era una de las candidatas –que se marchó a Europa muy quemada en la Cartera de Fomento- ni Mar Moreno, 49 años, consejera de Educación andaluza, que aspiraba a serlo, contaron a la hora de la decisión final. Ni cambio generacional –como sí ha ocurrido en Extremadura- ni nada.

Queda, sin embargo, saber si Griñán va a aguantar el tirón de aquí a marzo de 2012 y para empezar si Chaves le traspasa o no los mandos del Partido Socialista andaluz, porque una cosa es tener las riendas del Gobierno y otras las del partido. En noviembre, Griñán volvió a la carga e intentó sacarle a Chaves el hacer un Congreso extraordinario del partido para que le ungiera como su sucesor.  Solo consiguió la vaga promesa de que será el candidato oficial ala Presidencia andaluza y que antes o después se celebrará ese congreso donde se tiene que dar el relevo.

La campaña desatada por el PP contra Chaves por el caso de la empresa Matsa donde trabajaba su hija, en el que le acusan de haber concedido una subvención extraordinaria, ha hecho recelar al ex presidente de la Junta andaluza de romper amarras antes de que el caso concluya y las aguas vuelvan a su cauce, porque ya se sabe que cuando un político pierde el mando no siempre puede contar con que sus sucesores van a defenderle en una batalla judicial y mediática.

Por si acaso, Griñán corre cada día más de 5 kilómetros para demostrar a propios y extraños que está en plena forma física y que puede convertirse en la cabeza del PSOE andaluz a punto de cumplir la edad de jubilación en 2012.
Arenas parece que lo tiene más fácil a pesar de que ya ha perdido tres elecciones consecutivas y que el PP a pesar de dominar en gran parte de las capitales de provincia, no consigue superar a su adversario. Arenas tiene a su favor la falta de un líder alternativo del PP en Andalucía. Ha demostrado además su fidelidad a Rajoy a prueba de bomba y es un miembro muy destacado de su dirección nacional.

Arenas echa la culpa de sus derrotas al sistema de clientelismo político y social impuesto por Chaves hace más de 20 años en Andalucía con el famoso PER (Plan de Empleo Rural) que ha repartido miles de millones de euros entre los jornaleros y otros muchos trabajadores temporales andaluces. Un sistema que el PP nacional acusa ahora a Zapatero de querer implantar en toda España con el famoso pago de 460 euros mensuales a los parados que queden sin cobertura de desempleo.

Arenas, que llegó a la política con un claro certificado centrista, que le valió convertirse en ministro de Trabajo y Asuntos Sociales en el primer Gobierno moderado de Aznar, giró bruscamente hacia el sector más duro del partido –sin perder nunca su talante dialogador- cuando el presidente de honor del PP se fue hacia la derecha más españolista en su segundo mandato, aceptando sin ninguna duda la postura del Gobierno español a favor de la guerra de Irak, frente a otros dirigentes que, como Rodrigo Rato, plantearon en privado sus dudas o no se apuntaron con tanto entusiasmo a la cruzada de Bush, Blair y Aznar contra Sadam Hussein.

Perdida su etiqueta de centrista, que le daba una personalidad propia en el seno del PP, Arenas ha apostado todo a Rajoy, frente a otras líneas más duras como la que representa Esperanza Aguirre. Pero todo puede cambiar si Rajoy cae. Lo que se parece claro es que en la próxima crisis del PP, Arenas optaría por no moverse de Andalucía. Los tiempos en que aspiraba a jugar en Madrid ya se han pasado.
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