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Chacón y Trillo. Un ministerio siempre en el punto de mira

Chacón y Trillo. Un ministerio siempre en el punto de mira

Carme Chacón ha tenido un año muy complicado, primero fue su anuncio de la retirada de las tropas españolas de Kosovo, un país cuya independencia dictada por Estados Unidos y apoyada por los países más fuertes de la Unión Europea, España no comparte en absoluto. El desgajamiento de la Yugoslavia de Tito en pequeños países divididos por religión y lenguas diferentes demuestra lo erráticos que son los caminos de la alta diplomacia norteamericana más preocupada de eliminar a un posible aliado de Rusia en Centro Europa, como Serbia, que en buscar soluciones globales homogéneas.
El duro castigo mediático que sufrió Chacón por el “caso Kosovo”, de donde nos hemos ido finalmente sin más problemas, fue producto de la conjunción de los diferentes lobbys norteamericanos que funcionan en España con fuerte presencia en las secciones internacionales de los grandes medios de comunicación, y la curiosa –por llamarlo de algún modo- forma que tiene Mariano Rajoy de hacer oposición en un tema que, por un lado, el PP estaba de acuerdo con la postura del Gobierno ZP, y, por otro, apuntándose a la campaña anti chacón, lo mismo que cuando el PP asiste a las manifestaciones antiaborto, a pesar de que cuando gobernaba mantuvo la ley del aborto.
El desliz de Kosovo tuvo, sin embargo, la importancia de poner de manifiesto la caída en picado de la ministra de Defensa en el favor de Zapatero, después de que en diferentes medios se hubiera destacado, tras la victoria electoral de marzo de 2008, que Chacón había jugado, junto al PSC, un papel importante en la nueva derrota de Rajoy, y que ella era la destinada a suceder a Zapatero en 2012.

Desde el “caso Kosovo”, Carmen Chacón no volvió a ser la misma, perdiendo protagonismo y escondiéndose hasta de la prensa. La Chacón expresiva dejó paso a una ministra discreta, mucho más seria y demasiado embutida en su papel de director del Ejército en donde se ha apoyado en un Jefe de Estado Mayor, José Julio Fernández, que ha sido todo un descubrimiento, ya que no ha dudado en dar la cara ante el Congreso y ante los medios de comunicación siempre con una gran fidelidad a su ministra, y que no desmerece en nada al papel que jugó también su predecesor Félix Sanz Roldán.

Precisamente el cese traumático del director general del CNI, Alberto Saiz, evidenció de nuevo la falta de conexión personal de la ministra de  Defensa y la Moncloa. Chacón había aceptado a regañadientes la continuidad del Alberto Saiz, un hombre que llegó al CNI de la mano de José Bono, sin ninguna experiencia, pero que supo hacerse valer ante Zapatero, De la Vega y el propio Rey Juan Carlos. Los problemas con los militares del CNI acabaron obligándole a dimitir y a dejar de nuevo claro que Chacón no mandaba ni en su cese ni en el nombramiento de su sucesor el general Félix Sanz Roldán.
Pero la piedra de toque que está poniendo a prueba a Carmen Chacón es la Guerra de Afganistán, un conflicto en el que Zapatero decidió meterse para demostrar a Estados Unidos su fidelidad a la OTAN y tapar el antiamericanismo que demostró no levantándose en el desfile del 12 de octubre de 2003 al paso de la bandera USA y sacando a las tropas españolas de Irak nada más ganar las elecciones.

La guerra de Afganistán que ya le costó a Aznar 62 muertos en el accidente de Yak 43 y a su ex ministro de Defensa, Federico Trillo, una larga peregrinación mediática y judicial, acusado por los familiares de los militares fallecidos, de haber alquilado aviones en mal estado y mal pilotados, además de haber mentido en la identificación de los cuerpos.

Trillo, que es un superviviente de la política, como los es Fraga –quien resiste gana- a su estilo o José Bono y Manuel Chaves al suyo, cada uno, no sólo ha hecho realidad el proverbio español :“a mal tiempo, mala cara”, sin que ha conseguido volver a colocarse en un puesto preferente en la dirección del PP, al lado de Rajoy.

Esta “recuperación” de Trillo se evidenció en el papel clave que jugó al estallar el “caso Gürtel”, plantando cara y recusando al juez Baltasar Garzón y en los continuos recursos jurídicos que el PP ha llevado ante diferentes tribunales, ya sea por el Estatut de Cataluña o por la ley de ampliación del aborto.
Si Chacón ha caído en los favores de Zapatero, Trillo sin aparecer más de los preciso, ha conseguido que los efectos del Yak 43 se atenúen hasta casi desaparecer y que Rajoy aprecie su fidelidad y sus buenas dotes político jurídicas. Su cercanía al Opus Dei y su sentido del Estado hacen de él un incombustible, mientras que Chacón, que también ha demostrado que sabe encajar los golpes y pasar a un segundo plano cuando no ve clara su situación, está tratando de afrontar su continuidad en la política cuando deje la cartera de Defensa. Una de sus probables salidas, volver a Cataluña, lo tiene muy difícil a no ser que Montilla pierda las elecciones del próximo año. Trillo, en cambio, no corre peligro por lo menos hasta 2012. Después ya haré valer sus dotes de jurista, que siempre son bien recibidas especialmente cuando los políticos deciden judicializar la vida pública.
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