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Un año de embajador económico de España

Un año de embajador económico de España

Cuando suenen las doce campanadas el próximo 31 de Diciembre que pondrán fin al año 2009, se cerrará también uno de los años más viajeros del Rey Juan Carlos. Por ir, el jefe del estado español ha ido hasta las mismísimas antípodas españolas, exactamente a Nueva Zelanda y a Australia, dos países de gran peso político y económico y de creciente influencia en el ámbito internacional, con unas economías saneadas en las que los empresarios y hombres de negocios españoles intentan hacerse un hueco.

Porque ese afán viajero del Rey, es preciso aclararlo cuanto antes, no obedece al deseo de hacer turismo ni de ver mundo, que ya lo ha visto muchas veces, sino a la voluntad de apoyar a las empresas españolas en su necesidad de proyectarse en el exterior, especialmente en unas circunstancias en las que el mercado interior anda aún con muchas dificultades debido a la crisis económica. Ese ha sido el eje en torno al cual se han programado desde el Ministerio de Asuntos Exteriores y la Casa del Rey los viajes a once países de cuatro continentes: Europa, en donde ha visitado Malta, Estonia, Letonia, Lituania, Portugal y las Islas Madeira; África, en donde visitó Libia; América, con estancias en Jamaica, Trinidad y Tobago y Estados Unidos: y Australia, en donde ya se ha citado la visita al continente australiano y las dos Islas que componen Nueva Zelanda.

A bordo del avión de la Fuerza Aérea Española y acompañado por el Ministro de Asuntos Exteriores y, en algunos casos, de miembros del ejecutivo del área económica e industrial, el Jefe del Estado español ha asumido más que nunca su papel de embajador de España, sobre todo de la economía española. Don Juan Carlos ha desempeñado con más entusiasmo y responsabilidad que nunca su misión de abrir puertas que permitan luego a los miembros de las delegaciones empresariales concretar oportunidades de negocio en esos países.

De ahí la decisión de viajar a naciones en fase de expansión económica que precisan desarrollar unas infraestructuras que ayuden a su modernización y en las que España posee una amplia experiencia y ha desarrollado una industria puntera en el campo de la construcción, las nuevas tecnologías, las comunicaciones, el turismo, las energías renovables y algunas más. El viaje de los Reyes a dos ciudades del estado de Florida, Pensacola y Miami, fue diseñado para que el monarca interviniera en el importante encuentro empresarial España-Florida que se celebró en Miami, dedicado a las energías renovables, en el que participaron más de 1000 empresarios de ambos países. Se trataba de que la imagen misma del Rey hiciera de aval de un sector industrial como es el de las energías eólica, solar y de biocombustibles en el que España es pionera.Para rematar la estancia en Miami, nada mejor que una visita a un asentado festival culinario y de vinos en la capital de Florida en el que los Reyes respaldaron a un sector tan importante y de tanta repercusión mediática como es el de la alta cocina y los grandes chefs españoles.
En Australia, el sector naval español fue el protagonista del viaje al país más alejado del nuestro ya que durante la visita del Rey se consiguió cerrar importantes contratos con la empresa Navantia para construir varios destructores y buques anfibios para la Marina australiana. Este contrato permite asegurar la carga de trabajo de la empresa naval española y ver con confianza el futuro de la compañía y sus trabajadores.

Pero si hay un viaje plagado de anécdotas y en el que don Juan Carlos tuvo que desplegar todo su poder de persuasión además de toda su paciencia fue el efectuado a la República Popular Libia, regida por su excéntrico líder, Muamar el Gadafi. Todo por la causa de normalizar las relaciones con un país productor de productos petrolíferos que tiene mucho por hacer con los beneficios de sus ventas para poner a su país al nivel adecuado para el siglo XXI.

Cosas de familia

El Rey ha ejercido también de patrón en el ambiente familiar en el que dos son los hechos que han acaparado la atención de la opinión pública: el anuncio de divorcio inminente de la Infanta Elena y Jaime de Marichalar y el traslado de la Infanta Cristina y toda su familia a vivir a Washington.

En el caso de la primogénita del Rey, el paso dado hace unos días al anunciar los abogados de las dos partes el envío del expediente de divorcio, de mutuo y común acuerdo, ha puesto punto final a un matrimonio de doce años. Tras dos de cese temporal de la convivencia, en los que la pareja no sólo no logró superar sus diferencias sino más bien ahondar la sima que les separaba, se ha optado por el divorcio de los Duques de Lugo para legalizar una separación de hecho. La incógnita está ahora en saber si el divorcio será el primer paso previo a la anulación matrimonial para disolver todos los vínculos adquiridos al casarse en la primavera de 1995. Dada la condición de católicos de los dos, parece lógico pensar en ese camino para cerrar del todo una unión y dar plena libertad a los cónyuges para rehacer sus vidas.

El traslado de los Duques de Palma a la capital estadounidense, donde Iñaki Urdangarín ha asumido importantes responsabilidades en Telefónica y doña Cristina seguirá colaborando con la Fundación “La Caixa”, es un cambio de aires de la pareja cuyo entendimiento y armonía trasciende su imagen de familia feliz. Hay quien ve en esa mudanza un alejamiento de los focos de los medios de comunicación de la Infanta y de las habladurías que ponían en tela de juicio algunos de los negocios emprendidos por su marido. Sin embargo, es fácil de adivinar que vivir unos años fuera de España es una buena experiencia para cualquier pareja y una oportunidad de oro para que sus hijos amplíen sus horizontes, aprendan a fondo una lengua como el inglés y conozcan mejor el “american way of life”.
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