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“Chispas y sombras” (I)

“Chispas y sombras” (I)

Esperanza Aguirre y Alberto Ruiz Gallardón distan mucho de ser “tal para cual”, pero hasta este año 2009 en que han vivido peligrosamente, hacían lo posible (no más y no siempre) por guardar las formas. ¿Qué formas? Las propias de sus cargos electos, Presidenta de la Comunidad Autónoma y Alcalde del Ayuntamiento de Madrid. Y es que ya se había constatado tiempo atrás que en el partido popular de Madrid quién manda es “La Jefa”, y por mucho que hasta Don Manuel Fraga haya mediado en el intento, en Madrid no cabe Gestora alguna salvo cataclismo incontrolado.

Otra cosa es Génova. Allí no manda ni Aguirre, ni Gallardón, seguramente ni Mariano Rajoy sabe muy bien si él manda o no. Pero la “chispa” como detonante del “hasta luego Lucas” definitivo entre Presidenta y Alcalde de la Capital saltó precisamente de la sombra de Gallardón, Manuel Cobo, apoyado por el diario El País y seguramente llevando hasta el último extremo la explícita consigna de Rajoy “no podemos permitir que Aguirre controle la Caja, Alberto”. Pero Don Mariano no acababa de mover ficha, bien por indecisión, bien por ampararse en el “que inventen otros” y así, que si galgos que si podencos y ante la posibilidad de ver a la sombra de Aguirre, el todopoderoso Vicepresidente Ignacio Gonzalez encaramado a lo más alto de la principal institución financiera madrileña, la bomba explotó en formato entrevista y en primera, con luz y taquígrafos, aún a riesgo de la presumible inmolación de Manuel Cobo. Y así fue. Fin de la primera parte de una historia de “chispas y sombras” que dicen ahora ya capitanea Rodrigo Rato -precisamente en la sombra- sabedor que aún faltan estrofas para rematar la canción a su gusto.

El dúo Aguirre-Gallardón ha roto peras definitivamente en un año complicado para el PP. Acosado por Gürtel, en Génova se han tejido los hilos necesarios para evitar que “el sainete” acabará a la neoyorkina como “la canción triste de Madrid”. Con todo y cumplido el objetivo del “no pasarán” personalizado en la figura de Ignacio Gonzalez, pero aplicado a las huestes de Aguirre en general, no habrá sido suficiente me temo para recuperar la normalidad. Ni siquiera la suspensión cautelar de Cobo que se apunta será mayor -o mucho mayor según quién opine- cuando el fallo del comité de disciplina popular sea firme, calmará los ánimos. Es lo que tiene cerrar crisis en falso que suele perjudicar más gravemente siempre a los presuntos implicados.

No es por tanto entendible el dúo madrileño sin sus “chispas”- y en esto Aguirre lleva clara ventaja a Gallardón por su desparpajo para despachar situaciones incomodas saliendo airosa- y sin sus “sombras”, donde hasta ahora y por dos ocasiones Cobo ha demostrado la capacidad para inmolarse por su Jefe y Gonzalez – que sepamos- al menos una.  De lealtades personales las sombras han dado sobradas muestras, eso es innegable, de las lealtades/deslealtades políticas ya  se han encargado las chispas que suelta el dúo madrileño a diario. Como diría un castizo… ¡y lo que nos queda!

Chispas y sombras (II)

Así las cosas, en 2009 las “chispas” entre ambos han vuelto a traspasar  el ámbito de lo puramente regional. Ambos se han dejado tantas plumas en sus enfrentamientos personales que a fecha de hoy parece tan improbable que Rajoy los lleve con él, en primera línea de su fuego electoral, como que se plantee la posibilidad de no contar con ellos para revalidar la posición en la preciada plaza madrileña. Aguirre y Gallardón ganan elecciones y en política como en fútbol cuenta por encima de cualquier otra consideración del partido el resultado final. Poco importa que Henry clasifique a Francia jugando con la mano si al final se está en el Mundial. El “ticket” Alcalde Gallardón-Presidenta Aguirre parece así inamovible en el PP por muchas excentricidades y enfrentamientos  que cometan o protagonicen ambos a los ojos de votantes y militantes. Si el árbitro no las ve o hace lo imposible por no enterarse, el partido continúa hasta el pitido final.

Es cierto que fue el arbitro Rajoy quién dijo públicamente -como aviso a navegantes- y ambientado por Gürtell, el caso de los presuntos espías madrileños, la salida de Ricardo Costa en Valencia y un largo etcétera que las listas las hacía él. Quiso dejar claro que a la hora de poner nombres a los aspirantes a cargos públicos la última palabra se la reserva. Pero no nos engañemos. Mariano Rajoy -aunque todos interpretaron en esas palabras una llamada de atención al dúo madrileño- no se refería tanto a la “líderesa” y al “barón” cuanto a las sombras de ambos y a las sombras de las sombras que son muchas y variadas.  Porque politicamente en la toma de decisiones internas del partido Rajoy se ha podido mostrar quizá lento, y a veces incluso torpe, pero no haría nunca el “tonto” a costa de perder votos que además necesita para sus aspiraciones personales de futuro. Por ello ha hablado con Aguirre y Gallardón por separado en múltiples ocasiones y, pocas juntos, a lo largo del 2009 y aún regañándoles a veces no está dispuesto a desvestir a ninguno de esos dos “santos madrileños” que aún no siendo exactamente  de su devoción, son su más cierta garantía electoral madrileña.

Siempre he defendido que la Presidenta y el Alcalde están condenados a entenderse, pero no es menos cierto que mis argumentos se van reblandeciendo con la misma velocidad que empeño ponen ambos con sus “chispas” y sus “sombras” por quitarme la razón. Sin embargo así es el juego de la política y no nos extrañaría volver a verlos en público escenificando una relación tan cordial como ficticia. Los dos son animales políticos y racionales que han vivido este año peligrosamente. Como diría un castizo… ¡y lo que nos queda!
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