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Artur Mas juega a Hamlet y Urkullu se modera para no perder comba

Artur Mas juega a Hamlet y Urkullu se modera para no perder comba

Artur Mas, el líder de CiU, no ha tenido un buen año. Ha visto como  a pesar de que la fuerza política que representa ha mantenido o incluso ha incrementado su fuerza, su influencia restaba estable o descendía. La razón: su falta de conexión con otros partidos para desarrollar una actividad coherente en Catalunya y en el frente español.

CiU en Catalunya se ha debatido entre adoptar una línea de confrontación en toda regla con el tripartito gobernante o buscar acuerdos puntuales. Al mismo tiempo, no ha podido estructurar una línea de colaboración con los socialistas en Madrid. ¡No es posible pactar con los representantes en el poder central de tus enemigos locales! Pero tampoco ha sido capaz Mas de establecer una línea de conexión estratégica con el Partido Popular. La posición de Rajoy contra el Estatut se lo ha impedido.

En Catalunya CiU ha tenido que jugar contra el gobierno local sin poder acusar al tripartito de ser flojo en la defensa del catalanismo. Internar desbordar al ejecutivo de Montilla en este terreno le ha puesto muchas veces en la frontera del independentismo y esta es una posición que, aunque compartida por muchos militantes y dirigentes, Mas sabe que le aleja de la centralidad que aspira a representar.

En un período de crisis las políticas de contenido social se imponen y, a pesar que CiU tiene un alma fuertemente liberal las recetas de esa doctrina son difíciles de predicar con más de medio millón de parados. Por lo tanto, tampoco en el área social ha podido estructurar una oposición dura al ejecutivo de PSC, ERC y ICV.

A pesar de todos los pesares, más por los errores del tripartito que por el acierto de su labor opositora las encuestas dan a CiU un resultado muy positivo, cercano a la mayoría absoluta. Y no solo tiene buenas perspectivas en el frente autonómico, incluso en el ámbito de Barcelona, donde las izquierdas gobiernan desde la recuperación de la democracia, Trías es el candidato más valorado. Pero siempre hacen falta alianzas y en ese camino hace falta dar algunos pasos.

En Madrid CiU ensayó al principio de esta legislatura una táctica conocida: acercarse al gobierno y así influir también en Catalunya. En ello se aplicó Duran i Lleida, al que todos los chistes dibujaban pidiendo un ministerio. Pero a poco de iniciarse esta legislatura Mas y Duran vieron que el PSOE solo tienen una influencia limitada sobre el PSC y que a cambio del apoyo de CiU Zapatero no podía garantizar mecanismos para que los nacionalistas moderados rehiciesen su papel en Catalunya. Tampoco han podido tener pactos concretos con el PP, encastillado como está el partido conservador en su política contraria al Estatut. Una entente en este sentido habría hundido a CiU en el ámbito local, donde aún no han digerido los años en qué Ciu y PP gobernaron conjuntamente.

Por lo tanto CiU ha jugado papeles secundarios en la política española. En cada debate ha hecho oír su voz más en función de los temas a dilucidar que de una estrategia uniforme. Así, en la negociación de los presupuestos muchas de las enmiendas de los nacionalistas moderados han ido en la línea de resaltar que el ejecutivo no respetaba el Estatuto de autonomía, pero también han intentado representar lo que durante muchos años fue un eje de la política de CiU, ser portavoz de grupos de presión determinados. En este sentido, CiU ha planteado que su apoyo a los presupuestos se podría conseguir a cambio de un compromiso de iniciar una nueva reforma laboral...o propuestas en favor de los autónomos o de las pymes.

Pero de fondo está el debate del Estatuto y el recambio generacional que se ha producido en CDC. El partido que gobernaba con mano de hierro Jordi Pujol, ahora tiene en un núcleo de dirigentes jóvenes, el pinyol (el cogollo), su columna vertebral. Estos, no ven mal que el nacionalismo moderado se acerque al independentismo. En esta línea, no le harían ascos a  pactar con ERC una Generalitat frentista. Pero Mas templa gaitas y pone una vela a dios y otra al diablo esperando que mientras escampe.

En estas, una sentencia muy negativa al Estatuto podría obligar a Mas a formar un frente común con el Tripartito y de esta forma poder participar en el gobierno catalán de unidad que surgiese de unas elecciones anticipadas. No es este el papel soñado por Mas. Conseguir que el run run favorable a sus tesis que existe en Catalunya arrastre a ERC a romper el tripartito y luego poder gobernar en solitario con apoyos externos de republicanos e incluso del PP es la hipótesis más querida en el equipo de Mas. Pero todo está por ver y todo es posible, que dijo el poeta.

Por su parte, Íñigo Urkullu ha debido aplicar al PNV un cambio de estrategia notable. En un gesto de realismo ha decidido que una cosa es la oposición que los nacionalistas vascos plantean en su tierra al gobierno de Patxi López y otra muy distinta encastillarse en posiciones irreductibles de oposición en Madrid. Más cuando este juego permite al PNV jugar un papel bisagra intentando que  se produzcan fisuras en el frente tácito creado en Euskadi entre PSE y PP. En esta línea se leen las propuestas favorables al blindaje del concierto económico.

Pero además, Urkullu consigue de paso que su partido, que había puesto en marcha un camino de difícil retorno con las propuestas soberanistas de Ibarretxe, vuelva a un cierto consenso político que a medio plazo le permita incluso un pacto con el PSE si finalmente las exigencias del PP terminan siendo poco soportables para López y la necesidad de los votos de los nacionalistas vascos consiguen que el PSOE cambie de opinión en favor de un apoyo estable.
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