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MMX

Hoy se acaba el año. Empieza el MMX.

Por un minuto, dejemos de sentir el fin de año como una pausa entre dos rounds. Que nos den ganas de celebrar.

Será el año del Centenario y el Bicentenario. Para Porfirio Díaz, vamos a festejar “la revuelta en mala hora promovida por algunos mexicanos lamentablemente equivocados o perversamente engañados”. Vamos a recordar que Zapata contestó a Madero, cuando le ofrece gestionar se le dé un rancho como premio a sus afanes en favor del triunfo, “No entré a la Revolución para hacerme hacendado”, cuál andar buscando sólo medrar.

Recordaremos a Madero diciendo que el general Porfirio Díaz se apoyó en las bayonetas, y él en los maestros de escuela, con la idea de “elevar la dignidad del ciudadano”. Que se soñaba con la paz y la prosperidad de la patria, como decía Zapata.

Yo traigo a cuenta hoy a Santanón:

La prensa porfirista lo pintaba con negros colores, le llamaban bandido. Su nombre completo era Santana Rodríguez Palafox, hacía desmanes en los caminos. Decía que sólo se defendía de las fuerzas del gobierno. Tenía muy clara su agenda: él no tenía compromisos con nadie, no le interesaba ninguna agenda política.

En 1906, Santanón se convierte al magonismo cuando aparece el Programa del Partido Liberal que apareció impreso en el periódico Regeneración, en un tiraje de 250,000 ejemplares: educación para todos, obligatoria hasta los 14 años, obligación del Estado de proveerla para los que no tienen recursos, prohibición a los extranjeros de poseer bienes raíces, jornadas de ocho horas máximo, salario mínimo justo, etcétera. Las fuerzas de Santanón crecen, se enrolan a su lado más hombres.

El ministro alemán en México pidió al gobierno federal poner un alto a Santanón, las fuerzas del Estado de Veracruz no han podido darle alcance. La verdad de su crimen original era que un alemán, Roberto Voigt, había robado a Santanón 700 pesos en carne suministrada a su hacienda. Por si fuera poco, aprovechando su amistad con un jefe político de Choapan, Oaxaca, Voigt hizo que enviaran a Santanón de soldado. En su ausencia, el alemán le robó a su mujer. Cuando Santanón se enteró del hurto, desertó del ejército. Se dedicó a merodear para vengarse de su enemigo, de ahí el interés del ministro alemán en proteger a su conciudadano, especialmente cuando ya no es sólo un bandido solitario.

En junio de 1910, Salvador Díaz Mirón, el poeta, al mando de un grupo de rurales, salió con una orden firmada por un tal General Ramírez a perseguir a Santanón. No nos pesa imaginarlo recitando a la tropa a su mando sus versos:

¡Confórmate, mujer! -Hemos venido / a este valle de lágrimas que abate, / tú, como la paloma, para el nido, / y yo, como el león, para el combate.

Díaz Mirón se lanza tras Santanón hacia la Sierra. Le sigue los pasos. En el camino a Tlacotalpan, Santanón, que sabe que a Díaz Mirón le gusta el tabaco, le deja un aromado paquete de puros jarochos con una nota cordial. Nada cuesta imaginar que lo que Santanón le escribió fue una cucharada de su propio chocolate, algunos versos del mismo Díaz Mirón:

Fiado en el instinto que me empuja, / desprecio los peligros que señalas. / “El ave canta aunque la rama cruja /como que sabe lo que son sus alas". /Erguido bajo el golpe en la porfía, / me siento superior a la victoria. / Tengo fe en mí: la adversidad podría / quitarme el triunfo, pero no la gloria. / ¡Deja que me persigan los abyectos!

El primero de agosto, Díaz Mirón entra a Tlacotalpan, algo enfermo, y sin su presa. Santanón le había ganado la partida. El poeta regresa a México, y en un ataque de cólera intenta asesinar a un colega diputado por quítame esas pajas, lo desafueran y va a prisión.

 

El 17 de octubre, cae Santanón cerca de Acayucan. Lo vence una partida de 75 infantes. Él y sus diez hombres pelearon heroicamente hasta el último minuto.

 

El jefe político de Acayucan recoge la cartera de Santanón. Traía un billete de cinco pesos del Banco Nacional y su nombramiento de Comandante Militar y Delegado Especial, expedido por la Junta Liberal de los Ángeles, firmado con “Reforma, Libertad y Justicia”, en septiembre de 1910.

Opinión extraída del Periódico El Universal 31/12/2009

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