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Exclusiva con el polifacético artista

Aute defiende los toros en Diariocrítico: 'Prohibirlos es una barbaridad'

Aute defiende los toros en Diariocrítico: "Prohibirlos es una barbaridad"

Uno de los grandes y polifacéticos artistas e intelectuales de la segunda mitad del siglo XX y lo que llevamos de éste, Luis Eduardo Aute, escribe en exclusiva para Diariocrítico. Pero no lo hace sobre las especialidades que domina y en las que es una figura: música, poesía, dibujo, pintura, cine... quia. Y sí sobre la Fiesta de los toros -él prefiere denominarla Lidia-, de la que es un fuerte defensor y ante el peligro de su prohibición en Cataluña. Su texto íntegro dice así:
¿Prohibir una manifestación cultural? eso es una barbaridad y, además, un ataque a la libertad de expresión en el ámbito del arte, de la cultura. Es por ahí por donde veo que hay que parar, templar y nunca mandar al toro 'antitaurino' (valga la contra-redundancia). Esos son los cuernos que hay que agarrar. Y qué hacemos con Goya, ¿prohibimos su 'Tauromaquia'?. Y con Picasso, ¿eliminamos el toro de su 'Guernica'?. Y con Ortega, Bergamín, Lorca, Hemingway, Welles, Bizet, Blasco Ibáñez, Barceló, Francesco Rossi, Carlos Velo... todos ellos amantes del arte de la tauromaquia y no por ello sospechosos de 'españolismo' retrógrado. ¿Son unos incivilizados bárbaros?

En muchos territorios de España no se celebra la Lidia (no me gusta llamarla Fiesta), porque no hay afición, y están en su derecho. Pero, que yo sepa, no hay ninguna ley que prohíba las corridas, salvo en el archipiélago canario según tengo entendido.

En cuanto al tema del sufrimiento del toro, de su tortura y muerte, ningún aficionado va a las corridas por sadismo, a ver sangre. Todo lo contrario. Espera y desea ver una faena limpia, lo menos dolorosa posible para toro y torero. A pesar de lo que arguyen los detractores de la Lidia, ese aficionado va en busca de magia, de belleza, de eso que llaman 'instante que detiene el tiempo'; una emoción difícilmente explicable pero que hasta el más lego en la materia, también experimenta. Muy lamentablemente, esa situación es, por motivos diversos, poco frecuente. Y, sí, es cierto, hay faenas terribles para el toro e insoportables para cualquiera incluso para el buen aficionado. En ese sentido, el público disgustado castiga al torero con almohadillazos e insultos casi siempre merecidos.

El tema exige reflexiones profundas de gran enjundia ética y estética por lo que sólo espero que el corazón no nos haga perder la razón en este apasionante debate que nunca debe ser confrontación ideológica ni patriotera ni mucho menos política sino puro e informado debate estrictamente cultural.
   
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