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¿Vuelta al consenso de la Transición?

¿Vuelta al consenso de la Transición?

Es verdad que se han multiplicado las zonas de inquietud, e incluso de alarma, en el escenario de futuro de nuestra Seguridad Social, perdido como está ya por el Gobierno el control del tablero de mandos de nuestra economía, clamorosamente ausente de modelo y proyecto. No es que estemos todavía, pero no es imposible que lleguemos a estarlo, como Grecia, y desde luego no estamos como los países en ruinas del este de Europa, pero si reducimos el análisis al ámbito de los países importantes de la Unión, es inocultable que estamos en muy mala posición relativa y ya reconocidos como “el enfermo de Europa”, al menos como uno de los más enfermos. A este punto hemos llegado por la incapacidad del Gobierno de entender o asumir algo que no sea estrictamente imagen o campaña política.
 
Lo peor es que todo ello se traduce en que los ciudadanos suframos las consecuencias donde más nos duele, esto es, en el crecimiento imparable y amenazador del paro al mismo tiempo que se debilita el sistema de pensiones, se abren incluso incertidumbres en el mismo, y hay ya señales de alerta no sólo para las retribuciones, sino incluso respecto a la inamovilidad y estabilidad de los funcionarios. Por eso la ciudadanía no puede entender que, incluso en estas dramáticas circunstancias, la oposición sea incapaz de ofrecer y exigir una alternativa atractiva. Los sindicatos por fin han descubierto que este Gobierno no es el suyo. No es de la economía y los empresarios, pero tampoco es el de los trabajadores. Sencillamente, no es el de los ciudadanos.

No es cosa de perderse en números. El déficit es aterrador. La destrucción de empleo resulta estremecedora. Se ha perdido no ya el rigor, sino incluso el control de las cuentas públicas. No hay horizontes a corto para los desempleados. Los trabajadores por cuenta ajena y los autónomos saben que el desempleo y la penuria están a la vuelta del primer tropiezo, con su inevitable acompañamiento de tragedias personales y dramas familiares. Muchas empresas medianas y pequeñas caminan hacia la desaparición, con todo lo que ello significará de destrucción de riqueza y empleo. Pero el horizonte próximo es también difícil para no pocas grandes empresas, incluso de servicios y financieras.

En medio de las tinieblas de la crisis, un aspecto añade inquietud a los ciudadanos, lo mismo a los trabajadores que a los empresarios, ahora incluso a los funcionarios de todas las Administraciones,  y es la injusta pero inevitable generalización de la desconfianza por la asombrosa extensión de datos o indicios sólidos de corrupción de una clase política que más parece inmersa en un combate corsario por las riquezas de la bodega de la desorientada nave de la nación que en la deseable pugna de liderazgos y alternativas que pudieran movilizar a la ciudadanía hacia un esfuerzo compartido de superación de la crisis.

La percepción exterior del actual Gobierno sorprende por la rara unanimidad editorial de los más prestigiosos e influyentes medios informativos occidentales. Incluso antes de que los británicos THE ECONOMIST y FINANCIAL TIMES o el norteamericano THE WALL STREET JOURNAL publicasen sus demoledores informaciones y editoriales, a primeros de enero lo hacía uno de los más influyentes periódicos del continente, el alemán FRANKFURTER ALLGEMEINE ZEITUNG, que tradicionalmente ha apoyado a los Gobiernos españoles de todos los signos desde el inicio de la democracia, afirmando que la única fuerza real de Rodríguez Zapatero es “la debilidad endémica del PP tras la marcha de José María Aznar”.

El periódico alemán describe una situación de desastre económico con cuatro millones de parados, y agudizada esa situación por la inestabilidad del modelo territorial del Estado y sobre todo por lo que considera “el desgarro moral de la sociedad” que, en su opinión, habría provocado deliberadamente Rodríguez Zapatero para destruir a las derechas política y sociológica. Su conclusión es que el resultado de la actuación de Rodríguez Zapatero ha sido la destrucción de los consensos de la transición. Nada menos.
 
Afortunadamente, y pese a la actual dirección política del país, España tiene potencia y resortes para afrontar y superar la situación, y cada vez es más necesaria la intervención activa al respecto de las Comunidades Autónomas económicamente más potentes y políticamente más vivas, como Madrid, Cataluña, País Vasco, Galicia y Canarias. Y desde luego también Andalucía si los andaluces consiguen liberarse del ya excesivamente prolongado “estado de corrupción” de su política autonómica, que no es cosa de ideología, porque la Andalucía socialista comparte tan ingrato modelo con la popular Valencia, por citar dos ejemplos ya paradigmáticos.  

Y es que no tenemos suerte con los políticos, pero en cambio, tenemos unos excelentes financieros y una magnífica clase empresarial en los sectores más estratégicos, complementado con unos cuadros profesionales de muy alto nivel en casi todos los sectores, y desde luego, por ejemplo, en las ingenierías y en las ciencias puras. Y tenemos también algo de extraordinaria importancia: unos trabajadores de calidad envidiada en casi toda Europa. En las últimas semanas aparecen indicios de que estamos tocando fondo de esta situación y que no son imposibles ciertos cambios de actitud que actuarían de muy favorables revulsivos. Uno de los mejores indicios es la posibilidad de que vuelvan el sentido común y los intereses compartidos al tan necesario e importante diálogo entre las organizaciones empresariales y las sindicales.

Y en el exterior hay lo que hay. La presidencia española de turno semestral en la Unión Europea no ha podido empezar con menos entusiasmo de nuestros socios, pero son las reglas y hay que aceptarlas, como ha comentado, con cierta indiscreción, uno de los principales políticos europeos. “Al fin y al cabo –comentó informalmente a sus pares, según ha trascendido– sólo son seis meses con Mr. Bean, y eso nos lo podemos permitir sin graves daños”, en inequívoca referencia al ya famoso ataque hacker  a la página web de la presidencia española.
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