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La banda, tocada de muerte

La banda, tocada de muerte

La detención en Francia de Ibon Gogeaskoetxea y de otros dos asesinos no es una operación policial conjunta hispano-gala más; se trata de tres peligrosos criminales del ala más ‘dura’ de la banda terrorista ETA. Se confirma, así, que todos acaban cayendo, como tantas veces ha dicho el ministro de Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba; la manera más segura de acabar en la cárcel es hacerse de ETA. 

Este periódico viene diciendo desde hace algunos meses ya que, al menos en este aspecto, hay motivos para el optimismo: ETA se está muriendo. Sus sucesivos jefes van cayendo uno tras otro, gracias a la eficacia de las fuerzas de Seguridad y a la colaboración francesa; el colectivo de presos está desanimado y un porcentaje importante de ellos quisiera dejar la vía terrorista para intentar integrarse, en lo que les dejemos, en la sociedad; el ‘brazo político’ de ETA, los que restan integrados en las derivaciones de la ex Batasuna, anda zambullido en un debate sobre cómo renovar sus planteamientos abandonando a los del terror y el horror, como contábamos en nuestro e-xclusivo de ayer.

Probablemente, desde hace cuarenta años no se asistía a una posibilidad tan real de ver cómo acaba la pesadilla de vascos y españoles en general. ETA acaba de ‘celebrar’ su cincuenta cumpleaños y está agotada: quedan trescientos militantes –con distintos grados de implicación, según dicen las fuentes policiales--, seiscientos presos desesperados, los colectivos cercanos a la banda en plena desbandada…No quisiéramos tocar las campanas demasiado pronto ni dejarnos llevar por un optimismo excesivo. Pero quienes saben, quienes tienen motivos para saber, admiten la hipótesis de que ‘algo’ se mueva, para bien, muy pronto en el seno de ETA y sus ramificaciones: cuestión de mesas más que de años, dicen.

La firmeza actual de la política contra el terror, la unidad de los partidos políticos en torno a lo que hay que hacer, el nuevo signo del Gobierno vasco y la actividad de los servicios de inteligencia y de Seguridad en colaboración plena con sus homólogos franceses han sido los ingredientes de un cóctel explosivo –y perdón por el uso de esta terminología—contra la banda que tanta sangre, tanto dolor, tanto sufrimiento, ha provocado entre los españoles. ¿Estamos ante el fin? Puede que esta vez, sí.

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