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Aznar y la(s) copa(s) de vino

Aznar y la(s) copa(s) de vino

TITO B. DIAGONAL
Barcelonés de alta cuna y más alto standing financiero, muy apreciado en anteriores etapas de este diario, vuelve a ilustrarnos sobre los entresijos de las clases pudientes.
Sólo a un acto de chulería irresponsable y su tendencia a ir de sobrao explican las palabras despectivas de José María Aznar sobre las campañas de la Dirección General de Tráfico, al recoger ayer un premio otorgado por la Academia del Vino de Valladolid.

El expresidente del Gobierno, al que se le reconoce la condición vitalicia de tal, debería haber sido algo más discreto, tanto por su partido (al fin y al cabo es presidente de honor del PP) como por las asociaciones de víctimas del tráfico. Ante semejante disparate, incluso Carlos Muñoz Repiso, el último director general de Tráfico durante el aznarato,  debería sentirse agredido, al menos en su condición de técnico competente.

Pero el antiguo veraneante en Quintanilla de Onésimo, en plena zona de Ribera de Duero, es así de chulito. Un día le mete un bolígrafo en el escote a Marta Nebot, reportera de Noche Hache; otro día, (el de ayer), al calor de las copas de vino, se pone a criticar con actitud tabernaria, de barra de bar con amigotes, no ya el buenismo alimentario de la actual Administración (eso lo hemos hecho todos, seamos votantes o no del PSOE), sino algo tan objetivamente serio como las campañas de prevención de la DGT. Y, encima, se toma unos vinos y, posiblemente, se fuma un puro.

Alguien, como Stevie Wonder en su día, le debería recordar al dicharachero Aznar aquel slogan de “Si bebes, no conduzcas” apostillándolo con “...y no hables, Jose”. Porque calladito él está mucho más guapo y los españoles más tranquilos, especialmente Mariano Rajoy, obligado a sacar –esta vez sin mucha convicción— la cara por su antiguo jefe.
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