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Arturo Macías se salvó en una tarde de toros inválidos y toreros aburridos

San Isidro (6ª): Madrid también cae en el fango y la desvergüenza

San Isidro (6ª): Madrid también cae en el fango y la desvergüenza

Un encierro escaso de trapío e indigno de Madrid, al que dieron visto bueno veterinarios y presidente, se cargó el festejo. Porque, además, ninguno de los seis lidiados llevaba ni una gota de sangre brava en sus venas y, para más inri, adolecían de fuerza. Total, un petardo del que se salvó por su valor el mexicano Arturo Macías, que confirmaba.
El enemigo está dentro. No hacen falta anitaurinos ni 'carodesrovira', quia. Con los encargados de organizar -mejor dicho/escrito, manipular- y vigilar la Fiesta, el espectáculo va a morir pronto por inanición, por falta de interés y de público. Hasta la cátedra de Las Ventas está cayendo en las tropelías.

Y para muestra, la desastrosa corrida de este martes, en la que sólo se salvó de la quema la valentísima entrega del mexicano Arturo Macías, que confirmaba doctorado, y fue víctima de los enredos y desafueros que caracterizaron el bochornoso espectáculo.

Por un lado, la empresa contratando a una divisa, la de Martelilla, que lleva varios años con problemas en la presentación de sus bureles, que además salen descastados y flojos. De otro, los veterinarios, dando un sospechoso visto bueno -ellos sabrán porqué- a unos bichos indignos no de Madrid sino del resto de plazas de primera.

Y, por último, con la complicidad del presidente, este martes Julio Martínez, aunque da igual uno que otro, son idénticos, manteniendo en el ruedo a semejantes piltrafas excepto a la que hacía tercera, tan impresentable e inválida como las que nos hizo tragar.

¿A quién defiende la autoridad?


¡Qué razón tenía el fallecido Salva, del tendido 7, con su grito de guerra: "¿A quién defiende la autoridad?"  Desde luego al público, no, ya que es colaboradora de semejantes atracos, que se vienen repitiendo, aunque más disimulados en los que va de abono, en el que sólo cumplieron en trapío y fuerza , y no mucho, los bicornes de Dolores Aguirre.

Y si esto acontece en Madrid, sí, que se hunde poco a poco, año tras año, pero que a pesar de ello, está a años luz del resto de los cosos, ¿qué nos espera en el resto de escenarios? Como cantaba Bob Dylan, "la respuesta está en el viento".

Lo único positivo de la tarde fue la actuación de Macías, no para tirar cohetes en lo técnico y artístico, pero que aportó valor en cantidades industriales. Jugando con el naipe de la quietud y los intentos de clasicismo, el mexicano intentó lo imposible con el de la ceremonia, que le volteó en dos ocasiones con la increíble suerte de que no le hiriera.

Con semejante derroche de testosterona anduvo en el último, con un punto mínimo de codicia, lo que aprovechó Macías para forzarle buenas series por ambos pitones y dejar vitola -además de variado capotero- de querer ser alguien importante.

En cambio sus colegas Abellán y Jiménez anduvieron no ya sin ilusión, sino espesos, aburridos y vulgares ante sus respectivos lotes, tan pésimos como los del mexicano, pero éste puso de su parte lo que no pusieron sus enemigos y les ganó ampliamente la partida -a sus enemigos y a sus compañeros de terna.

Ficha del festejo 

Cuatro toros de MARTELILLA, sin trapío ni fuerzas. 3º de NAVALROSAL, justo de presencia y flojo, 5º, sobrero, de DOMÍNGUEZ CAMACHO, de feas hechuras e inválido. Todos descastados. MIGUEL ABELLÁN: silencio; silencio. CÉSAR JIMÉNEZ: silencio;silencio. ARTURO MACÍAS, que confirmaba alternativa; silencio tras aviso; ovación.- Plaza de Las Ventas, 6º de Feria. Lleno.
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