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Según revela el libro "El Zapaterato. La negociación: el fin de ETA"

ETA quería amañar un referéndum en Navarra

ETA quería amañar un referéndum en Navarra

El terrible etarra Francisco Javier López Peña, alias ‘Thierry’, hoy en prisión, no dejaba de sorprender a los representantes del Gobierno que negociaron con él y otros etarras entre 2006 y mayo de 2007. Por ejemplo, de cara a una posible fórmula de colaboración entre Euskadi y Navarra, aceptaba que se convocara un referéndum para ver qué opinaban los navarros. Pero ponía como condición que el referéndum se ganara a cualquier precio, incluso con un 'pucherazo': “A ver si creéis que no sabemos cómo ganasteis el referéndum OTAN”, llegó a decir a los negociadores gubernamentales.
Son algunas de las revelaciones contenidas en el libro "El Zapaterato. La negociación: el fin de ETA" que, editado por Península, acaba de ser presentado en Madrid y del que son autores los periodistas Fernando Jáuregui y Manuel Ángel Menéndez. Lo que sigue a continuación son algunos extractos del libro, referidos en este caso a las exigencias etarras para manipular, incluso, un posible referéndum en Navarra.



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Durante el periodo estival [de 2006], y a pesar de la contestación interna, ‘Josu Ternera’ siguió siendo aún el interlocutor de Eguiguren y Moscoso, pero el 26 de septiembre, cuando se inició la nueva ronda negociadora también en Suiza, ambas partes se habían deparado sorpresas mutuas.

En primer lugar, la representación gubernamental incluyó por primera vez a un duro negociador, el abogado socialista José Manuel Gómez Benítez, a quien ya hemos citado en varias ocasiones, especialmente al hablar del ‘caso Faisán’; un hombre con una paciencia muy limitada y con instrucciones muy precisas de Alfredo Pérez Rubalcaba. Pero los etarras también habían cambiado: a la reunión se incorporó el duro entre los duros Francisco Javier López Peña ‘Thierry’, con nulo talante conciliador y con el objetivo de ‘o todo o nada’. Moscoso y Eguiguren se miraron con gesto preocupado: el interlocutor ya no era ‘Josu Ternera’, que se sentaba ahora en un lado de la mesa mientras ‘Thierry’ ocupaba el centro –lugar predominante- de la delegación etarra.

Francisco Javier López Peña (Galdakao, Vizcaya, 1958), conocido por los alias de ‘Bartolo’, ‘Zulos’, ‘Pierre’, ‘Marcel’ y ‘Thierry’, controlaba los zulos de ETA desde 1993, año desde el que pertenecía a la cúpula terrorista, y a comienzos de 2006 se había hecho con la jefatura del aparato militar etarra. Junto a otros dos durísimos pistoleros, Garikoitz Aspiazu ‘Txeroki’ y Aitzol Iriondo ‘Gurbitz’, había conseguido imponer sus tesis contrarias a una negociación que consideraba que podría conducir a una rendición ‘vergonzosa’. Es decir, que derrotó internamente las tesis pactistas de José Antonio Urrutikoetxea ‘Josu Ternera’. Su asistencia a esa reunión y el hecho de que ocupara el centro de la mesa, desplazando a ‘Ternera’, eran, sin duda, muy malos augurios.

Durante las nuevas sesiones, ‘Thierry’ llevó la voz cantante y ‘Ternera’ se mantuvo en permanente e inalterable silencio. El inicio de la reunión fue espectacular: ‘Thierry’ comenzó reprochando que la declaración de Zapatero en el Congreso de los Diputados (29 de junio) no se había atenido a lo pactado, dado que, según el etarra, había incluido ‘elementos ajenos’, tales como el establecimiento de la Constitución como tope o la ratificación de la Ley de Partidos Políticos, incurriendo en “una total falta de credibilidad”. Eguiguren replicó que el mensaje de Zapatero suponía una especie de ‘Downing Street’ –el acuerdo Londres-Dublín sobre el proceso norirlandés- que “a Batasuna le gustó mucho”.

La alusión a Batasuna encrespó aún más a ‘Thierry’, pero Eguiguren y Moscoso iban acompañados de un correoso Gómez Benítez que no estaba dispuesto a dejar pasar ni una –las instrucciones de Rubalcaba eran muy precisas- y que llevaba su propia lista de reproches: criticó con su peculiar voz y estilo los “muy negativos” comunicados de ETA y puso sobre la mesa el incremento de la kale borroka, las cartas de extorsión a empresarios o la presencia de miembros de ETA en actos abertzales. El enfrentamiento fue total: ‘Thierry’ replicó citando las “33 maniobras militares de las fuerzas armadas españolas” y, sobre todo, refiriéndose a los presos etarras enfermos en las cárceles, cuya excarcelación exigía como un gesto mínimo, al margen de que la cuestión global fuera abordada en la ‘mesa técnica’.

Las intervenciones de Gómez Benítez y López Peña fueron adquiriendo tonos graduales de alta tensión que intentaban frenar con diplomacia los mediadores internacionales. En un momento dado, la representación socialista reclamó un nuevo comunicado de ETA conteniendo un salto decisivo para la negociación, pero la banda replicó con un rotundo “no vamos a dar ningún cheque en blanco” que no dejaba lugar a dudas -y ello pese a que ya se estaba reuniendo de forma paralela la ‘mesa política’ en el santuario de Loyola-. En Suiza quedó claro que ETA ya había variado su posición y que no iba a aceptar dialogar con el Gobierno sólo en cuestiones relativas a la situación de los presos.

- “Si vuestra intención es llevar a cabo una negociación técnica nos vais a tener enfrente otros 40 años”, dijo ‘Thierry’, a lo que los representantes gubernamentales respondieron que nunca se había pensado ‘paz por presos’, pero que las ‘cuestiones políticas’ se debían abordar en la mesa tripartita de Loyola.

Cuando las tensiones rebasaban todos los límites, Eguiguren terciaba, utilizando de forma muy hábil una técnica que le reportaba inmejorables resultados: discutía también a viva voz con ‘Thierry’, pero utilizando un euskera tan perfecto que el etarra no podía seguirle. Los etarras le tenían que pedir finalmente que, por favor, hablara en castellano, que era la lengua que entendían todos...

La lengua, sí, pero no eran entendibles –ni desde luego digeribles- algunas de las ideas imposibles de los etarras. Como cuando se abordó el espinoso tema de Navarra y Moscoso planteó que los referendos pueden perderse, y más ése en concreto, en el que los navarros tendrían que decidir su incorporación a Euskadi. La respuesta de ‘Thierry’ les dejó helados:

- “¿Ah, eso? A ver si creéis que no sabemos cómo ganasteis el referéndum OTAN”.

El etarra no sólo había lanzado una acusación falsa, sino que demostraba un absoluto desconocimiento de la realidad democrática y planteaba, además, un juego de póquer en el que las mismas reglas fijaban la necesidad de hacer trampas.

“¿Tenemos que negociar con Gómez Bermúdez?”

Pese a la tensión vivida, las delegaciones quedaron para una nueva sesión el 24 de octubre; pero un día antes de la cita, un comando de ETA robó 350 pistolas en una empresa de importación de armas en Vauvert, cerca de Nimes (sureste de Francia). La reunión se pospuso para el día siguiente y resultó tan tormentosa como las sesiones de septiembre. A esta ronda, celebrada igualmente en Suiza entre el 25 y el 27 de octubre, también acudió ‘Josu Tenera’, pero sería la última a la que asistiera.

Al inicio de la reunión, Gómez Benítez y Eguiguren exigieron explicaciones sobre el robo de las armas. Los etarras respondieron con una lista de agravios sobre cómo el Gobierno incumplió las ‘garantías’ (‘condiciones’) pactadas en Oslo y Ginebra en 2005 y continuaron haciendo hincapié en la represión policial.

Los representantes gubernamentales –especialmente Moscoso- trataron de explicar a los etarras que las detenciones producidas lo fueron por efecto de sumarios ya abiertos con anterioridad y que en un Estado de Derecho el Gobierno no podía controlar a los jueces, dado que el poder judicial es independiente. Los etarras replicaron entonces: “¿Con quién tenemos que negociar? ¿Con Gómez Bermúdez [Javier Gómez Bermúdez, presidente de la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional]? ¿Con la Audiencia Nacional?”.

En ese punto, ‘Thierry’ añadió un elemento realmente explosivo: reveló a los representantes gubernamentales y a los mediadores del Centro Henry Dunant que asistían a las sesiones que la banda tenía ‘en el punto de mira’ a un magistrado. La delegación gubernamental se miró horrorizada: ¿era posible, en ese marco, mantener siquiera una conversación?

Si en las reuniones de junio se pusieron sobre la mesa los incumplimientos de las garantías y en las de septiembre se incrementaron el número y el volumen de los reproches, en las de octubre la idea fija de la banda era saber si el Gobierno había tomado la decisión de romper el proceso. Curioso argumento, porque el Ejecutivo socialista creía justamente lo contrario, como nos consta que les transmitía Pérez Rubalcaba a los portavoces parlamentarios en el Congreso de los Diputados. No obstante, Rubalcaba estaba plenamente informado de todo lo que se hablaba en esa mesa; al parecer, se lo contaba punto por punto Gómez Benítez, incluso por teléfono, en los recesos de las reuniones.

Como hemos visto anteriormente al hablar del ‘caso Faisán’, fue en ese momento cuando Gómez Benítez, según el ‘acta’ incautada a terroristas detenidos por la juez gala Levert, habría intentado convencer a los etarras de que el magistrado de la Audiencia Nacional Grande-Marlaska y el Gobierno no se coordinaban y que el Ejecutivo habría intentado evitar la acción judicial contra el bar Faisan a través de una delación policial que estaba poniendo en aprietos a algunos cargos de la Policía.


Los “accidentes” de ZP

Nada contentaba a los etarras y Eguiguren, Moscoso y gómez Benítez también elevaron el tono en la mesa de negociación, sobre todo exigiendo explicaciones por el citado robo de las pistolas en una armería de Nimes. Eguiguren, en concreto, les dijo que eso no constituía un “accidente” -según la terminología establecida en el acuerdo de 2005 entre él mismo y ‘Josu Ternera’-, sino “la ruptura del proceso de paz”, aunque no la ruptura del proceso global.

En ese punto, los mediadores de la fundación Henry Dunant intervinieron, recomendando que no se utilizase el término “ruptura”, y Eguiguren redefinió el mensaje, pero con el mismo fondo: el robo provocaba un bloqueo objetivo y no permitía avanzar en el camino emprendido. La reunión entró así en vía muerta y se acordó levantar la sesión y realizar nuevos encuentros el 14 de diciembre, que serían ya definitivos, como veremos en su momento.

Resulta curioso el término ‘accidente’ para referirse a los atentados de ETA, por una parte, o a las acciones policiales del Estado, por otra. Ese término tan controvertido fue utilizado con escasa propiedad por el propio presidente del Gobierno, que en varias ocasiones se refirió a los atentados etarras como “accidentes mortales”. Así lo hizo, por ejemplo, en el diario El País, al que concedió la primera entrevista tras el anuncio de tregua por parte de ETA. Hasta en dos ocasiones Zapatero habló en el periódico de Prisa de “accidentes” para referirse a “asesinatos”. “¿Se pueden descartar accidentes en este proceso?”, le preguntaron al jefe del Ejecutivo, quien respondió.

“No. Hemos manifestado que el proceso será largo, duro y difícil. Como todo el mundo puede comprender, estamos hablando de 40 años de violencia, de muchas personas implicadas en la violencia, y aunque mi deseo es que no haya ningún accidente, nadie puede descartarlo”.

No fue un desliz, porque en su rueda de prensa del 29 de diciembre de 2006, un día antes del atentado de Barajas, Zapatero volvió a referirse a los asesinatos de los terroristas calificándolos de “accidentes mortales”. Claro que eran momentos, y sabemos muy bien lo que decimos, en los que desde el mismo Gobierno se llegó a filtrar a un medio de comunicación un comunicado ‘favorable’ de ETA.

Volviendo a la ronda de conversaciones de octubre de 2006 con ETA, Rubalcaba informó de las novedades a varios portavoces parlamentarios, a los que nos consta que, absolutamente desconcertado, les dijo: “Estos tíos no quieren hablar de presos”. El ministro pensaba ya que el proceso descarrilaba: “ETA quiere una interlocución política y eso no puede ser”, les añadió, y les dijo, igualmente, que el sacerdote irlandés Alec Reid (quien en abril de 2006 había afirmado en Madrid que el líder de LAB, Rafael Díez Usabiaga, era el ‘Gerry Adams español’ y el interlocutor de más peso en la izquierda abertzale) “está pirado”, y les informó de que en este proceso mediaron Finlandia y Suecia.

En realidad, no fueron sólo Suiza –base del Centro Henry Dunant- ni Finlandia ni Suecia: todos los países europeos se ofrecían para albergar las reuniones, porque existía un sentimiento generalizado de que ahora sí se podía lograr la paz después de más de cuarenta años de violencia y todos querían salir en la foto. De hecho, el gobierno noruego también se ofreció y Oslo fue la sede de la reunión de diciembre. Incluso hubo una recepción, ofrecida por el ministro de Asuntos Exteriores noruego, a la que asistieron los representantes etarras, lo que disgustó especialmente a la delegación española.
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