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Visita a Marruecos

    Estamos en Rabat, donde con 'Punto Radio' venimos a pasar un día para la cordialidad, una jornada para estrechar lazos, unos micrófonos puestos al servicio de la realidad hispano-marroquí, que tiene raíces geográficas, y crónicas de la Historia y una vieja fraternidad.

    Ya es un tópico decir que “España y Marruecos están condenados a entenderse”, porque ningún entendimiento es una condena.  Por el contrario, España y Marruecos, o Marruecos y España, tienen el privilegio de entenderse. España es la puerta de Marruecos hacia Europa, del mismo modo que Marruecos es, para los españoles, la aldaba de arena con que se abre la cancela de todo un continente.

    Ya es significativo que, en la historia de la Democracia española, cuando cambia el Gobierno, la primera visita que hace su presidente es a Rabat, y no es una visita ni de pleitesía ni de cortesía, sino de verdadero afán por expresar quiénes son nuestros vecinos y cuáles son las claves de esa buena vecindad.

    Pero, en fin, dejemos esos asuntos para otras conversaciones  y otros foros, porque estoy en Rabat” para hablar de pueblo a pueblo, y no de tal o cual debate político, de tal o cual encuentro o desencuentro.

    Marruecos es el lugar privilegiado en que se funden el Islam y el Occidente, África y el mundo mediterráneo, el mar de Homero y el océano de Cristóbal Colón. De Marruecos tenemos mucho que aprender todos los habitantes del mundo: su respeto por las tradiciones,  su  actitud cosmopolita, su apego a las raíces milenarias de las palmeras, su prodigiosa capacidad para hacer del desierto un vergel, y de las dunas un mar de arena animado y profundo.

    Pero lo cierto es que en Marruecos nos sentimos como en casa: por la cortesía, por la hospitalidad, por el afecto. No eludiremos los asuntos candentes en las relaciones bilaterales pero, por encima de todo, hemos venido a Rabat a tender una mano y a responderle con palabras a esa mano que Marruecos nos tiende cada día. No creemos en “leyendas negras” ni en vecindades imposibles. Por el contrario, apostamos porque el siglo XXI sea el del buen entendimiento entre las sociedades cercanas o lejanas, globalmente, pero con un compromiso muy especial para los pueblos que, como Marruecos y España, ya son viejos cómplices  en la geografía, en la Historia, en las migraciones y en la memoria.
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