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Martínez Fraile: la mala pata de un político

Martínez Fraile: la mala pata de un político

Raimon Martínez Fraile es un ejemplo de político desafortunado. Su biografía es una muestra. Llegó al socialismo catalán de la mano del grupo más socialdemócrata y catalanista, el Reagrupament de Pallach. Allí era el militante de origen obrero e inmigrante, una 'rara avis'.

Con la unificación socialistas hizo carrera en el PSC de la mano de Pasqual Maragall, que lo llegó a ascender hasta teniente de alcalde de Barcelona. De allí salió de mala manera, se dijo que por discrepancias personales con su mentor. Era el año 1988.

Diez años más tarde, reapareció anunciando su candidatura para las primarias en las elecciones municipales que consagraron a Clos. Finalmente, al ver la reacción del aparato, Martínez Fraile desistió y entró de nuevo en el ostracismo.

En 2004 Montilla, entonces ministro de Industria, le nombró secretario general de Turismo. De ahí saltó porque, recuérdese, el Ministerio de Industria pasó a manos de Clos y éste tiene también memoria larga. Montilla volvió a echar un cable a Martínez Fraile y le nombró delegado de la Generalitat en Madrid.

La vieja rencilla con Maragall afloró el lunes pasado. Interrogado por Radio 4, no pudo evitar que le saliese un comentario desafortunado sobre la salud física y mental de Maragall como fruto de las duras declaraciones de éste a propósito del Estatuto y de Rodríguez Zapatero.

Montilla pidió primero a Martínez Fraile que rectificase, cosa que hizo. Pero las cosas no podían quedar simplemente ahí. Si Martínez Fraile no dimitía, este hecho se hubiese interpretado como una defección en la obligación del presidente de la Generalitat de mantener el prestigio de la figura de su antecesor y de la institución: le hubiese, pues, explotado en la cara. Así que la noche del lunes Montilla y Martínez Fraile pactaron la dimisión.

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