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Extraordinaria, imaginativa y más que recomendable representación

El rey que rabió, zarzuela y montaje a lo grande

El rey que rabió, zarzuela y montaje a lo grande

Dinero público magníficamente aprovechado. El del Teatro de la Zarzuela, digo/escribo. Porque con ‘El rey que rabió’ continúa, incluso mejorando su ya altísimo nivel anterior, y agranda su brillantísima hoja de servicios al género lírico en particular y a la cultura en general.
La más que imaginativa y más que preñada de talento representación de esta obra de Ruperto Chapí es todo un acierto global para el disfrute no sólo de los aficionados, sino  de cualquier persona con sensibilidad. Porque, cual ha comentado el director del Teatro, Luis Olmos, que ha ‘descendido’ del sillón al trabajo artístico para dirigir también la representación: “Nos hemos puesto a soñar y la obra ha ganado en seducción y vistosidad”.

A veces los sueños, además de serlo, también bajan desde el espacio virtual utópico y se hacen realidad. La decisión de representar la obra en una pista de circo -también con remedos de 'Alicia en el país de las maravillas'-, con los protagonistas cual ‘clowns’, además de su enorme fuerza visual para todo tipo de públicos, añade un simbolismo, unas metáforas sobre el poder y los hombres que son mucho más profundas y reflexivas que lo que superficialmente parecen.

Un circo, por otra parte, magnífico, con  variadísimos artistas, del Circo Carampa y de la Escuela Municipal de Circo de Alcorcón, que con sus saltos, piruetas, funambulismos y movimientos continuos todavía engrandecen más el devenir de la obra. Como ocurre con la genial coreografía de Michelle Mann y el no menos el genial vestuario de Pepe Corzo, perfectamente secundado por atrezzo e iluminación.

Como es lógico, al tratarse de una zarzuela, todo lo anterior quedará en una especie de juegos florales, en una forma sin fondo, si fallase lo esencial: música, cantantes y actores. Pero ellos también lo bordan; ellos también se ganan un sobresaliente ‘cum laude’.

Tanto los tenores que dan vida al rey, Julio Morales y Jorge de León, como las sopranos que encarnan a su novia Rosa: Susana Cordón y Elena Bayón. Destacando del resto otro tenor, Emilio Sánchez, como Jeremías, y sobre todo el barítono Luis Álvarez –en el papel del General-, que además de aprovechar a la perfección su técnica vocal, también lo desarrolla con esa especial vis cómica con la que ha nacido.

Piropos 'europeos'

A ellos se suma el espléndido coro, el ballet y la orquesta, cuya versatilidad, finura y rotunda sonoridad bajo las batutas de Miguel Ortega y José Miguel Pérez Sierra, saca todo el partido a esta fantástica partitura de claras influencias wagnerianas y ‘offenbachianas’ (y permítasenos el ‘palabro’).

El espectáculo es tan redondo y recomendable que no me resisto a comentar una más que significativa anécdota. En una de mis asistencias coincidí casualmente junto a mi butaca con el intelectual belga Robert Pourvoyeur, director general honorario del Consejo de Ministros de la UE y uno de los mayores críticos y entendidos europeos en música clásica y óperas, al que yo no conocía.

Pero él, que disfrutaba a tope ‘metido’ en la obra, tarareaba y se contorneaba al ritmo de la música, empezó a dirigirse a mí: “Es la cuarta vez que vengo, porque hacía años que no disfrutaba tanto con una representación musical tan perfecta en todo”.

No hizo falta que yo intentara agradecérselo, porque de inmediato soltó: “Oh, el género de la zarzuela es magnífico. No tengan ustedes los españoles ningún complejo de inferioridad: ¡Viva España!”. Anécdotas así, al margen, este espectáculo no va a hacer rabiar a nadie; al revés, divertirá a todos: es justo, necesario y casi obligatorio verlo. Amén.
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