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El Vaticano no llora por Saramago

El Vaticano no llora por Saramago

'L'Osservatore Romano' ha arremetido contra José Saramago antes de las 24 horas de su muerte, definiéndole como un "populista extremista" de “ideología antirreligiosa” y “anclado en el marxismo”. Los papas Juan XXIII o Pablo VI jamás hubieran dicho esto de uno de los intelectuales más comprometidos del mundo con los débiles, los explotados y los pobres de la tierra. El papa Juan Pablo I (pontífice 33 días) escribía semanalmente cartas llenas de amor y ternura con los seres más heterodoxos de la Historia. Pero el Vaticano de hoy, este Vaticano de poder y pederastia, ya no soporta a los que piensan. Sólo se identifica con los que obedecen, sumisos, su tiranía moral y su paternalismo del miedo.

El diario oficial del estado pontificio escribe hoy un repugnante obituario bajo el título “La omnipotencia (presunta) del narrador”, que firma Claudio Toscani, donde se pretende repasar la vida del único Premio Nóbel portugués de Literatura, (1998), que centró muchas de sus novelas y no pocos artículos en temas claves del catolicismo, vistos con los ojos de un intelectual crítico, al mismo tiempo que comprometido con los problemas de nuestra época, en la que la Iglesia ha tenido un papel en muchísimos aspectos lamentable ante los propios creyentes. Saramago no lo era, pero el autor del “Ensayo sobre la ceguera” no era un hombre precisamente ciego.

Decir, como hace L´Osservatore Romano, que Saramago fue “un intelectual de ninguna admisión metafísica, anclado hasta el final en una proterva confianza en el materialismo histórico, alias marxismo” (¡) provoca la risa del menos informado y la vergüenza de quienes conocen la filosofía marxista. El Vaticano siempre ha visto el marxismo como un diablo con cuernos, pero jamás con una visión mínimamente intelectual y ni siquiera crítica. Con la excepción del Papa Pablo VI, que se acercó, al menos, a las lindes de ese pensamiento e impulsó un diálogo con el marxismo desde el Concilio Vaticano II. Con la llegada al Vaticano de Karol Wojtyla, el marxismo, para la Iglesia, volvió a ser lo que era:”¡Vade retro, Satanás!”.

Utilizando de forma rastrera la parábola del grano y la cizaña, el diario vaticano acusa al mundialmente admirado, como hombre y como literato comprometido con su tiempo, escritor portugués de “olvidar el Gulag, las purgas o los genocidios, mientras le quitaban el sueño el sólo pensamiento de las Cruzadas o de la Inquisición”. Que pregunten a Pío XII, si ello fuera aún posible, si le quitaba el sueño Hítler, con el que pactó un lindo Concordato. O si le quitó el sueño a Juan Pablo II su abrazo a Pinochet y su rapapolvo a Ernesto Cardenal. ¡Qué pronto reacciona el Vaticano ante unas cosas, y qué mudo o tardo se muestra para otras! Pero si un escritor que ha demostrado conocer muy bien la Biblia y el Evangelio enfrenta al Jesús histórico con la Iglesia de los mitos, el poder, la riqueza o la amenaza del fuego eterno, se convierte ipso facto en un réprobo.

Para el diario Vaticano, “El evangelio según Jesucristo” es una novela “irreverente”, y “un desafío a la memoria del Cristianismo”. ¿Irreverente?  ¿Un desafío a la memoria cristiana? ¡Irreverentes son la veintena de obispos y cardenales ya declarados pederastas, los cientos o miles de curas acusados y condenados como pedófilos, los fundadores de órdenes religiosas modernas y poderosísimas en dinero utilizado no siempre en favor de los más pobres, y maestros en influencias vaticanas, que han sido el brazo derecho y el izquierdo de un Papa ferozmente  “anticomunista”! ¡Esto sí que es un desafío a la memoria del Cristianismo! El comunismo de Saramago sacaba de quicio a los meapilas que se escandalizan de Carlos Marx, sin conocerlo, pero no fruncen ni un músculo cuando se topan con la miseria que cada día se cruza ante sus ojos. Esto es lo que no soportaba Saramago, y por eso escribía sobre la conducta de los que presumen de tener la exclusiva del Jesús del Evangelio. Cuando el rotativo vaticano habla del “materialismo libertario” de Saramago… ¿se refiere a esto? Ah, ya, es que el pobre Saramago “nunca se dejó abandonar por la incómoda simplicidad teológica!  Es lo que suele pasarles a los “populistas extremistas”, calificativo con el que que L´Osservatore obsequia también al difunto escritor, reconociendo a continuación (¡qué paradoja!) que “se había hecho cargo del por qué del Mal en el mundo”. Lo que parece molestar a los profesionales del Bien.

Para finalizar su exacerbada diatriba contra el Nóbel afincado en España desde hace 20 años, el diario vaticano, incluso, pretende apoderarse de las ideas que Saramago tenía sobre Dios, como si ello fuera también exclusiva de los renacentistas cardenales de la Curia: “Saramago no debería haber inculpado a un Dios en el que nunca había creído”: El firmante del panfleto vaticano debe ser de los que piensan que a Dios sólo puede tocarlo un cura, un cardenal o un Papa. ¡Pobres de los creyentes si no pudieran imaginar a Dios más que como exige la Santa Madre Iglesia!  En una cosa se puede estar de acuerdo con el rotativo romano: en que Saramago “desestabiliza, haciendo banal lo sagrado”. A todas luces, esto siempre será mejor que lo contrario.
Hubo una época en el siglo XX en que se hablaba mucho del “silencio de Dios”. Si Dios hablara, es “casi seguro” que no hubiera dicho de Saramago lo que  un tal Claudio Toscani  acaba de escribir en el diario del Vaticano sobre uno de los hombres más nobles, honestos, y buenos de nuestra mediocre época.


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