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Belén López comparte desde hoy su experiencia

‘Mi cáncer de mama y yo’: diagnóstico y primeras experiencias

Tengo cáncer de mama. Me lo diagnosticaron hace 3 meses con 42 años y fue una bomba emocional en toda regla. De hecho, es pasado este tiempo cuando siento que soy capaz de empezar a recoger de aquí y de allá los trocitos de estructura de vida que la onda expansiva ha despamarramado por los aires.
Cuándo mi amiga Gema Lendoiro me propuso compartir mi experiencia aquí, dudé que estuviera preparada, que fuera el momento, pero muy pronto decidí que no sólo sería algo bueno para mí, sino que además podría hacer que otra gente conociera mi realidad. No pretendo diagnosticar ni aconsejar. No estoy capacitada para lo primero y me gusta poco lo segundo, únicamente contar cómo lo voy viviendo yo para que conozcáis otro aspecto de este prisma de mil caras llamado cáncer, y me contéis, siempre que queráis, cómo va lo vuestro. Muchas gracias por la atención y la oportunidad que se me ha dado en este foro para recibirla.

Yo me las prometía muy felices cuando después de doce años trabajando en un avión muchas horas al día y sintiendo que mi encefalograma se quedaba por momentos extraplano, decidí que quería comenzar otra vida en La Coruña, lugar donde nací y está mi gente y retomar un tiempo mi otra profesión de Trabajadora Social. Lo tenía claro: quería intervenir con mujeres que por el simple hecho de serlo necesitaban un apoyo extra en un momento dado. Tuve la suerte de rodearme de unas grandes compañeras y comenzamos con nuestra asociación tras acordar con Iberia que volvería en dos años a sus filas. No puedo evitar enviaros el enlace www.cosopga.org, por si queréis más información de nuestra asociación.

Un bultito en el pecho

Pero a veces el destino te cambia el guión y poco tiempo después de encontrarme ante mi nuevo y apetecible proyecto de vida, me noté un bultito en la zona superior de mi pecho izquierdo. Como buena cobarde esperé a que desapareciera durante 4 meses. Me fui a Madrid, volví, me comí mucho el coco al ver que crecía, me armé de valor y sin decírselo más que a tres amigas a las que creo que confesé para no volverme atrás, me fui a ver a la médico de cabecera. Yo me empecé a creer la reina de las paranoicas, pero no, realmente fueron caras de preocupación lo que vi en ella, en el auxiliar que me hizo la mamografía, en el hablador radiólogo que me realizó la eco y me sacó la muestra y, 10 días más tarde, en el cirujano empático y adorable que me dijo textualmente ante mi cara de estupor: “Belén, el tumor bueno no es”.

Lloré mucho, a pesar de lo tímida que soy para expresar sentimientos en público, repetía una y mil veces que se me había destrozado la vida y cuando acabé con mi perorata tenía a mis dos amigas al lado cargadas de “volantes” para hacerme mil pruebas pero yo no me enteraba de nada y seguía preguntándome a mí misma que: ¿por qué yo?

Mi primera preocupación inmediata estaba clarísima, cómo transmitirlo a mi madre, no dices nada en casa antes para no preocupar (pues no va a ser maligno), y no sé si será peor pues aunque apoyadísima estaba en aquel momento por mis niñas: Sonia, Covi, Eli y Cris, ahora creo que mi madre y hermana hubieran estado más preparadas para recibir el notición de haber tenido un conocimiento previo. Pero ellas fueron fuertes y tras el sustazo inicial me hicieron el día más llevadero con su “nena, podremos con ese inquilino fastidioso de 2,5 cm, que además, como bien ha dicho el cirujano, no te va a matar, sólo a fastidiar unos meses”.

Primeras pruebas

Antes de una semana comenzaron las pruebas preoperatorias para extraer mi Ganglio Centinela. Está en la axila y es quién indica si tu sistema linfático está afectado y hay probabilidades de metástasis. Al principio acudir a las pruebas (aunque indoloras y físicamente poco molestas en general, tacs, resonancias, electros, etc) era horrible pero Cris me luchó las citas organizadas por horas y lugar de forma muy inteligente y eso me ayudó lo indecible a que todo fuera más fácil, no sé que habría hecho sin ella. Yo no estaba capacitada para centrarme en nada, mucho menos en nombres raros, horarios y lugares y con mis inseparables Sonia y hermana, tú le pierdes ya el miedo a agujas, cables y extrañas estructuras sintiéndote como “Pepita por el cielo”, y digo esto pues desde que entras en la Unidad de Cirugía Mamaria del Hospital Abente Lago de A Coruña, te encuentras con querubines y angelitas que te dan ganas de besar cada vez que se dirigen a ti con tanto cariño: - “oye, te tengo que poner un contraste en vena y a lo mejor tienes molestias leves”, escena recreada de una eco-abdominal, creo que la 8ª prueba a la que acudí, y tú: .-”nada, mujer, no te preocupes, tu pon...pon”. Yo ya insistía en ir sola pero mis “super women” a la zaga siempre.

El 4 de junio me toco la extracción del famoso Ganglio, llevé muy mal todo el “pre”. Muy nerviosa y con muchísimo miedo y eso que es una intervención ambulatoria aunque con anestesia total. Cuando estaba en la camilla de la sala de preoperatorio, las angelitas de allí me doparon un poco ante mi estado de nervios, entonces llegó el cirujano para preguntarme cómo estaba y le contesté con un sincerísimo: - ¡fatal!

Entré muy rápido a quirófano. Era mi primera vez y tengo los vagos recuerdos de mucha gente enmascarillada y en silencio. Llegó un chico joven, el anestesista, se presentó, me dijo que cuanto pesaba y medía. Creo que me lo inventé pero no debí de fallar mucho pues mientras el cirujano me decía otra de sus frases de cariño me quedé K.O. Al cabo de media horita me despertaron ellos mismos, ya por el pasillo, con una sonrisa y diciendo: -”Belén, Belén, todo ha salido muy bien”, yo recuerdo que repetía: -”ayyyy...que estaba soñando”, pero ¿quién no se despierta a gustito con tan buenas formas?

Mamá, mi hermana y Sonia recibieron rápidamente la noticia de que mis ganglios estaban muy bien y su larga espera se hizo mucho más feliz,. Me soltaron unas 6 horas después de mi entrada aunque yo estaba más fresca que una lechuga dos horas antes. Me sentó genial la anestesia pero, como decía aquel sabio anuncio antidroga, “todo lo que sube, baja”, y me dio un importante resacón de dolor de cabeza y mal genio a las 48 horas que duró otro tanto. He descubierto que soy la “chica 48 horas” pues, aunque conocía mi condición lenta para muchas cosas en la vida, no sabía que esa costumbre la había adoptado también la química en mi cuerpo y refleja siempre su “síndrome de abstinencia” cuándo ya no lo esperas.

Estoy convencida de que al final de mi tratamiento, cuando tenga que volver a quirófano a quitarme el bultito que quede, será mucho más llevadero, era todo muy nuevo y si me pongo a evaluar, fue mucho más rollo la cicatrización de la incisión resultante pues la axila es una zona de movilidad complicada y, como decidieron no ponerme drenaje, tenía que ir día sí y día no a que me hicieran la cura y me extrajeran el líquido que se iba allí acumulando.

Primera cita con la oncóloga

El día 9 de junio ya tuve la primera cita con la Oncóloga. Me comunicó mi tratamiento: 8 sesiones de quimioterapia cada 3 semanas antes de la operación. Me solicitó alguna pruebecita más y me dio un folleto con los “posibles efectos secundarios” Me preguntó cuándo quería comenzar y decidí que el día 19 para poder organizar con más calma una fiesta de recogida de fondos de la asociación y, de paso, irme de despedida al Sonar que sería el fin de semana siguiente en La Coruña y fue la mejor idea, el mejor festival y la mejor compañía.

El día 21 me tenían allí como un clavo y bien recuperada, me vio otra vez la oncóloga para recetarme el tratamiento, me fui a la puerta contigua que es el “Hospital de Día” y me dieron mi primer jarabito de Arce, o casi mejor dicho, mi primer “suero de la verdad” pues completo el extenso folleto diciendo que entre los posible efectos secundarios se encuentra el que le cantes las cuarenta a todo aquel ente que consideres oportuno, normalmente con razón. Pero suelo gestionar mejor los inconvenientes de la vida en otro estado...mala suerte.

A mí me llegaron los comienzos de ciertas indicaciones del susodicho folleto, como no, en 48 horas, primero como un estado gripal leve que acabó esa misma noche en un horrible dolor muscular, de cabeza y hasta de uñas. Me levanté esperando que dieran las 8 de la mañana, hora de llegada de mi habitual salvadora de momentos difíciles, Carmen, la enfermera de la Unidad de Mama, y me recomendara qué tomar para calmar mis males. Reconozco que había tenido una información muy difusa de lo que me podía pasar, siempre escuchas la frase: “cada persona es un mundo, quizá tendrás dolor, vómitos o nada de eso”. Pues mi mundo fue bastante patético-doloroso durante 3 días en la cama tomando Nolotil a discreción, sudando, durmiendo y viendo series divertidas en las web de las cadenas televisivas o en “Series Yonkis”. Me enganché una vez más a Friends, Monthy Python, Dos metros bajo tierra o La que se avecina pues enloquezco con Antonia San Juan y su papel en la serie, gracias Estela Reynolds por haber hecho mucho más leve mi malestar, sólo me fastidiaba un poco pensar en su productor, José Luis Moreno, para quien trabajé hace mil años y aunque le agradezco la divertidísima experiencia, no fue él el culpable pues era un mal pagador y además le sobraba prepotencia.

Primera quimio

Los efectos secundarios de la primera quimio no se han vuelto a repetir ni en la segunda ni en la tercera, espero que tampoco tras esta cuarta. Ahora siento mucho cansancio que va desapareciendo gradualmente a los cinco o seis días y algún pinchacito en las piernas que resuelvo bastante bien con una mezcla de Aloe Vera puro y aceite de almendras.

Eso sí, no me libro de la sed, la sequedad de ojos, piel, vías respiratorias y un cierto sabor metálico unos días después del ciclo de “quimio” pero con beber mucho, hidratarte, y un colirio lo soluciono perfectamente. Esto es algo que ya me pide el cuerpo durante todo el tratamiento. También tengo algo de insomnio las noches siguientes debido a la cortisona que para, precisamente paliar los efectos molestos te dan el día de antes, el de los hechos y el siguiente, lo cierto es no es raro que me encuentre a las 4 de la mañana hiperactiva, mocho en mano, dejando la casa impoluta. Lo que pasa que luego estás bastante cansadilla, claro.

El pelo sí, se me cayó a las tres semanas justas del primer ciclo. Ayer hablaba con mi hermana, que cuando recibes un shock así, tu mente pone barreras para no hacerte de entrada las preguntas que te da más miedo abordar y mis preocupaciones no se centraban tanto en los resultados de pruebas básicas como el ganglio Centinela, sino, una vez que supe que yo estaba viéndole la cara más amable al cáncer, me daba algo cada vez que pensaba que me quedaría sin mi melena rubia de “Miss Venezuela”. El día que me dieron la noticia, decidí perderle respeto al pelo y en casa, yo misma, me di un buen corte por debajo del hombro. Te aturde un poco la gente diciéndote que debes cortarte el pelo al cero para que luego no te impresione mucho teñirte las cejas. Me horrorizaban ambas ideas por lo que fui yo misma experimentando con mi melena hasta que me quedé con un pelito tipo Amelie con su flequillo estilo rusa, de esos que siempre quise y nunca me atreví a pedir a la peluquera. Todo el mundo decía que me quedaba estupendo pero es que la gente es maravillosa. En la primera cena con mis amigazas de la infancia, (quedamos por ley un jueves de cada mes para cenar desde hace muchos años), me saqué mi peluca y me dijeron que estaba preciosa también sin ella, cosa que se agradece siempre.

En concreto, que yo decidí no cortarme el pelo al “cero” y creo que acerté. Una tarde comenzaron a caer mechones y mechones y al tercer día ya me lo rapé. Me iba a ayudar una amiga peluquera pero me puse yo solita con tijeras y maquinilla, que siempre he sido muy autodidacta, y no me supuso más que una “tarde Lexatín”, que a veces ayuda. Luego es raro ducharte y no lavarte el pelo, pero poquito a poco te vas haciendo y ahora ya sé que en cuanto me crezca 3 ó 4 cm, calculo que en unos 7 meses me pongo unas extensiones y problema solucionado, que para eso sigo yo los alargamientos repentinos de pelo de Britney Spears o la estupendísima Sylvie VanderVart, si es que ¡viva la Queratina! En los momentos actuales tengo dos pelucas estupendas con las que mis vecinos están totalmente desconcertados, hoy sale rubia, hoy sale morena. Existen otras muy buenas ideas como el cariñosamente llamado por mí “Fray Junípero” que consiste en una diadema con melena y flequillo muy adecuado para ponerse con gorros o pañuelos.

Las cejas y pestañas siguen en su lugar muy apañadas y, de momento, tengo una uña algo negra por la raíz pero me ha dicho la oncóloga que es probable que no me caiga ninguna, lo iremos viendo.

Con respecto al sol, me asustaron mucho con los consejos de que no lo tomara y llevara siempre protección máxima, pueden salir manchas y quemaduras pues la piel está mucho más sensible, pero yo, tras haber ido probando cuidadosamente me pongo protección 15 y tomo el sol media horita en la terraza, en las horas de sol “light” y, además de recibir esa vitamina B tan necesaria, tengo un colorcito más sano. Para bajar a la playa, aunque paseo y no me quedo mucho rato, me pongo protección 30 y sin problemas de momento.

¡Vaya!, he escrito un montón sin darme cuenta, seguiré en breve que tampoco quiero que dejéis de leerme por “plasta”, un saludo. Belén
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  • ‘Mi cáncer de mama y yo’: diagnóstico y primeras experiencias

    Últimos comentarios de los lectores (1)

    48381 | Fani - 19/04/2018 @ 19:59:11 (GMT+1)
    Hola ,hoy creo q es uno d los peores días de mi vida, tengo 31 años y me acaban d decir que tengo un cáncer de mama, no sé muy bien como me siento, creo q desconcertada y desolada, me han visto en el abenté y lago de la Coruña y por eso tu post me ha llamado tanto la atención.no sé qué hacer.....

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