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El alto precio de 2 votos

El alto precio de 2 votos

El acuerdo alcanzado por el presidente de Canarias, Paulino Rivero, con el presidente del Gobierno del Estado, Rodríguez Zapatero, supone que, a cambio de los dos valiosos votos de CC en el Congreso de los Diputados, a la hora de aprobar los Presupuestos Generales para 2011, el Archipiélago obtiene, además de una interesante perspectiva de inversiones, el pleno control de las aguas interiores entre las siete Islas, lo que constituye una vieja y comprensible reivindicación, aunque las opiniones de los expertos en Derecho Internacional son variadas e incluso contradictorias al respecto, pues los hay que opinan que ese control supone, en cierto modo, el reconocimiento de una Soberanía del Archipiélago, que iría más allá del ámbito autonómico y sería por tanto difícilmente compatible con la Constitución. En todo caso, sobran en España grandes expertos jurídicos que ya nos ilustrarán al respecto.

De momento, lo concreto es que Rodríguez Zapatero se asegura con el acuerdo los dos votos de CC, que unidos a los ya acordados del PNV suponen, en términos matemáticos, que los Presupuestos Generales para 2011 pueden darse por aprobados y con ello aventado el riesgo de unas elecciones anticipadas que los actuales dirigentes del PSOE no quieren de ninguna manera, ante la evidencia, en todas las encuestas, de que las perderían. Así que Paulino Rivero acaba de conceder a Rodríguez Zapatero al menos un año de prórroga en La Moncloa y es muy probable que los subyacentes del importante acuerdo incluyan la ruptura en breve del actual pacto de Gobierno CC-PP en Canarias y el retorno a un nuevo pacto CC-PSC, pero ciertamente con la presidencia en manos de CC, esto es, de Paulino Rivero.

Habrá que esperar a las reacciones del líder popular canario, José Manuel Soria, para ver hasta donde llegan los cambios del modelo de gobierno del Archipiélago, pero los acuerdos son muy claros y en Canarias parece inevitable, en breve plazo, la salida del PP hacia el incómodo espacio de la oposición. Lo cierto es que esto se veía venir y que las crecientes dificultades de relación personal entre el presidente nacionalista Paulino Rivero, intervencionista en la economía, y el vicepresidente José Manuel Soria, un brillante economista, procedente del equipo económico de Carlos Solchaga y afincado en el ala liberal del PP eran, en las Islas, mucho más que un secreto a voces y desde luego fuente de todo tipo de comentarios y polémicas.

Se inicia pues en Canarias, con toda probabilidad, un período de fuerte inestabilidad y movimientos políticos de fondo, no sólo entre los tres partidos del Archipiélago, sino con la muy probable explosión de entusiasmo que suscitará, en el independentismo canario que lidera un empresario periodístico tinerfeño, el reconocimiento de la soberanía sobre las aguas entre las Islas, que se tomará, sin la menor duda, como el primer éxito logrado por un movimiento soberanista que no oculta, sino que expresamente proclama su decidida orientación hacia la independencia y su aversión hacia España. Es probable que, al precio de dos votos que necesitaba para su permanencia en La Moncloa, Rodríguez Zapatero haya abierto un frente muy delicado y de imprevisibles perspectivas, pero ésta es otra cuestión y habrá que dar tiempo al tiempo para ver lo que sucede.


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