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Sumatoria

Sumatoria

El Estado argentino gasta más de lo que recauda desde hace ya unos cuantos años.
La prueba “casera” de ello, sin necesidad de realizar un análisis profundo de la contabilidad pública, es que se ha debido recurrir, para evitar colocar mayor deuda a tasas exorbitantes o, directamente, la quiebra, a “recursos extraordinarios”, expropiando, primero, los fondos ahorrados por los trabajadores en sus cuentas de capitalización, convirtiendo un ahorro en un impuesto. Y utilizando, luego, a las reservas del Banco Central y  la emisión, para pagar vencimientos de deuda externa en dólares y gasto público en pesos, respectivamente.

En ese sentido, la Presidenta tiene razón cuando afirma que, sin reasignación de partidas, incrementar el gasto para elevar la jubilación mínima implica agravar un problema que ya es grave.

Por supuesto, lo que no dice la Presidenta es que el problema es grave porque su gobierno y el de su marido se encargaron de hacer crecer el gasto nominal a un ritmo cercano al 30% anual promedio, con picos superiores al 35%, en un contexto en que, salvo para el año 2009, el sector privado crecía fuertemente y era innecesario y redundante el “estímulo fiscal” público.

Tampoco dice que si el Estado no “quebró” durante su irresponsable manejo fiscal, fue porque se llevó la presión tributaria efectiva a un nivel récord, además de algunas maniobras para diferir o reducir artificialmente  pagos, más los artilugios arribsa comentados.

Tampoco dice la Presidenta que una parte del aumento del gasto se destinó y se destina a subsidiar demandas de clase media y clase alta, a expensas de un mayor costo de dichos servicios para los sectores más pobres de la población o negándole directamente, a esa población,  el acceso a los mismos (el gas domiciliario, la electricidad, o la educación superior, son algunos evidentes ejemplos).

 Es decir que dicho aumento del gasto, ni siquiera se justifica en un intento por mejorar la distribución del ingreso, dado que, en el “neto”, el gasto público es regresivo.

En el caso específico de las jubilaciones, la Presidenta tampoco dice que el incremento del número de jubilados en estos años no se concentró en los sectores de menores recursos, puesto que una proporción importante de los favorecidos por la “moratoria”, (votada por muchos de los legisladores que hoy dicen que no hay plata, y por muchos que hoy dicen que sobra) pertenecen, también ellos, a sectores medios y altos que no necesitan dicha jubilación.

O que la expropiación de los fondos de capitalización, (siempre con la complicidad de muchos)  implicó un fenomenal aumento de la deuda previsional futura, mientras que la renta de los “activos” contra esa deuda, se destinan a pagar las jubilaciones presentes y otros gastos.

O que una parte de la ley vetada, corresponde a reconocer un fallo judicial de la Corte Suprema de Justicia, por la mala liquidación de los haberes jubilatorios más altos, en los años de su gestión y la de su antecesor.

 En otras palabras el veto, en este punto, mínimo unos  10000 millones de pesos, no hace más que postergar pagos que, de todas maneras habrá que hacer en el futuro.

En síntesis, hasta aquí, si el Estado está al borde de la quiebra, por el eventual  ajuste de las jubilaciones mínimas y por el  reconocimiento del atraso en el resto de las jubilaciones, es porque la administración Kirchner, en sentido amplio, se comportó, en materia fiscal, de manera irresponsable y regresiva, además de ineficiente y poco transparente (para decir lo menos).

Ahora bien, la suma de errores casi nunca da un acierto. Sumarle a la irresponsabilidad presupuestaria oficial, la irresponsabilidad de la oposición en materia fiscal no ayuda.

Tienen razón los opositores cuando dicen que “la plata está”. Pero eso es  “hoy” y siempre y cuando se reasignen partidas presupuestarias y no se considere como fuente de ingresos al Banco Central.

Pero el gasto previsional no es por única vez, es un flujo que hay que hacer sustentable, de manera que la plata tiene que estar hoy, y tiene que estar mañana, y la reasignación de partidas tiene que ser permanente y no transitoria.

Es ese debate el que no tuvimos, y no tendremos en el Congreso. Es ese debate el que la sociedad argentina se debe.

Sin una conclusión responsable y sustentable de esa discusión, seguiremos viviendo “al borde de la quiebra permanente” o lo que es lo mismo, necesitando golpes devaluatorios e inflacionarios cada tanto, para licuar por izquierda, lo que no podemos pagar por derecha

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