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Los aldabonazos de Zapatero

Los aldabonazos de Zapatero

Zapatero no deja de sorprender. Cuando todos esperaban sólo el cambio obligado de la cartera de Trabajo y hacían cábalas con el nombre del sucesor del ministro Corbacho, el presidente del Gobierno, una vez más, deja con el pié cambiado a amigos y enemigos, políticos, politólogos, periodistas, futurólogos y hasta videntes, sorprendiéndoles de verdad con una profunda remodelación del Gobierno.

Esta ha sido la semana de Zapatero, su resurgimiento de las cenizas como una renovada Ave Fénix. Por un lado logra la aprobación de los Presupuestos, llegando a acuerdos con los nacionalistas vascos y canarios (primer aldabonazo frente a quienes presentían y anhelaban una anticipada convocatoria electoral), y por otro lado, anticipándose a los que posponían la remodelación para después de las elecciones catalanas, y aprovechando el "input" y la tranquilidad que le ofrecía esa aprobación del Presupuesto, da este segundo e inteligente aldabonazo.

Ciertamente todo el mundo, y fundamentalmente desde dentro de su propio partido, le demandaban un golpe de timón; pero nadie confiaba en que éste se llevara a cabo con tal grado de sorpresa y, sobre todo, de contundencia. Es difícil hilar más fino. Con el cambio, no sólo sustituye a personas, sino que rompe con la idea asentada de su presidencialismo. Ya no es Zapatero y una serie de secretarios de despacho a su servicio; es un Gobierno de una enorme envergadura política.

Un Gobierno en el que Rubalcaba se convierte no sólo en el evidente número dos, sino que se acomoda en línea de salida de una posible estrategia sucesoria. Un Gobierno que, si se consolida el fin de ETA -y todo parece ir en esa dirección- tendrá en primera fila a dos de las personas que mejor conocen el entramado antiterrorista vasco y con mayor eficacia podrían dirigir su final: el propio Rubalcaba y el inteligente y eficacísimo Ramón Jáuregui.

Un Gobierno con una revitalizada ala izquierda que, de la mano del sindicalista Valeriano Gómez y la ex alcaldesa de Córdoba -antigua militante de Izquierda Unida-, facilitarán sin duda el tendido de puentes y la recuperación de un maltrecho diálogo social. Un Gobierno que, atendiendo el requerimiento de muchos, y sobre todo al de la crisis económica, reduce ministerios pero sin mermar contenidos.

A partir de hoy, el Partido Popular va a tener que revisar sus estrategias, porque el aldabonazo de Zapatero les ha dejado sin discurso y sin diana.

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