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Mamá, quiero ser alcalde

Pues sí, mamá, quiero ser alcalde. He descubierto mi vocación municipal. He visto ejemplos señeros de alcaldes que, contra viento y marea, hoy saldrán reelegidos por sus convecinos. Son esos esforzados ediles que no aparecen en los grandes titulares de los periódicos de tirada nacional, que tampoco salen en las televisiones, pero que son la médula y la sustancia de esos pequeños municipios, algo así como la letra menuda del cartapacio municipal de su partido.

Sí, mi querida y anciana madre, el desastre de tu hijo, por fin, sienta la cabeza y quiere ser alcalde. Un alcalde sin complejos como Joaquín González (dieciséis años en el cargo, en O Saviñao, provincia de Lugo). No le han hecho falta carteles durante la campaña. Que un vecino hace campaña por el PSOE, pues nada, se le paraliza una obra, con todos los papeles municipales en regla. Para que aprenda a no incordiar.

Aunque también me gustaría ser un alcalde como Javier López (Los Santos de la Humosa, Madrid), empeñado en modernizar su municipio del Corredor del Henares. Nada de casas antiguas, de las unifamiliares de pueblo. Se expropian –especialmente si pertenecen a votantes socialistas y demás istas de izquierdas—y se les da el chollo a los promotores dispuestos a construir pisos. Y, de paso, se recalifican los terrenos rústicos de los adictos a la causa. O sea, que este Javierito tiene una gran vocación social y de progreso. Porque para él, el progreso bien entendido comienza por uno mismo.

Y el tercer modelo de alcalde, el tercer espejo en el que mirarme, querida madre, es Francisco Martínez (Vall d’Alba, provincia de Castellón). Un hombre comprometido con sus vecinos de más edad. Un hombre que, aunque él modesto no lo diga, merece la gratitud de ancianos y ancianas que, gustosamente, le hacen donación de fincas rústicas, en justa recompensa por sus desvelos por prometerles plaza en una residencia geriátrica que aún está por construir.

Sí, miña naiciña, la suma de Joaquín, Javier y mi tocayo de Castellón, daría el alcalde perfecto. Sin complejos, con ansias de progreso y visión de futuro. Un alcalde que, sin duda alguna, se inscribe en la categoría de las personas decentes y sensatas que, ese señor educado de provincias que dice ser y sentirse Mariano Rajoy Brey, son parte de la sustancia medular del Partido Popular.. Además que votar por ellos, claro, es no llevar a Batasuna a las instituciones. Ellos son un ejemplo señero. Un espejo en el que mirarse los ediles presentes y futuros. Sin complejos, vara en mano y con un par. Con confianza en el futuro.

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