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Zapatero y la orquesta del Titanic

Zapatero y la orquesta del Titanic

Hasta el mitin del domingo por la mañana en Ponferrada José Luis Rodríguez Zapatero parecía el  director de la orquesta del Titanic, empeñado en ejecutar ensimismado la misma partitura mientras su barco se hundía. Incluso las soflamas al personal paisano podrían interpretarse como un arreglo de última hora en la melodía para que los músicos tuvieran alguna novedad al ejecutarla  y así pudieran asumir mejor su destino. Pero a lo que parece en aquel momento se iniciaba la maniobra más arriesgada del capitán del gobierno y el barco socialista. Por la tarde llegó al puente de mando, levantó el teléfono y empezó a dar las órdenes para iniciar una arriesgada maniobra que aún no sabemos si servirá para evitar el naufragio que le vaticinaba José María Barreda o simplemente para salvar a la tripulación y al pasaje antes de que el barco irremisiblemente de hunda. Ahí debió empezar la crisis porque, ¡qué diablos! ¿cómo se puede llamar remodelación a los cambios en un Gobierno que significan el  nombramiento de un nuevo y todopoderosos número dos, la salida de cinco ministros, incluido el responsable de Asuntos Exteriores, la llegada de otros cuatro, el cambio en las funciones de otros dos y la eliminación de dos departamentos? En solo unos días, justo tras el logro de los pactos con el PNV y Coalición Canaria, hemos pasado aparentemente de la tragedia que iba a llegar con el debate a cara de perro de los presupuestos generales del Estado al inicio del drama del llamado nuevo impulso político que puede dar muchos capítulos de trepidantes episodios y emociones fuertes.

El primero de ellos lo vivimos ayer con el descoloque monumental de Mariano Rajoy, quien invirtió casi la mitad del tiempo en el que ocupó la tribuna del Congreso de los Diputados en arremeter furibundo contra vascos y canarios por apuntalar a este Gobierno hasta el final de la Legislatura. A tanto ha llegado el rebote que desde la sede central en Génova se dió la orden de romper inmediatamente la coalición de Gobierno en Canarias. Portazo malhumorado en las islas aunque se vaya a intentar rentabilizar dentro de ocho meses en las elecciones autonómicas.

El capítulo dos de este serial, la crisis de Gobierno, se ha producido esta mañana y seguro que tendrá una audiencia de escándalo: mientras todos los analistas políticos esperábamos solo un nuevo protagonista, el ministro de trabajo, resulta que nos llenan la historia de un montón de nuevos y viejos personajes entrelazados. Zapatero ha trabajado como los guionistas más currantes de los seriales televisivos cuando tienen que alargar una nueva temporada a la historia de siempre: se eliminan algunos personajes, casualmente los que más cansaban a la audiencia; se incorporan otros nuevos, para que con las novedades el personal piense que asistiremos a nuevas e imaginativas aventuras, pero, sobre todo, lo que asegura shares de escándalo en prime time: se procede a cambiar de papel a los personajes de toda la vida, esos que siempre encandilaron a la audiencia, pongamos que hablo de Alfredo Pérez Rubalcaba.

En las entregas que quedan de este apasionante serial, “Zapatero, segunda temporada”, asistiremos a nuevas  y apasionantes intrigas en el Gobierno, relaciones de amor y de odio, éxitos y fracasos de los protas y entretenimiento a mansalva. Nos van a dar mucho de que hablar y sobre lo que escribir; se llenarán columnas de opinión y sudarán la gota gorda los tertulianos – que de algo hay que vivir, ¡oiga!- . Pero puede quedarse solo en eso, puro entretenimiento, aunque la historia esté más que agotada. Porque lo que aún  no está escrito es que la orquesta acabe por salvar el Titanic.
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