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Crisis de gobierno

Crisis de gobierno

    Si, en democracia y en circunstancias normales, un presidente de Gobierno es elegido para una legislatura que cura cuatro años, los ministros con los que forma su gabinete pueden ser sustituidos o cesados o pueden cambiar de cartera cuando el jefe lo decida. Esta facultad, que es obvia, y de la que ha hecho ayer uso el presidente Zapatero, se suele interpretar más en clave de personalismos que de cambios dirigidos a hacer las cosas mejor en una situación tan grave y tan seria como la que atraviesa España.

    Hace más de veinticuatro horas que los medios de comunicación son un foro de interpretaciones y rumores sobre lo que Rodríguez Zapatero pretende con esta crisis, que negó el pasado fin de semana en Ponferrada diciendo que sólo afectaría al relevo en la cartera de Trabajo. Ayer ya comentábamos que, si el presidente no quería anunciar la remodelación, mejor se hubiese callado: faltar a la verdad puede ser estratégico, pero hacerlo sin motivo acarrea un desgaste innecesario.

     Desde primera hora de ayer, hemos escuchado que el nuevo gabinete tiene un mayor perfil político. Y vaya usted a saber lo que es “un mayor perfil político”. También se ha dicho que se iniciaba el post-zapaterismo, prescindiendo de personas de su predilección, como  Teresa Fernández de la Vega, Moratinos, Elena Espinosa, Bibiana Aído o Beatriz Contador, pero manteniéndose el propio Zapatero como líder del post-zapaterismo, lo cuál ya es hilar muy fino. Se ha comentado también que el Gobierno daba un giro a la izquierda, después de una reforma laboral propia de la derecha, y después de haber pactado los Presupuestos Generales con el PNV y con Coalición Canaria, que no son precisamente partidos inspirados por Carlos Marx o por Fidel Castro… Se habla también de “adelgazar” la Administración, debido a la crisis económica, objetivo imposible con sólo haber “cambiado de corral” las competencias en Igualdad o en Vivienda. También se dice que, para el año y pico que queda de legislatura, se ha ascendido a capitán general a  Pérez Rubalcaba, pero sin decidir que pueda ser cabeza de cartel en las próximas elecciones, en el caso de que Zapatero, vistos los resultados de las elecciones catalanas y de las autonómicas y municipales del próximo mayo, arroje la toalla.

     Todo, en fin, son conjeturas y valoraciones y, como en el poema de Antonio Machado, la guitarra del mesón hoy suena a copla, mañana a petenera, según quien toque sus empolvadas cuerdas. Pero la peor de todas es esta impresión: la crisis se ha hecho más para que el gobierno de Zapatero pueda sobrevivir  en medio de tantas inclemencias, que para mejorar la situación. Y la situación, díganlo Agamenón o su porquero, es cada día más grave para muchos millones de españoles.



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